El nuevo contexto desde el que Estados Unidos mira al Sáhara Occidental: geopolítica de los minerales y un derecho que no se puede sortear

El nuevo contexto desde el que Estados Unidos mira al Sáhara Occidental: geopolítica de los minerales y un derecho que no se puede sortear

El artículo “Washington, les minéraux critiques et le dossier saharien : un réalignement géopolitique sous contrainte de droit”, firmado por Belgacem Merbah y publicado el 28 de enero de 2026, analiza cómo la creciente prioridad estratégica de Estados Unidos en torno a los minerales críticos está reconfigurando su aproximación al Sáhara Occidental. Un giro marcado por la diplomacia transaccional, que sin embargo no logra —ni puede— alterar el marco jurídico internacional que sigue definiendo el territorio como pendiente de descolonización.


El autor sitúa con precisión el nuevo contexto en el que Washington vuelve a mirar al Sáhara Occidental: no desde la resolución del proceso de autodeterminación, sino desde la urgencia por asegurar cadenas de suministro estratégicas en un escenario de competencia global, especialmente con China. La gira de Massad Boulos por el Magreb y su perfil como enlace entre diplomacia y seguridad industrial ilustran una política exterior cada vez más orientada por intereses económicos concretos.

Uno de los aportes centrales del texto es la clara distinción entre dos planos que a menudo se confunden deliberadamente: la proclamación presidencial estadounidense de diciembre de 2020 y el marco de legalidad internacional fijado por Naciones Unidas. El llamado “reconocimiento” de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental es un acto político unilateral, sin efectos jurídicos en el sistema onusiano. No altera ni el estatuto del territorio como no autónomo ni el mandato de la MINURSO, que sigue supervisando un proceso de autodeterminación inconcluso.

En ese sentido, el artículo desmonta la presentación del plan marroquí de autonomía de 2007 como una solución ya existente. Se trata, recuerda Merbah, de una propuesta abierta, sin mecanismos definidos de aplicación, sin garantías internacionales y sujeta —según la propia ONU— a la condición de ser mutuamente aceptable y conforme al derecho a la autodeterminación. Convertirla en un hecho consumado no responde a un realismo jurídico, sino a una estrategia de comunicación política.

Especial importancia adquiere la referencia a las sentencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea de octubre de 2024. El TJUE no solo anuló la aplicación de los acuerdos UE-Marruecos al Sáhara Occidental, sino que reafirmó que el consentimiento del pueblo saharaui es una condición indispensable. Además, dejó claro que los supuestos beneficios económicos no pueden sustituir ese consentimiento ni confundirse la población residente con el sujeto titular del derecho a decidir.

El texto conecta esta dimensión jurídica con la economía política del territorio. El yacimiento de fosfatos de Bu Craa continúa siendo un activo estratégico central, mientras Estados Unidos acelera su propia estrategia de relocalización industrial en tierras raras y magnetos, apoyándose en alianzas público-privadas y en una fuerte implicación del Estado federal. Pero este giro no “cierra” el expediente saharaui: al contrario, lo vuelve más sensible desde el punto de vista del derecho internacional.

Merbah aborda también el papel de Argelia desde una perspectiva poco habitual en el debate mediático. Lejos de ser una “parte encubierta” del conflicto, Argelia es un actor regional clave, pero el marco jurídico de la ONU sigue identificando al Marruecos ocupante y al Frente Polisario como las partes en el diferendo. El llamado “silencio” argelino no es ambigüedad, sino una diplomacia institucional constante, basada en principios y no en gestos mediáticos.

Particularmente esclarecedor resulta el apartado dedicado a desmontar los relatos propagandísticos: la sobreinterpretación de cada visita estadounidense, la confusión interesada entre reconocimiento político y legalidad internacional, o el mito de un Sáhara Occidental “ya resuelto”. Si el dossier estuviera cerrado, recuerda el autor, no existiría la MINURSO ni la ONU seguiría hablando de autodeterminación como referencia central.

La conclusión apunta al núcleo del problema actual. La diplomacia del art of the deal no puede sustituir al Estado de derecho. Ninguna arquitectura política será viable si no articula control real sobre los recursos, garantías internacionales y poderes efectivos de autogobierno, todo ello con el consentimiento expreso del pueblo saharaui. Sin ese elemento, cualquier “solución” seguirá chocando con el derecho internacional, por mucho que se repita en titulares.

En el trasfondo, el texto explica bien dos actitudes opuestas: la serenidad de Argelia, basada en la constancia jurídica, y el nerviosismo del régimen marroquí, atrapado en una huida hacia adelante propagandística. El futuro del Sáhara Occidental no depende de giras diplomáticas ni de declaraciones grandilocuentes, sino de la capacidad de los actores internacionales para devolver el derecho internacional al centro del compromiso político.

Por PLATAFORMA «NO TE OLVIDES DEL SAHARA OCCIDENTAL»

Origen: Washington, les minéraux critiques et le dossier saharien : un réalignement géopolitique sous contrainte de droit


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