Sáhara Occidental | Tres rondas de negociación y ningún acuerdo: la autodeterminación sigue bloqueando cualquier salida impuesta

La autodeterminación sigue sin poder borrarse del problema de fondo. Foto: Sahara Noticias facebook

Tres rondas de conversaciones celebradas este año en Washington y Madrid no han bastado para cerrar las diferencias fundamentales sobre el futuro del Sáhara Occidental. A menos de tres semanas de la votación sobre la MINURSO, lo que emerge es un proceso estancado: continúan las hostilidades, persiste una profunda desconfianza entre las partes y ninguna fórmula política ha conseguido convertirse en un acuerdo aceptado por todos.

El dato más importante no es que las negociaciones hayan fracasado por completo, sino que no han resuelto la cuestión de fondo. Las reuniones de 2026 permitieron reabrir contactos políticos después de años de bloqueo, pero no acercaron suficientemente las posiciones sobre el estatuto definitivo del territorio. Y eso devuelve el debate al punto del que nunca debió apartarse: quién decide el futuro del Sáhara Occidental.

La autonomía marroquí ha ido ocupando cada vez más espacio en el lenguaje diplomático, pero una propuesta, por mucho respaldo internacional que acumule, no se convierte por sí sola en solución. La cuestión sigue siendo si puede imponerse una fórmula política a un pueblo cuyo derecho a la autodeterminación continúa formando parte del marco de Naciones Unidas. Mientras esa contradicción no se resuelva, hablar de una salida ya cerrada resulta más propaganda que acuerdo.

Ahí está precisamente el límite que las tres rondas de este año no han conseguido superar. El Frente POLISARIO puede participar en conversaciones sobre distintas propuestas sin que eso signifique renunciar previamente al derecho a la autodeterminación ni aceptar como punto de partida una soberanía marroquí que no ha sido reconocida sobre el territorio. Marruecos, por su parte, sigue intentando convertir la autonomía bajo su soberanía en el marco obligatorio del desenlace. Entre ambas posiciones continúa existiendo una distancia política de fondo.

El problema tampoco puede reducirse a culpar a una sola parte del atasco. Las hostilidades continúan sobre el terreno y la desconfianza acumulada después de décadas de ocupación, guerra, represión y negociaciones fallidas hace difícil que cualquier contacto diplomático se transforme rápidamente en un acuerdo. La presión para acelerar el proceso no elimina esas causas; simplemente las desplaza fuera de la fotografía.

Por eso el verdadero resultado de las tres rondas de 2026 no es todavía una solución, sino la constatación de que el Sáhara Occidental sigue sin una fórmula política aceptada por las partes. Ni los apoyos diplomáticos reunidos por Rabat, ni el intento de estrechar el marco de negociación, ni la insistencia en presentar la autonomía como opción preferente han eliminado la cuestión esencial: la voluntad del pueblo saharaui.

A medida que se acerca el 31 de octubre, el Consejo de Seguridad tendrá que decidir no solo sobre la continuidad de la MINURSO, sino también sobre qué proceso político pretende respaldar. Si la solución debe ser mutuamente aceptable, no puede construirse sobre un resultado decidido de antemano. Y si debe permitir la autodeterminación, el pueblo saharaui no puede quedar reducido al papel de aceptar una fórmula diseñada por otros.

Después de tres rondas de negociación, ese es quizá el dato más incómodo para quienes quieren presentar el conflicto como prácticamente resuelto: no hay acuerdo. Y mientras no lo haya, la autodeterminación sigue siendo la cuestión que ninguna maniobra diplomática puede hacer desaparecer.

ANÁLISIS DE NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL


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