Bubisher – ‘SAHRAWI LIVES MATTER’… LA CAUSA SAHARAUI SIEMPRE EN EL CORAZÓN

Bubisher – ‘SAHRAWI LIVES MATTER’… LA CAUSA SAHARAUI SIEMPRE EN EL CORAZÓN

 

Son los ojos del desierto, porque saben de un verano a 50 grados. De noches frías, heladoras. Saben de parajes inhóspitos y de futuros inciertos. Hace más de 45 años –y se dicen pronto– que el pueblo saharaui vive enfrentado a su destino, obligado a soportar una pesada carga que los próximos días el sangüesino Joseba Alzueta tratará de hacer más visible con un reto solidario que se ha propuesto de la mano de la Asociación de Trabajadores y Técnicos sin Fronteras (ATTSF), en la que es voluntario. Sin renunciar a una de sus grandes pasiones, el deporte, realizará el Camino de Santiago corriendo en 23 etapas. Un total de 758 kilómetros, que vendrían a suponer algo así como el 15% de la longitud del Sáhara. Salvando las distancias, eso sí, porque además Alzueta llevará agua€ Y las condiciones no serán tan extremas.

«El origen de todo tiene ya muchos años porque empezó cuando yo era pequeño, y gracias a mis padres. Todavía recuerdo una adolescencia en la que siempre venían saharauis en verano, mi familia estaba y sigue estando muy concienciada. En Sangüesa se fundó Puentes solidarios, una asociación gracias a la que venían adolescentes del Sáhara, con el programa Vacaciones en paz. Y es algo que siempre me han inculcado: el Sáhara siempre ha estado presente para mí y mis padres me transmitieron esos valores de tratar de aportar y ayudar», confesaba ayer Alzueta, con ganas e ilusión antes de comenzar una aventura que dará el pistoletazo de salida el próximo sábado 26 y finalizará el 18 de octubre. Arrancará en Roncesvalles para recorrer el camino tradicional francés hasta Santiago a lo largo de una serie de etapas que el propio Alzueta irá retransmitiendo a través de las redes sociales de la asociación y en las que contará con la participación de representantes de las delegaciones del Sáhara ubicadas en algunas de las provincias por las que transcurre el recorrido.

«Durante el confinamiento estuve reflexionando, después de leer un libro me pregunté si realmente estaba aportando todo lo que puedo aportar a las personas que están más necesitadas que yo. La respuesta fue negativa, obviamente, así que pensé en hacer algo más y ponerme en contacto con alguna ONG. Una amiga me habló de varias, entre ellas ATTSF. Hice una pequeña investigación para ver en qué proyectos estaban trabajando y me gustó lo que vi. Creo que están impactando muy positivamente en ese territorio. Así que pensé en colaborar con ellos», explica.

Cuenta que al hablar con su director, Eduardo Irigoyen, él le preguntó si creía que podría ayudarles de alguna otra forma que no fuera económica. «Estudié empresariales, ADE, y no tengo un carácter técnico, pero me quedé pensativo. Un voluntariado al Sáhara con el covid era imposible pero igual había otra forma». Se dio cuenta de que tenia «en el debe», en la lista de cosas sin cumplir, hacer el camino de Santiago. «Así que lancé la bomba, lo propuse y les encantó. Me dijeron que teníamos que hacerlo».

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