El Gobierno español no condena la muerte de tres saharauis a manos de Marruecos

El Gobierno español no condena la muerte de tres saharauis a manos de Marruecos

Cuando las víctimas son saharauis, la prudencia se convierte en silencio para el Gobierno español

El Ejecutivo español se niega a condenar la muerte de tres saharauis a manos de Marruecos mientras Sumar, IU, Podemos y Más Madrid, con representación en dicho gobierno, cuestionan públicamente su postura.

La muerte de Lahbib Mohamed Abdelaziz y de otros dos combatientes saharauis ha vuelto a poner de manifiesto una realidad incómoda para la política exterior española: la existencia de una doble vara de medir cuando las víctimas del conflicto del Sáhara Occidental son saharauis.

La ministra portavoz del Gobierno, Elma Saiz, ha optado por refugiarse en la «prudencia» para evitar una condena explícita del ataque atribuido a Marruecos en el que murieron tres miembros del Frente Polisario. «Voy a ser muy prudente», afirmó tras el Consejo de Ministros al ser preguntada expresamente por los hechos. La explicación oficial es que el Ejecutivo no dispone todavía de información oficial suficiente para pronunciarse.

Sin embargo, esa prudencia contrasta con la rapidez mostrada hace apenas unas semanas. El pasado mes de mayo, la Embajada de España en Rabat condenó públicamente un ataque atribuido al Frente Polisario contra Smara. Aquel incidente no causó víctimas mortales. La reacción fue inmediata. No hubo llamamientos a la cautela ni largas esperas para verificar los hechos. España condenó.

Hoy la situación es diferente. Han muerto tres saharauis. Uno de ellos era Lahbib Mohamed Abdelaziz, miembro del Secretariado Nacional del Frente Polisario, comandante militar y una de las figuras más conocidas de la nueva generación de dirigentes saharauis. Y la respuesta oficial del Gobierno español ha sido el silencio.

Lo más significativo es que esa posición ni siquiera es compartida por todos los sectores que sostienen al propio Ejecutivo. La ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, condenó públicamente el ataque y lo calificó de violación del derecho internacional. Izquierda Unida denunció una «gravísima escalada» y reclamó una condena oficial por parte del Gobierno. Podemos exigió una respuesta firme frente a Marruecos. Más Madrid preguntó públicamente si el Ejecutivo piensa condenar a Marruecos con la misma rapidez y contundencia con la que condenó al Frente Polisario en mayo.

Es decir, mientras el Gobierno guarda silencio, parte de sus propios socios políticos cuestionan ese silencio.

También el delegado del Frente Polisario en España, Abdulah Arabi, denunció lo que definió como «dobles estándares» en la política exterior española. Según Arabi, España sólo cuestiona, investiga o condena determinados acontecimientos cuando son atribuidos a una de las partes del conflicto. Cuando las víctimas son saharauis, la reacción oficial desaparece.

La cuestión trasciende incluso el caso concreto de Lahbib Mohamed Abdelaziz. Durante los últimos años se han sucedido denuncias sobre ataques con drones, muertes de civiles saharauis, fallecimientos de transportistas y operaciones militares atribuidas a Marruecos. Ninguno de esos episodios provocó una reacción comparable a la mostrada por España cuando los hechos afectaban a la otra parte del conflicto.

El Gobierno español suele reivindicar la defensa de los derechos humanos y del derecho internacional como pilares fundamentales de su acción exterior. Lo hace respecto a Ucrania. Lo hace respecto a Palestina. Lo hace respecto a numerosos escenarios internacionales. Pero cuando las víctimas son saharauis y las responsabilidades apuntan hacia Marruecos, la prudencia parece imponerse sistemáticamente a los principios.

La pregunta ya no es únicamente qué ocurrió el día en que murieron Lahbib Mohamed Abdelaziz y sus dos compañeros. La pregunta es por qué el Gobierno español considera necesario condenar rápidamente unas acciones y guardar silencio ante otras.

Porque la credibilidad de una política exterior basada en los derechos humanos no se mide cuando resulta cómodo defenderlos. Se mide precisamente cuando hacerlo puede resultar incómodo.

Y una vez más, cuando las víctimas son saharauis, la prudencia parece convertirse en silencio.

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