
La exposición de Staffan de Mistura ante el Consejo de Seguridad del 8 de octubre, reconstruida a partir de informaciones publicadas por TelQuel y Hespress, confirma que el enviado personal de António Guterres intenta llevar la negociación hacia una fórmula de autonomía. Pero esa orientación es la de De Mistura, no una aceptación saharaui ni una conclusión jurídica sobre el futuro del territorio. Incluso dentro del esquema que propone aparecen elementos que Rabat no puede dar por resueltos: garantías internacionales permanentes, participación del Frente POLISARIO y un acto de autodeterminación.
Según TelQuel, De Mistura considera que las conversaciones desarrolladas este año en Washington y Madrid han llegado a un punto de bloqueo y reprocha al Frente POLISARIO no haber entrado suficientemente en el examen de la propuesta marroquí de autonomía. Ese reproche forma parte de su lectura del momento negociador, pero no puede convertirse en una explicación única del estancamiento ni interpretarse como si el POLISARIO hubiera aceptado previamente que esa propuesta deba constituir el resultado final.
De hecho, otra información publicada por Hespress, citando a una fuente de Naciones Unidas, amplía considerablemente el diagnóstico. Según esa versión, De Mistura señaló ante el Consejo dos obstáculos principales: la continuidad de las hostilidades y la profunda desconfianza entre las partes. La ausencia de un alto el fuego restablecido y la repetición de incidentes militares seguirían dificultando cualquier avance, mientras la falta de confianza impediría transformar los contactos diplomáticos de 2026 en una negociación sustantiva.
Ese cuadro resulta bastante más complejo que una simple negativa saharaui a discutir el plan de Rabat. Las tres rondas celebradas durante los primeros meses del año permitieron reabrir contactos directos después de años de parálisis, pero no eliminaron las diferencias fundamentales. Lo que sigue en discusión no es únicamente el contenido de una eventual autonomía, sino una cuestión previa: quién decide el estatuto definitivo del Sáhara Occidental y mediante qué procedimiento.
La propuesta atribuida a De Mistura tampoco describe una autonomía puramente administrativa. TelQuel sostiene que el enviado habló de una «autonomía verdadera», acompañada de garantías internacionales aplicables «ahora y para siempre», con competencias políticas y administrativas sustanciales y con participación del Frente POLISARIO en el gobierno del territorio. El propio tratamiento editorial del semanario marroquí muestra hasta qué punto esas condiciones generan inquietud en Rabat.
El elemento más significativo continúa siendo la referencia a un «acto de autodeterminación». La expresión no permite concluir por sí sola que De Mistura esté proponiendo el referéndum contemplado durante décadas por Naciones Unidas, pero sí mantiene dentro de cualquier eventual acuerdo una cuestión esencial: la necesidad de una manifestación de voluntad del pueblo saharaui. Ninguna fórmula negociada puede darse por definitivamente aceptada simplemente porque haya sido presentada por una de las partes o porque cuente con apoyos diplomáticos internacionales.
Ese punto aparece también en las lecturas argelinas del briefing. Medios como Horizons y El Moudjahid han subrayado que la exposición de De Mistura no anuncia ningún acuerdo y que una fórmula de autonomía no puede convertirse en una solución impuesta de antemano. Esas publicaciones interpretan además que la llamada a la flexibilidad no se dirige exclusivamente al Frente POLISARIO, sino también a Marruecos.
Desde una perspectiva saharaui, ahí se encuentra el riesgo principal del actual proceso. Que la autonomía aparezca cada vez más en el lenguaje diplomático no significa que pueda transformarse poco a poco en un resultado predeterminado. Una cosa es que De Mistura quiera colocar esa propuesta en el centro de la discusión y otra muy distinta que el pueblo saharaui esté obligado a asumir la soberanía marroquí como punto de partida.
El propio editorial de TelQuel resume la tensión con una fórmula reveladora: «autonomía, sí; a cualquier precio, no». Para la causa saharaui, la cuestión es todavía más profunda. Ninguna autonomía puede sustituir el derecho a la autodeterminación, ni convertir una propuesta marroquí en una obligación política, ni borrar el carácter pendiente de la descolonización del Sáhara Occidental.
A las puertas de la renovación del mandato de la MINURSO, el briefing de De Mistura confirma que el proceso sigue abierto, que las divergencias de fondo permanecen y que no existe todavía un acuerdo capaz de cerrar la cuestión. La diplomacia internacional puede intentar estrechar el marco de negociación, pero la autodeterminación, el consentimiento saharaui y la ausencia de una soberanía marroquí reconocida sobre el territorio siguen siendo elementos que ninguna fórmula puede simplemente dar por superados.
Fuentes: TelQuel, Hespress, Horizons y El Moudjahid, informaciones sobre la exposición de Staffan de Mistura ante el Consejo de Seguridad del 8 de octubre de 2026.
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