¡De obligada lectura, creo! | EL PELIGRO ES COMÚN: EL CULTURICIDIO HASANÓFONO >> Y… ¿dónde queda el Sáhara? >> Blogs EL PAÍS

ARTICULO/Estudio académico

Bahia Uld Mahmud Uld Awah, antropólogo investigador, escritor y poeta  oriundo del Sahara Occidental. Investigador independiente en la región del Sahel y el Occidente africano, Sahara Occidental y Mauritania. Agosto de 2019.

RESUMEN

En este trabajo trato de enfatizar sobre la necesidad de un frente intelectual mauritano-saharaui que tenga la capacidad de visibilizar, dar respuesta y condenar el culturicidio (etnocidio cultural) que practica Marruecos contra la identidad hasanófona en los territorios que ocupa del Sahara Occidental y su patente reproducción destructiva en la sociedad hasanófona en Mauritania. Se trata de una reflexión necesaria en un contexto compartido por los dos pueblos bidan, únicos en esta región del Sahel y el Occidente africano, el pueblo mauritano y el saharaui.

Siendo una reflexión y a la vez un llamado ante un peligro común que acecha a la cultura hasanófona de los pueblos afro-senhaya-bidan del Sahara Occidental y Mauritania, creo que es justo buscar un antecedente histórico que nos introduzca de forma subjetiva en este trabajo de reflexión que en estas circunstancias atañe a esta parte del continente africano, Sahara Occidental y Mauritania. Recordar que en 1929 uno de los detonantes que hizo que el emir anticolonial del Adrar mauritano Sidahmed Uld Ahmed El Aida  optara por romper con su emirato de Ould Yahya Ben Ozman y se incorporara a la lucha anticolonial de los saharauis había sido dos talaa, dos poemas, que escribió el poeta y guerrero anticolonial saharaui Edjil Uld Sidi Baba Uld Beniug[1] y envío a los notables del emirato de Adrar que se encontraban reunidos discutiendo sobre la presencia colonial francesa, que muchos no veían con buenos ojos a diferencia de sus paisanos de Ahel El Guebla[2] mauritanos. El emir de Adrar en esa ocasión recibió una carta que Edjil encargó hacerle llegar a través de un emisario de confianza saharaui llamado Sneid Uld El Garadi[3].

Sidahmed Uld Ahmed El Aida ante los notables de su emirato pidió que se leyeran los poemas que iban en la carta, que el emisario Sneid Uld El Garadi procedió a recitar con su prodigiosa voz. Y al concluir la recitación de los dos talaa, un notable sentado muy cerca del emir, que no comulgaba con la idea anticolonial francesa, contestó al descifrar el mensaje de Edjil:

– A la persona que ha escrito estos poemas habría que cortarle la lengua.

El emir Sidahmed Uld Aida dirigiéndose a su yemaa respondió a todos los notables haciendo esta pregunta:

– ¿Sabéis cómo cortarle la lengua a esta persona?

Y los notables del emirato respondieron con el silencio, para que el emir y poeta diera la respuesta más contundente y a la vez sorprendente, su fidelidad anticolonial francesa. Entonces el emir contestó:

– Para cortarle la lengua a esa persona, recoged vuestras jaimas y acampad junto a él.  Mahmud Awah (2014: 108, 109)

Esta fue la respuesta de Uld Ahmed El Aida que no dejó lugar a dudas en su intención de que debían unirse a los saharauis que se enfrentaban al peligro colonial que les acechaba a saharauis y mauritanos. Pienso que esta anécdota de la historia en común debe servir a los intelectuales hasanófonos como ejemplo en este contexto de culturicidio que peligra la identidad hasanofona.

