Club 44, un colectivo con docenas de canciones solidarias – Iñaki Zaratiegi en NAIZ:

Club 44, un colectivo con docenas de canciones solidarias – Iñaki Zaratiegi en NAIZ:

 

Al margen de los alborotados circuitos musicales, la asociación donostiarra Club 44 acumula doce años de existencia, casi ciento 150 conciertos y cuatro ediciones de CDs colectivos. Siempre con una mirada amiga al Sáhara Occidental ocupado. En su triple colección añaden a Palestina.

FOTO: La estudiante saharaui Glana Mohamed y Pedro Soroeta en la presentación de la nueva caja de discos. (Jagoba MANTEROLA | FOKU)

Arrancaron la aventura sin pensar que doce años después seguirían manteniendo el centenar de gente asociada, porque no hay sitio para más, y acumularían una agenda de casi ciento cincuenta recitales celebrados, a pesar de la pandemia y haberse visto obligados a cambiar de local hace dos años. Acaban de publicar otra caja de tres CDs, cuarta de la colección que suma once discos con docenas de canciones internacionales.

El Club, formado por gente musiquera veterana, homenajea en su denominación al pionero programa musical del mismo nombre que Gregorio Gálvez dirigió en Radio Popular desde 1973. El animoso locutor compaginó su tarea profesional como maestro de escuela con tareas en la emisora que entonces dirigía Iñaki Gabilondo. Su espacio musical se convirtió en altavoz del pop internacional, vio nacer a la escena local y fue una referencia para la vieja guardia rockera donostiarra.

Cambio de hogar

A finales de 2023, el Club sufrió la peor noticia: se clausuraba el emblemático local donde había nacido. Pero consiguió reubicarse en la discoteca El Andén, Atotxa, más amplia que el sótano Altxerri, que reabrió el pasado verano y al que no han tenido necesidad de volver. La sala latina que regenta el portorriqueño Fran, se abre al menos una vez por mes a los socios/as del colectivo y, si no se agota el aforo, admite a gente seguidora de los artistas programados.

Puede sorprender el poco eco público de su ordenada programación que a finales de este año ha alcanzado el número de ciento cuarenta y cuatro conciertos, mayormente en clave rock-blues usamericano. «No es que no hagamos publicidad porque sea algo elitista, es que somos un club privado y tenemos una limitación de espacio», explica Juan Soroeta.

El portavoz señala las ventajas de la iniciativa para los músicos y el público respetuoso de su labor. «Muchos intérpretes se sorprenden de encontrase con una audiencia respetuosa, que atiende las canciones en silencio. Hay un descanso para que el movimiento de la barra, etc. no interfiera el recital. Es un ambiente poco habitual en conciertos de bares».

El Club ha ido comprobando también que los propios músicos hacen publicidad de la iniciativa tras salir encantados de sus visitas por el trato recibido. El colectivo ha querido coordinarse con algún grupo similar en otras localidades para hacer más factible y económico contratar artistas, pero no ha conseguido una réplica que mejorase su gestión.

Cantando a través de los muros

Soroeta es un académico especialista en Derecho Internacional Público, cuya tesis doctoral trató sobre el derecho a la libre determinación del Sáhara Occidental, pueblo ocupado militarmente por Marruecos en 1975 cuando el agonizante régimen colonial franquista lo abandonó a su suerte. Incansable militante a favor de los derechos nacionales y sociales del pueblo saharaui, ha sido observador internacional en juicios de los tribunales marroquíes contra activistas que se enfrentan a la ocupación marroquí y por el derecho a la autodeterminación. Así que una función central de su colectivo amante de la música ha sido servir de altavoz a esa lucha, además de organizar algunas otras actividades de carácter social.

La iniciativa más destacada y continuada en el tiempo, aparte de los conciertos, ha sido la edición de cuatro cajas musicales con un total de once discos compactos con 172 canciones en los que han participado otros tantos artistas. La idea nació del encuentro con el músico David Wilcox, a quien le plantearon donar una canción por el Sahara Occidental, idea que se extendió a los otros intérpretes que pasaron por los conciertos. La mayoría venían de Estados Unidos, Canadá y Gran Bretaña y muchos no conocían ni la existencia de ese territorio. Les informaron con un par de documentales y la respuesta fue masiva.

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