Informaciones publicadas en medios marroquíes confirman que el ejército de Marruecos utiliza drones armados en el Sáhara Occidental desde la ruptura del alto el fuego tras la intervención militar en Guerguerat en noviembre de 2020.
Diversos medios marroquíes han publicado en los últimos años informaciones que reconocen el uso sistemático de drones armados por parte de las Fuerzas Armadas Reales (FAR) en el Sáhara Occidental, una práctica que se ha intensificado desde la ruptura del alto el fuego entre Marruecos y el Frente Polisario en noviembre de 2020.
Aunque estas informaciones se presentan habitualmente dentro del discurso oficial de Rabat —que describe las operaciones como ataques contra “elementos del Polisario”—, los propios artículos publicados en la prensa marroquí muestran que los drones marroquíes bombardean regularmente vehículos o grupos de personas en zonas próximas al muro militar que divide el territorio.
Una guerra de drones tras la intervención de Marruecos en Guerguerat
El alto el fuego firmado en 1991 bajo los auspicios de Naciones Unidas se rompió el 13 de noviembre de 2020, cuando el ejército marroquí intervino militarmente en la zona de Guerguerat, en el extremo suroeste del Sáhara Occidental.
Tras esa operación, el Frente Polisario declaró que el acuerdo de alto el fuego había quedado roto y el conflicto volvió a una situación de guerra de baja intensidad.
Desde entonces, Marruecos ha recurrido cada vez más al uso de drones armados para atacar objetivos en las zonas próximas al muro militar marroquí —una fortificación de más de 2.700 kilómetros construida por Marruecos durante la guerra y que divide el territorio ocupado del resto del Sáhara Occidental.
Medios marroquíes describen ataques contra vehículos y grupos de personas
En distintas informaciones publicadas desde 2021, medios marroquíes han informado de bombardeos con drones contra vehículos o grupos vinculados al Frente Polisario, citando habitualmente fuentes de seguridad marroquíes.
Uno de los ejemplos más recientes es un artículo publicado por el medio marroquí Yabiladi, que señalaba que los drones de las Fuerzas Armadas Reales “han bombardeado a cualquier persona, civil o militar, que se aventurara en estos territorios” desde la ruptura del alto el fuego en 2020.
La misma información indicaba que los drones marroquíes vigilan permanentemente las zonas próximas al muro y que cualquier presencia en esas áreas puede ser objeto de ataques.
Aunque el artículo presenta estos bombardeos como operaciones militares contra el Frente Polisario, la propia formulación utilizada —al referirse a “cualquier persona, civil o militar”— pone de manifiesto la amplitud de estos ataques.
Denuncias sobre víctimas civiles
Organizaciones saharauis y diversas fuentes humanitarias han denunciado en repetidas ocasiones que algunos de estos ataques con drones han afectado también a civiles, entre ellos pastores, comerciantes o buscadores de oro que se desplazan por las zonas desérticas próximas al muro.
En varios casos denunciados desde 2021, los ataques habrían causado la muerte de personas que viajaban en vehículos civiles en áreas alejadas del frente militar.
El uso de drones ha modificado profundamente la dinámica del conflicto, permitiendo ataques a larga distancia contra vehículos o pequeños grupos de personas que circulan por el desierto.
Un conflicto sin observadores independientes
A pesar de estos incidentes, el conflicto del Sáhara Occidental sigue siendo uno de los menos cubiertos por los medios internacionales.
Las dificultades para verificar lo que ocurre sobre el terreno están relacionadas en gran medida con las restricciones impuestas por Marruecos al acceso de periodistas, observadores internacionales y organizaciones de derechos humanos a los territorios saharauis ocupados. Numerosos reporteros, juristas y activistas han sido expulsados o se les ha impedido entrar en el territorio en los últimos años.
A esta situación se suma el hecho de que la misión de Naciones Unidas desplegada en el territorio, la MINURSO, es una de las pocas operaciones de paz de la ONU que no tiene mandato para supervisar los derechos humanos, lo que limita todavía más la posibilidad de investigar de forma independiente los incidentes militares o las denuncias de ataques contra civiles.
En este contexto, la guerra de baja intensidad iniciada tras los acontecimientos de Guerguerat continúa desarrollándose lejos de la atención mediática internacional, marcada por operaciones militares puntuales, el uso creciente de drones armados y una información extremadamente limitada sobre lo que ocurre en el terreno.
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