Los saharauis y los mauritanos, por sus peculiaridades de identidad cultural que les diferencian a su entorno geográfico, son cosmoespirituales. Cuando reflexionan sobre un hecho que les atañe proceden guiándose por adagios, proverbios y con el pensamiento de sus sabios, eruditos y poetas. Valga como ejemplo este aforismo saharaui que reza “Una mano sola no aplaude”, expresión equivalente a “La unión hace la fuerza”, cuando hay un peligro que amenaza algo en común.  Un planteamiento de la filosofía popular que asocio al caso del culturicidio que acecha contra la cultura bidan [4]afrosenhaya que abordo en este trabajo de reflexión. Un etnocidio contextualizado en términos de prácticas sociales y de culto religioso que no sólo afecta al híbrido de lenguas hasania y su literatura aljamiada, لغن  [legna][5] mucho distante y diferente a la marroquí, sino que ha ido más allá y afecta a toda la identidad cultural. Se trata de una política intencionada y diseñada con sus métodos desde una cultura premeditadamente politizada y usada por Marruecos contra la identidad hasanófona en su conjunto. Un culturicidio que atenta contra el patrimonio cultural en todas sus dimensiones tanto en los territorios que Marruecos ocupa del Sahara Occidental como la soberana Mauritania.

Escribí sobre este tema y lo traté en varias ponencias académicas, tanto en Europa como en Estados Unidos. También lo trasladé en conferencias a pensadores africanos de fecundas obras de estudio relacionadas con las culturas orales como es el caso de Ngügi wa Thiongo, el referente académico e intelectual crítico contra la erosión que causan las políticas coloniales y neocoloniales a muchas oraturas africanas. Para mí es un tema de preocupación que debatí en más de una ocasión con intelectuales del exilio saharaui en España y en Argelia. Tal vez por circunstancias no lo he podido conseguir con referentes mauritanos, pero la intención siempre ha estado presente. Reflexionando me di cuenta que esta acción de militancia académica e intelectual no debe limitarse en visibilizar sólo el culturicidio de una parte que afecta a la cultura hasanófona en el Sahara Occidental y olvidarse de sus otros peligrosos efectos que inquietan a más de tres millones de afrohasanianos en la vecina Mauritania. Y es por ello que toco los tambores para que los atentos y receptivos hermanos intelectuales mauritanos acudan a este debate que nos atañe a todos, los afrohasanianos o bidan.

Indagando sobre antecedentes que han tratado desde la crítica las culturas orales africanas encontré un interesante artículo de la investigadora y periodista Gemma Solés Coll. Un trabajo que titula “El arte Igbo”, un estudio a partir de la gran novela del escritor y poeta nigeriano Chinua Achebe “Todo se desmorona”. Y en el que decía:

“Achebe habla del arte igbo como reflejo de su propio mundo: dinámico, lleno de fuerza y energía, que confiere cualidades de extroversión (va de la privacidad del artista al dominio público) y sociabilidad. Como nuestra aproximación al arte africano, en concreto al arte igbo, va a ser a nivel de cultura grupal como entidad creadora, más que a nivel individual, podemos hablar de “arte igbo” como el conjunto de creaciones artísticas de la cultura igbo, fruto de artistas anónimos. Solés Coll (2011: 31)

La cultura hasanófona en su configuración no es más que parte de esa compleja realidad cultural presente en diferentes partes del África negra. Poco estudiada por el académico postcolonial. Y sí tergiversada por la literatura colonial y neocolonial, como es el caso del Sahara Occidental y Mauritania en los fondos a los que han sido movilizados recursos y autores marroquíes.

Recientemente a finales de julio de este año 2019 leí un artículo del escritor mauritano Abdulah Ould Bouna que me llamo mucho la atención por ser un llamado ante el peligro de un fenómeno anticultural nunca dado en la región, salvo en los periodos de la repartición colonial del continente africano con su destrucción de lenguas y culturas. Ould Bouna titula en árabe su artículo: المغرب خطر استراتيجى يهدد الأمن القومى الموريتانى “Marruecos es un peligro estratégico que amenaza la seguridad nacional mauritana”. Podéis imaginar todo lo que esto conlleva cuando se trata de la usurpación de hechos históricos y de identidad cultural. En el sentido de Frantz Fanon.

