La intervención de Bachir Mustapha Sayed recuerda que el pueblo saharaui no está ante una simple disputa diplomática, sino ante una lucha de liberación nacional todavía abierta frente a la ocupación marroquí.
La intervención del presidente del Consejo Nacional Saharaui, Bachir Mustapha Sayed, durante la sesión de primavera del Parlamento saharaui, tiene una importancia que va más allá de la actividad institucional. Según recogió Sahara Press Service, su reflexión se centró en la necesidad de desarrollar el discurso político nacional para responder a las exigencias de la actual etapa de la lucha saharaui.
La idea de fondo es clara: el proyecto nacional saharaui sigue siendo un proyecto de liberación. No se trata de administrar una espera indefinida ni de adaptarse a la ocupación como si fuera un hecho consumado. El pueblo saharaui continúa luchando por completar sus objetivos históricos de libertad e independencia, en el marco de un proceso de descolonización bloqueado por la ocupación marroquí y por la falta de voluntad política internacional.
Bachir Mustapha Sayed subrayó que el discurso político saharaui debe responder a cada etapa de la lucha nacional. En los primeros años, ese discurso fue movilizador, firme y orientado a resistir la invasión, organizar al pueblo saharaui y demostrar que la ocupación no podía aplastar su voluntad. Después llegaron etapas marcadas por avances diplomáticos, políticos y militares, con la expectativa de una solución justa. Pero la reanudación de la lucha armada ha abierto una nueva fase, con desafíos propios, que exige mantener vivo el compromiso, la conciencia nacional y el espíritu de sacrificio.
La reflexión resulta especialmente importante en un momento en el que Marruecos y sus aliados intentan presentar el conflicto como un asunto cerrado, reducido a inversiones, planes de autonomía o equilibrios regionales. Frente a esa narrativa, el mensaje saharaui vuelve a situar el problema donde siempre ha estado: en la ocupación de un territorio no autónomo y en la negación de un derecho reconocido por Naciones Unidas. La guerra de liberación no nace de una retórica vacía; nace del bloqueo de la vía pacífica, de décadas de incumplimientos y de la negativa del ocupante a permitir que el pueblo saharaui decida libremente su futuro.
El presidente del Parlamento saharaui insistió también en que el discurso nacional no puede ser solo información o comunicación. Debe ser una herramienta de construcción moral, política y colectiva. Debe fortalecer la pertenencia, consolidar los principios nacionales y ayudar a transformar una realidad injusta en una realidad distinta. Dicho de otro modo: no basta con denunciar la ocupación; hay que sostener una conciencia colectiva capaz de resistirla, explicarla y combatirla en todos los terrenos.
Su intervención abordó además un aspecto sensible: las transformaciones sociales y económicas, las necesidades cotidianas y la tensión entre la realidad de la guerra y la presión del mercado. Es un punto fundamental. El pueblo saharaui lleva décadas resistiendo en condiciones durísimas, entre los campamentos de refugiados, los territorios ocupados, la diáspora y las zonas liberadas. Por eso el discurso nacional debe renovarse sin perder su raíz: liberación, justicia, soberanía, rechazo de la agresión y defensa del derecho de los pueblos a ser libres.
También es significativa su referencia a las redes sociales. No basta con lamentar la propaganda del ocupante ni con desear que desaparezcan los discursos que intentan confundir o desmovilizar. Hay que disputar ese terreno con claridad, argumentos y pedagogía política. La batalla por el Sáhara Occidental no se libra solo en el frente militar o en las salas diplomáticas. También se libra en la memoria, en el lenguaje, en los medios, en las redes y en la capacidad de nombrar correctamente lo que ocurre: ocupación, descolonización pendiente y derecho a la autodeterminación.
Por eso esta intervención no debe leerse como una simple reflexión interna. Es un recordatorio político. El pueblo saharaui no ha renunciado a su proyecto nacional. No acepta que la ocupación marroquí se convierta en normalidad. No acepta que el derecho internacional sea sustituido por relaciones de fuerza. Y no acepta que su causa sea reducida a un expediente diplomático gestionado sin su consentimiento.
El discurso saharaui, para estar a la altura de esta etapa, debe hablar al pueblo saharaui, pero también al mundo. Debe recordar que la paz verdadera no puede construirse sobre la negación de un pueblo. Y debe mantener viva una verdad elemental: el Sáhara Occidental no está pendiente de una fórmula de encaje dentro de Marruecos, sino de culminar un proceso de descolonización que la comunidad internacional lleva demasiado tiempo aplazando.