Bubisher ¿CALOR SAHARIANO? – Fernando Llorente

Bubisher ¿CALOR SAHARIANO? – Fernando Llorente

¿Calor sahariano?, ¿calor africano?, ¡venga ya! Fernando Llorente

El título de estas líneas, y su variante, “calor africano”, se ha venido repitiendo en las páginas de los periódicos y en los telediarios como primera noticia en los días pasados, y aún lo hemos de leer y escuchar más veces durante el verano, y no sólo como información meteorológica, sino como información general, exhibiendo impúdicamente los grados centígrados callejeros al sol, junto al índice de precios al consumo o el número de víctimas de la violencia machista.

No es andaluz, ni extremeño, ni castellanomanchego, tampoco madrileño, catalán o cántabro. Si sus ciudadanos pertenecieran a alguna de esas comunidades, tendrían playas y/o piscinas para darse un chapuzón, o simplemente fuentes en unas plazas, que tampoco tienen, como también carecen de agua corriente; podrían acercarse a un bar y aliviar el gaznate con un refresco frío, que alcoholes no consumen, por fe; buscarían la sombra de un árbol, que no fuera la de la dura, seca y espinosa talha del desierto, bajo el que no sopla una brisa consoladora. No cuentan con otros cobijos que el de las recalentadas lonas de las jaimas y el de los ardientes tejados de zinc de los beit, habitaciones con paredes de arena, sol y agua, que de vez en cuando les proporcionan camiones cisterna venidos de Tinduf (Argelia) a los campos de refugiados. Bajo unas y otros, los niños, los viejos y las mujeres embarazadas languidecen, cuando no mueren, siempre, pero sobre todo durante los tres meses del verano. Enchufarían el aparato de aire acondicionado,si lo pudieran tener, y si encontraran un enchufe al que pudiera llegar una electricidad con más energía que las de unas heroicas baterías de Land Rovers acabados, mediante las que un tubo fluorescente pone penumbra en las noches de las jaimas ybeit .

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