«En los países subdesarrollados, las generaciones anteriores han resistido a la labor de erosión realizada por el colonialismo y, al mismo tiempo, han preparado la maduración de las luchas actuales. (…) Fue necesario que más de un colonizado dijera «esto ya no puede durar», que más de una tribu se rebelara, que más de una sublevación campesina fuera aplastada, que más de una manifestación fuera reprimida para que ahora podamos sostenernos con esta certidumbre de victoria». Fanon (1961: 59)

Este osado autor mauritano advierte que “Desde principios del siglo XXI, Marruecos ha seguido una estrategia de largo plazo y de riesgo sin precedentes para Mauritania”. Y destaca los factores ya visibles en Mauritania que delatan este peligroso culturicidio contra la identidad cultural e historia hasanófona de Mauritania. Ould Bouna en sus argumentos cita algunos ejemplos como estos:

  • Marruecos está inundando las librerías en Mauritania con obras falsas que afectan y tergiversan toda la historia material y moral de Mauritania. Y difunde que todos los sabios mauritanos son marroquíes.
  • Marruecos ha irrumpido en una pequeña capa social mauritana que se dedica al libro de los eruditos hasanófonos para enfrentarla, partiendo de sus tesis, con el hermano pueblo saharaui.
  • Marruecos está usando las corrientes sufíes y sus extremas interpretaciones religiosas para influir en las tolerantes corrientes espirituales, religiosas y tribales desde antaño practicadas en Mauritania.
  • Marruecos para esta política está usando la inteligencia marroquí en el juego de la violencia y el contrabando de armas en Mauritania.
  • Marruecos está apoyando a través de su administración la gestión del mercado de drogas y el contrabando que socavan aún más a una sociedad mauritana estrechamente conectada y unida a su cultura. Ould Bouna (2019: Artículo)

Partiendo de estas precisiones de Ould Bouna, es de subrayar que Marruecos se ha apropiado de sabios y eruditos saharauis y mauritanos marroquinizándolos, en contra de la historia de los dos pueblos hasanófonos. Y aquí subrayo las obras y cofradías de Chej Mohamed Elmami, كتاب البادية “Qitab Albadia”; Mohamed Uld Tolba, Chej Malainin y la de Mohamed Uld Mohamed Salem. A principios de la década de los ochenta el culturicidio, o si queremos llamarle etnocidio cultural contextualizándolo desde la vertiente académica, comenzó a denunciarse en el Sahara ocupado a través de la militancia saharaui en el exilio y la diáspora y principalmente desde la militancia saharaui que vive bajo la ocupación marroquí, como es el caso de los activistas saharauis de derechos humanos. Ante ese peligro el intelectual hasanófono ya estaba movilizado y atento al acentuarse esta batalla en su dimensión que conculca y afecta a todo el patrimonio en la parte ocupada del Sahara Occidental. Esta denuncia comenzó a incidir en el debate intelectual y político saharaui en el exilio, poniendo énfasis sobre el peligro que se cierne sobre lo común, es decir la cultura e identidad hasanófona compartida por saharauis y mauritanos. Recientemente algunos intelectuales mauritanos al percatarse tardíamente de los tentáculos de este depredador cultural, aún de manera muy tímida, comenzaron a reaccionar ante el peligro.

Si nos situamos un poco antes en los antecedentes culturales entenderíamos muy bien esta categoría de culturicidio que ya ha adquirido gran escala en el Sahara Occidental y se ha propagado a Mauritania. El difunto intelectual y diplomático saharaui Mohamed Fadel Uld Ismail Uld Es-Sweyih en los años noventa en su libro “El primer Estado Saharaui” aclaraba la configuración étnica afro-senhaya de los pobladores del Sahara Occidental en los siguientes términos:

“El pueblo saharaui es un pueblo africano, de origen árabe-negro-berberisco. Los saharauis pertenecen a los árabes de las tribus Hassán, fracción de los Beni Maquil (originarios de la península Arábiga), quienes llegaron al Sahara y a sus comarcas limítrofes durante los siglos XII y XIII y se mezclaron con las poblaciones berberiscas de Sanhadja que ya vivían en esta región desde el siglo VIII. La mezcla, a lo largo de los siglos, entre las poblaciones autóctonas (Sanhadja) y las poblaciones llegadas del norte, y también con las poblaciones afro-negras que poblaban originariamente la región, dio nacimiento a una población mora, compuesta particularmente de mauritanos y saharauis”. Uld Ismail (1998: 12)

Esta cita de Uld Ismail nos dilucida la abismal diferencia de origen ancestral y de configuración sociocultural actual que separa de Marruecos a estos dos pueblos, saharauis y mauritanos. Y nos advierte que este culturicidio está apareciendo procedente de una cultura intrusa, ajena e impuesta que Marruecos, que comenzó a imponer militarmente en los años setenta en los territorios saharauis ocupados, y que ahora comienza a aplicar en el otro tejido de la misma cultura, Mauritania, pretendiendo desconfigurarla y tergiversarla social y culturalmente.

