
La guerra de borradores en el Consejo de Seguridad ha obligado a Estados Unidos a modificar su propuesta inicial sobre el Sáhara Occidental. Sin embargo, detrás de los cambios de redacción permanece una contradicción fundamental: reconocer el derecho de autodeterminación y, al mismo tiempo, limitar las negociaciones a la autonomía bajo soberanía marroquí. La reunión celebrada este martes en Moscú entre Serguéi Lavrov y Ahmed Attaf, en la que también se abordó el Sáhara Occidental, se suma a la actividad diplomática de una semana marcada por las negociaciones sobre el proyecto estadounidense.
La guerra de borradores que se desarrolla desde hace días en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ha demostrado que el proyecto estadounidense sobre el Sáhara Occidental está lejos de ser una simple renovación del mandato de la MINURSO. Washington ha introducido modificaciones en su propuesta inicial ante las objeciones planteadas durante las negociaciones, especialmente por Rusia y China. Han cambiado las referencias jurídicas, el plazo de renovación de la misión y algunas previsiones sobre su futuro, pero permanece una cuestión esencial: ¿puede reconocerse el derecho de autodeterminación mientras se pretende negociar únicamente sobre la autonomía marroquí?
Las primeras versiones del proyecto planteaban una transformación mucho más profunda de la misión, incluida su conversión en una operación política y una reducción acelerada de su presencia sobre el terreno. Los borradores posteriores retiraron esas disposiciones automáticas, ampliaron la prórroga propuesta hasta el 31 de octubre de 2027 y recuperaron referencias a la Carta de Naciones Unidas y al principio de autodeterminación. También sustituyeron la formulación que presentaba la autonomía como única solución por otra que la considera la más viable. Sin embargo, la propuesta marroquí continuaba figurando como única base de negociación en los textos revisados conocidos hasta ahora.
El posible cambio de nombre de MINURSO a MINUSO constituye el símbolo más visible de esta discusión. Eliminar la palabra «Referéndum» de una misión creada en 1991 para aplicar un Plan de Arreglo que incluía precisamente una consulta de autodeterminación no es una modificación indiferente. Aunque el cambio de denominación no suprimiría automáticamente el derecho del pueblo saharaui a decidir su futuro, sí supondría una transformación política significativa. Su verdadero alcance dependerá de qué funciones conserve Naciones Unidas, de cómo quede organizada su presencia sobre el terreno y de las responsabilidades que establezca la resolución definitiva.
Pero la cuestión más importante no es el nombre de la misión, sino el contenido de las negociaciones. Una cosa es presentar la autonomía marroquí como una propuesta que puede discutirse y otra establecerla como la única base posible para alcanzar un acuerdo. En este último caso, la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental quedaría incorporada como premisa del proceso negociador antes de que las partes hubieran alcanzado una solución, pese a que Naciones Unidas no reconoce esa soberanía sobre el territorio. El Frente POLISARIO rechaza precisamente que se pretenda fijar anticipadamente el resultado de un proceso en el que el pueblo saharaui debería poder decidir libremente su futuro.
La sucesión de modificaciones también muestra la importancia de las palabras que permanecen y de las que desaparecen. Las referencias explícitas al pueblo del Sáhara Occidental, al referéndum y a las resoluciones anteriores no tienen el mismo alcance político que una invocación genérica de la autodeterminación. Aunque los derechos reconocidos por el derecho internacional no desaparecen porque una resolución deje de mencionarlos, la forma en que el Consejo de Seguridad redacte su decisión puede condicionar las negociaciones posteriores y las garantías necesarias para hacerlos efectivos. El Sáhara Occidental sigue siendo un territorio pendiente de descolonización, una realidad jurídica que no cambia con las sucesivas versiones de un proyecto de resolución.
A dos días de la votación prevista para el viernes 30 de octubre, la guerra de borradores continúa abierta y todavía falta conocer qué modificaciones quedarán incorporadas al texto definitivo. La cuestión decisiva no será cuántas veces aparezca la palabra autodeterminación, sino si el pueblo saharaui conservará una posibilidad real de ejercer ese derecho sin que la solución esté decidida de antemano. Esa es la diferencia entre renovar una misión para acompañar una descolonización pendiente y utilizar su transformación para limitar las opciones políticas antes de que el pueblo afectado haya podido elegir.
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