Donald Trump y el “Consejo de Paz” sospechoso – Por Mohamed Hassna Taleb en Liga de Periodistas y Escritores Saharauis en Europa

Donald Trump y el “Consejo de Paz” sospechoso – Por Mohamed Hassna Taleb en Liga de Periodistas y Escritores Saharauis en Europa

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado la creación de un llamado “Consejo de Paz” con el pretexto de supervisar una supuesta solución para Gaza. Pero lejos de representar un avance hacia la paz o una alternativa legítima al sistema multilateral, esta iniciativa despierta profundas sospechas por su carácter unilateral, mercantil y abiertamente contrario al derecho internacional. En este artículo, el periodista saharaui Mohamed Hassna Taleb analiza el trasfondo político de un proyecto que amenaza con vaciar de contenido a la ONU y consolidar una paz impuesta desde la fuerza y el interés estadounidense.

El 15 de enero de 2026, el presidente estadounidense Donald Trump anunció la creación de un Consejo de Paz destinado, según sus promotores, a supervisar y acompañar un plan de resolución de la situación en la Franja de Gaza. Sin embargo, desde entonces han comenzado a circular informaciones que apuntan a que este órgano podría asumir en el futuro competencias mucho más amplias, orientadas a intervenir en conflictos internacionales y a gestionar crisis globales, con la pretensión incluso de sustituir a Naciones Unidas, a la que se presenta como una institución “fracasada”.

Se equivoca quien piense que Trump ha impulsado este Consejo como un acto de contrición por los crímenes de Estados Unidos o por sus reiteradas violaciones del derecho internacional, visibles en Afganistán, Irak, Libia o Siria, así como en las agresiones contra Irán y Venezuela, o en su declarada ambición de apropiarse de Groenlandia. El autor del lema “America First” no actúa movido por la ética, la humildad ni el respeto a los pueblos. No escucha la voluntad de las naciones que luchan por su liberación, ni respeta la soberanía de los Estados, ni se preocupa por su estabilidad o desarrollo.

Trump representa un perfil político volátil y arrogante, guiado exclusivamente por el interés estadounidense, la notoriedad personal, el beneficio económico y el control de los recursos del mundo por cualquier medio. Prueba de ello es la exigencia de una contribución económica millonaria para acceder a la membresía de su Consejo de Paz, una condición que algunos jefes de Estado han aceptado, mientras otros dudan ante la falta de credibilidad de un dirigente cuyas decisiones cambian de un día para otro.

Que este órgano se presente bajo la etiqueta de “paz” no lo convierte en una alternativa válida ni legítima a Naciones Unidas y a su entramado de organismos internacionales. Más bien parece un intento calculado de despojar a la ONU de lo que aún conserva de espíritu jurídico y moral, basado en la legalidad internacional, las cartas fundacionales y los principios universales de los derechos humanos.

Desde la caída de la Unión Soviética en diciembre de 1991, Estados Unidos ha ejercido una hegemonía brutal en un mundo marcado por la unipolaridad. Hoy, bajo el liderazgo de un presidente obsesionado con las transacciones, las inversiones y la apropiación de beneficios globales, esa dominación no solo no se atenúa, sino que se radicaliza. Nada de ello puede generar confianza entre los pueblos del mundo, salvo, quizá, en el caso de Israel.

La creación de un Consejo de Paz concebido desde una óptica exclusivamente estadounidense implica someter el futuro de los conflictos internacionales a la ley del más fuerte y a la primacía del interés norteamericano, al margen del derecho internacional, de la ética y de los valores humanos. Es la continuación de una política basada en la coerción, el impacto directo, la intimidación y la rápida neutralización de cualquier forma de resistencia.

En este contexto, resulta legítimo preguntarse si aún es posible hablar de seguridad y estabilidad globales cuando la “paz” se convierte en una herramienta de dominación, instrumentalizada por un dirigente que aspira a premios y reconocimientos vacíos de contenido moral, ajenos por completo al espíritu que inspiró el Nobel de la Paz.

El escenario que hoy encarna Trump no es una anomalía, sino la expresión renovada de la política profunda del Estado estadounidense: una política alimentada por la obsesión por el poder, el delirio de grandeza y la voluntad de controlar cada rincón del planeta, en un sistema internacional que no admite reparto ni equilibrio.

Bajo esta hegemonía, los pueblos y Estados continúan sufriendo amenazas, intervenciones militares y sanciones económicas asfixiantes, reforzadas por el control del sistema financiero internacional y la imposición del dólar como moneda obligatoria en el comercio global. Este mecanismo basta para imponer sumisión y dependencia, vaciando de contenido conceptos como justicia, soberanía o desarrollo.

Ante este panorama de caos y desorden, surge inevitablemente la pregunta de si potencias como China y Rusia, junto a sus aliados, acabarán reaccionando frente a décadas de dominación estadounidense impuesta tras el colapso soviético, una hegemonía construida sobre la violación sistemática de la legalidad internacional y del derecho de los pueblos a decidir libremente su destino.

Origen: دونالد ترامب ومجلس السلام المشبوه – رابطة الصحفيين و الكتاب الصحراويين بأوروبا


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