Como antropólogo, he ido abriendo espacio en mi reflexión y preocupación a esta categoría de culturicidio y la he ido proyectando al mundo académico, tanto en Estados Unidos como en Europa. Resulta evidente la sabiduría saharaui y mauritana en su manera de sopesar un inminente peligro cuando decían, حوت يلكم حوت  es decir “el pez grande se come al chico”.

En un pasaje de mi libro “El sueño de volver” reflexiono sobre cómo el proceso de liberación nacional saharaui y su escuela de pensamiento han invertido en la educación de las nuevas generaciones saharauis, sobre todo los que éramos estudiantes de secundaria, y que fuimos formados por otros estudiantes que habían adquirido su bachillerato o el COU durante los últimos años del periodo colonial español en el Sahara Occidental.

“La meta principal inculcada en nuestras mentes era que pronto regresaríamos al estado saharaui libre y soberano y que nos estábamos preparando para llevar y asumir futuras responsabilidades en las infraestructuras de la nueva nación africana saharaui. Recuerdo que los profesores y los dirigentes que nos visitaban nos recalcaban que seríamos los forjadores del futuro y que España no nos había dejado gente preparada como cuadros, tan solo un profesor y un ATS que cayó en el 1976 en los bombardeos de la localidad de Um Draiga. Por eso se necesitaban médicos, ingenieros, periodistas, profesores, juristas, estadistas, economistas, antropólogos, abogados… Así nos orientaban en las conferencias que nos impartían aquellos cultos y bien parecidos jóvenes melenudos polisarios. Mahmud Awah (2007:51)

Hoy al pensar en este frente cultural y su poder desde su relato en común y compartido entre saharauis y mauritanos, me halaga pensar que juntos seremos suficientes porque ante ese peligro ya sumamos y no restamos por un objetivo de integridad cultural y de identidad hasanófona.  Pienso que ya hace tiempo que toca revertir lo invertido para saldar esa deuda educativa generacional que nos han dado los sabios, eruditos y poetas de nuestra cultura hasaní, y entender por dónde y cómo nos acecha el culturicidio marroquí y poner diques de contención intelectual. También de gestión del liderazgo que deben asumir los dirigentes de ambos pueblos, tanto a nivel regional como nacional. Y si lo logramos habremos cumplido lo que en el siglo pasado nos habría definido el líder y pensador africano Kwame Nkrumah. “No soy africano porque nací en África, sino porque África nació en mí”. Los saharauis y los mauritanos son el mismo pueblo que el colonizador dividió y dispersó en entidades tribales y étnicas unidas por la hasanofonía y su cultura de la que emana su pertenencia a esa parte del África hasanófona y del África saheliana-occidental.

En esta batalla los intelectuales deben estar concienciados y preparados para enfrentarse a esta lacra, alimentada por regímenes reaccionarios contemporáneos, que aún persisten en un continente, que dio mucho por lo más noble de la vida, la libertad, la igualdad, el respeto y la diferencia cultural y de identidad africana. Estos versos de Miguel de Unamuno traducidos y adaptados según la oratura y sus reglas de hasania, sirven para recordar a intelectuales y académicos mauritanos y saharauis que están abocados a desempeñar el rol que le deben a la cultura e identidad hasanófona. بين ايديكم يبك مثبوت\ ليام الفعل الترجم\ كم من شاعر عن ناس اموت\ ؤ فعل حي ابك يتكلم “Cuando me creáis más muerto/ retemblaré en vuestras manos”[6].

El peligro se trata de ser o no ser y como se dice con la filosofía popular hasanófona العاقل يفهم ابقمز “El aghel yafham ib ghamza”, es decir, “el inteligente entiende con un simple guiño”. La cultura hasanófona está en el ojo del huracán marroquí, y si no se enfrentan unidos saharauis y mauritanos a este devorador les engullirá irremediablemente.

Artículo completo en: EL PELIGRO ES COMÚN: EL CULTURICIDIO HASANÓFONO >> Y… ¿dónde queda el Sáhara? >> Blogs EL PAÍS