El expolio del Sáhara Occidental : cuando el expansionismo por la fuerza deja de fingir

El expolio del Sáhara Occidental : cuando el expansionismo por la fuerza deja de fingir

El Sáhara Occidental no es un conflicto enquistado ni una anomalía heredada del pasado. Es un laboratorio político del presente. En él se ensaya, sin pudor, un modelo de relaciones internacionales basado en la fuerza, el expolio y la negación sistemática del derecho internacional. Lo que ocurre hoy en torno al Sáhara no es un residuo del colonialismo: es su actualización.

El retorno de Donald Trump al centro del escenario mundial no crea esta lógica, pero la acelera y la desnuda. La dominación ya no necesita coartadas. Los territorios se conciben como activos estratégicos, los pueblos como obstáculos y el derecho internacional como un estorbo prescindible. Cuando la rentabilidad sustituye a la legalidad, la ocupación deja de ser un problema y pasa a ser un método.

Marruecos ocupa el Sáhara Occidental desde hace casi cincuenta años en violación abierta del derecho internacional. No es una interpretación política: es un hecho jurídico reiterado por Naciones Unidas, por la Corte Internacional de Justicia y por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Sin embargo, esa ilegalidad no solo no ha tenido consecuencias, sino que ha sido progresivamente normalizada, blanqueada y premiada.

La ocupación se ha sostenido mediante la represión, la colonización demográfica y el expolio sistemático de los recursos naturales saharauis. Fosfatos, pesca, energías renovables, hidrocarburos, ahora también tierras raras. El Sáhara Occidental no es periférico en la disputa global por los recursos: es una pieza clave. Su valor económico y geoestratégico explica la impunidad de la que goza Marruecos.

El llamado plan de “autonomía” marroquí no es una propuesta de solución, sino la formalización del despojo. Niega el derecho a la autodeterminación, liquida al pueblo saharaui como sujeto político y convierte la ocupación en administración ordinaria. Defenderlo como “realista” equivale a asumir que el derecho internacional solo se aplica cuando no molesta a los poderosos.

Estados Unidos, bajo Trump, ha llevado esta lógica a su expresión más brutal al reconocer una soberanía inexistente sobre un territorio pendiente de descolonización. Ese gesto no fue simbólico: fue un mensaje. Si la fuerza se impone y resiste, termina siendo legitimada. Ese precedente no se limita al Sáhara Occidental. Afecta a todo el sistema internacional.

España no puede eludir su responsabilidad. Fue potencia colonial, sigue siendo potencia administradora de iure y, sin embargo, ha optado por abandonar el derecho en favor de la conveniencia política. El giro español sobre el Sáhara Occidental no fue una decisión técnica ni inevitable: fue una renuncia consciente, adoptada sin debate democrático y contra sus propias obligaciones internacionales.

Esa renuncia tiene consecuencias. Para el pueblo saharaui, condenándolo a la ocupación indefinida. Para España, debilitando su posición jurídica y política. Para Canarias, Ceuta y Melilla, expuestas a una lógica expansiva que ya no reconoce límites cuando se le concede el primer botín.

El silencio institucional, especialmente en los territorios más directamente afectados, no es neutralidad. Es vulnerabilidad. Callar ante el expolio del Sáhara Occidental no protege a nadie. Al contrario: normaliza la idea de que los territorios pueden ser intercambiados, sacrificados o explotados si el equilibrio de fuerzas lo permite.

El Sáhara Occidental es hoy una línea de fractura del orden internacional. Si su ocupación se consolida como hecho consumado, el mensaje es claro: el derecho internacional ha dejado de ser un límite y se ha convertido en un decorado. Defender la autodeterminación del pueblo saharaui no es una causa lejana ni simbólica. Es defender la vigencia misma del derecho frente a la ley del más fuerte.

Este blog asume esa tarea sin ambigüedades. Nombrar la ocupación, denunciar el expolio y señalar las responsabilidades no es radicalismo: es coherencia política y jurídica. El imperialismo ya no se oculta. El Sáhara Occidental sigue siendo su prueba más evidente.

Carlos C. García – PLATAFORMA «NO TE OLVIDES DEL SAHARA OCCIDENTAL«


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