20 de junio: cincuenta años de exilio, cincuenta años de dignidad saharaui

En el Día Mundial de las Personas Refugiadas, publicamos este texto de Bachir Lehdad, que resume con claridad una realidad demasiado a menudo olvidada: la del pueblo saharaui, obligado a vivir desde hace medio siglo en el exilio mientras continúa pendiente el proceso de descolonización del Sáhara Occidental.

Cada 20 de junio, la comunidad internacional dedica discursos y estadísticas a las personas refugiadas. Se lamentan tragedias, se reparten responsabilidades difusas y se invoca la solidaridad. Pero la memoria no se borra con palabras, ni la injusticia desaparece porque el tiempo pase.

Hoy es también el día de recordar una de las mayores vergüenzas políticas de nuestro tiempo: los cincuenta años de exilio del pueblo saharaui. Medio siglo de generaciones nacidas y criadas en los campamentos de refugiados, lejos de la tierra que les pertenece por derecho. Medio siglo después de que España abandonara sus responsabilidades históricas y dejara el Sáhara Occidental a merced de la ocupación marroquí, sostenida por la complicidad de unos y el silencio interesado de otros.

La tragedia saharaui no es una catástrofe natural. Es el resultado de decisiones políticas, de intereses geoestratégicos y de una comunidad internacional que ha preferido los negocios a la justicia. El referéndum prometido sigue sin celebrarse y el derecho de autodeterminación continúa secuestrado por quienes deberían garantizarlo.

En este día, es también un deber honrar a quienes ya no están: a quienes resistieron las duras condiciones de la hamada, a quienes construyeron escuelas y hospitales en el exilio, y a quienes entregaron su vida en el campo de batalla defendiendo la libertad de su pueblo. Su sacrificio forma parte de la memoria y de la dignidad colectiva saharaui.

Pero cincuenta años después, el pueblo saharaui sigue en pie. Resiste a través de la educación, la cultura, la palabra, la resistencia pacífica en los territorios ocupados y la firme convicción de que ningún pueblo puede ser despojado eternamente de sus derechos. Porque el exilio saharaui no es solo la historia de una injusticia; es también la historia de una resistencia ejemplar.

Mientras el mundo vuelve a hablar de refugiados, el pueblo saharaui recuerda una verdad incómoda: que los refugiados existen porque antes hubo una injusticia. Y que no habrá solución digna mientras la justicia siga esperando en el desierto.