En una carta abierta dirigida al ministro José Manuel Albares, la autora sostiene que el apoyo político a la posición marroquí tiene consecuencias sobre los derechos humanos en el Sáhara Occidental y recuerda las huelgas de hambre de varios presos saharauis.
El reciente artículo publicado por Cristina Martínez Benítez de Lugo en Contramutis adopta la forma de una carta abierta al ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, para lanzar una reflexión de fondo: el respaldo político a la ocupación marroquí del Sáhara Occidental no es una cuestión abstracta, sino que puede tener consecuencias concretas sobre quienes sufren la represión en los territorios ocupados y en las cárceles marroquíes.
La autora dedica buena parte de su texto a cuestionar la posición mantenida durante años por el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero respecto al Sáhara Occidental, al considerar que su defensa pública de las tesis marroquíes contribuye a legitimar una situación contraria al derecho internacional y al derecho de autodeterminación del pueblo saharaui. Se trata de una valoración política firme que enmarca el resto de su argumentación.
Sin embargo, el núcleo de la carta está en otro lugar: la situación de los presos políticos saharauis. Cristina Martínez recuerda las recientes huelgas de hambre protagonizadas por Naâma Asfari, Mohamed Bani, Abdeljalil Laroussi y otros detenidos, muchos de ellos pertenecientes al grupo de Gdeim Izik, así como las resoluciones y dictámenes emitidos por órganos de Naciones Unidas que han cuestionado la legalidad de sus procesos judiciales y reclamado medidas correctoras.
Especial atención dedica a Naâma Asfari, cuya condena fue objeto de observaciones por parte del Comité contra la Tortura de la ONU y cuya liberación ha sido recomendada por el Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria. La autora sostiene que el silencio o el respaldo internacional a la ocupación favorecen un clima de impunidad que termina repercutiendo en las condiciones de estos presos y en la persistencia de vulneraciones de derechos humanos.
La carta concluye con una llamada a no perder de vista la dimensión humana del conflicto. Más allá de las posiciones diplomáticas o de los debates geopolíticos, recuerda que decenas de saharauis continúan encarcelados y que algunos recurren a la huelga de hambre como única vía para llamar la atención sobre su situación.
En una carta abierta dirigida al ministro José Manuel Albares, la autora sostiene que el apoyo político a la posición marroquí tiene consecuencias sobre los derechos humanos en el Sáhara Occidental y recuerda las huelgas de hambre de varios presos saharauis.