Medio siglo después de la muerte del fundador del Frente Polisario, la autodeterminación sigue pendiente, la guerra ha regresado y el pueblo saharaui continúa enfrentándose a los mismos desafíos fundamentales.
Hoy, 9 de junio de 2026, se cumplen cincuenta años de la muerte en combate de El Uali Mustafá Seyed, fundador del Frente Polisario y primer presidente de la República Árabe Saharaui Democrática. Para muchos saharauis, la fecha no es únicamente una conmemoración histórica. Es también una invitación a mirar el presente y preguntarse qué ha cambiado realmente desde aquel lejano 1976.
La pregunta resulta especialmente pertinente en una semana marcada por la muerte en combate de Lahbib Mohamed Abdelaziz, miembro del Secretariado Nacional del Frente Polisario e hijo del histórico dirigente Mohamed Abdelaziz. Entre ambos acontecimientos hay medio siglo de distancia, generaciones distintas y contextos internacionales muy diferentes. Sin embargo, existe un hilo conductor evidente: la persistencia de una causa nacional que ha sobrevivido a guerras, exilios, negociaciones diplomáticas y profundas transformaciones geopolíticas.
Muchas cosas han cambiado desde la época de El Uali. En 1976 el pueblo saharaui se enfrentaba simultáneamente a la retirada española, a la invasión marroquí y mauritana y a la necesidad de construir desde cero unas estructuras políticas capaces de garantizar la supervivencia nacional. Hoy existe una República Saharaui reconocida por numerosos Estados, una administración consolidada en los campamentos de refugiados, una amplia red diplomática internacional y varias generaciones formadas en universidades y centros educativos de numerosos países.
También ha cambiado el contexto internacional. Mauritania abandonó la guerra hace décadas. La cuestión saharaui ha pasado por Naciones Unidas, por la Unión Africana, por tribunales internacionales y por innumerables iniciativas diplomáticas. Durante años pareció que la vía política podía conducir finalmente a una solución negociada.
Sin embargo, las cuestiones esenciales permanecen sorprendentemente intactas. El Sáhara Occidental sigue figurando en Naciones Unidas como un territorio pendiente de descolonización. El referéndum de autodeterminación continúa sin celebrarse. Decenas de miles de saharauis siguen viviendo en el exilio. Marruecos mantiene la ocupación de la mayor parte del territorio y la comunidad internacional continúa siendo incapaz de aplicar las resoluciones que ella misma ha aprobado durante décadas.
Quizá la mayor paradoja sea precisamente esa. Cincuenta años después de la muerte de El Uali, el conflicto sigue girando alrededor de las mismas cuestiones fundamentales. Han cambiado los actores internacionales, las alianzas regionales, las tecnologías militares y los equilibrios diplomáticos. Pero la pregunta central permanece intacta: cómo ejercer un derecho a la autodeterminación reconocido por Naciones Unidas y todavía pendiente de aplicación.
La actualidad de estos días vuelve a ponerlo de manifiesto. Mientras el enviado personal de Naciones Unidas, Staffan de Mistura, mantiene reuniones con los dirigentes saharauis en busca de una salida política, la guerra continúa sobre el terreno. Mientras la diplomacia intenta mantener vivo un proceso cada vez más bloqueado, la muerte de combatientes saharauis recuerda que el conflicto no pertenece únicamente a los archivos de la ONU ni a los despachos internacionales.
Probablemente hay algo que sorprendería a El Uali si pudiera observar el panorama actual: que medio siglo después el proceso de descolonización siga sin concluir. Que el referéndum continúe pendiente. Que una nueva generación de saharauis haya tenido que volver a empuñar las armas después de décadas de espera.
Pero también hay algo que probablemente no le sorprendería. La capacidad de resistencia del pueblo saharaui. La continuidad de las instituciones que ayudó a crear. La presencia de nuevas generaciones dispuestas a asumir responsabilidades políticas, diplomáticas o militares. Y la persistencia de una identidad nacional que ni el exilio, ni la ocupación, ni el paso del tiempo han conseguido borrar.
La mejor forma de medir la vigencia de El Uali no es contar las veces que se cita su nombre en discursos o actos conmemorativos. Es observar si las cuestiones que planteó siguen abiertas. Cincuenta años después de su muerte, la autodeterminación continúa pendiente, la descolonización sigue sin completarse y la guerra ha regresado al Sáhara Occidental.
Quizá por eso, para muchos saharauis, El Uali no pertenece únicamente a la historia. Sigue formando parte del presente.
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