El Sáhara Occidental en el Congreso de EE. UU.: cuando la descolonización se intenta convertir en cuestión de seguridad

El Sáhara Occidental en el Congreso de EE. UU.: cuando la descolonización se intenta convertir en cuestión de seguridad

Declaraciones aisladas en Washington buscan reencuadrar el conflicto saharaui desde una óptica securitaria, pese a que Naciones Unidas lo mantiene como proceso de descolonización pendiente.

En las últimas semanas han surgido en el Congreso de Estados Unidos algunas iniciativas y declaraciones —impulsadas por un número reducido de legisladores, entre ellos Joe Wilson— que intentan presentar al Frente Polisario bajo un prisma estrictamente securitario. Este enfoque no es nuevo, pero reaparece de forma cíclica cuando el conflicto del Sáhara Occidental entra en fases de reactivación diplomática.

El elemento central de estas intervenciones consiste en desplazar el marco del debate: de un proceso de descolonización pendiente, reconocido por Naciones Unidas, hacia una narrativa de seguridad regional y lucha contra el extremismo. Ese cambio de encuadre no es menor. Transformar una cuestión jurídica internacional en un expediente de seguridad altera tanto su tratamiento político como su percepción pública.

Conviene, no obstante, introducir un matiz importante: estas posiciones no representan una línea oficial consolidada del Congreso ni del Ejecutivo estadounidense. Se trata, hasta el momento, de iniciativas aisladas que no han cristalizado en decisiones legislativas ni en designaciones formales. Los mecanismos institucionales estadounidenses —incluidos los análisis especializados del aparato legislativo— continúan enmarcando la cuestión saharaui dentro del proceso auspiciado por Naciones Unidas.

El Sáhara Occidental sigue inscrito como Territorio No Autónomo pendiente de descolonización, y el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui permanece como principio rector reconocido por la comunidad internacional. Intentar reconducir el debate hacia categorías propias de la lucha antiterrorista supone, en la práctica, sustituir un marco jurídico internacional por uno de política de seguridad.

También es importante no sobredimensionar estas declaraciones. Amplificar posiciones minoritarias puede formar parte, consciente o no, de una estrategia de presión narrativa. En ocasiones, el objetivo no es tanto producir un cambio legislativo inmediato como introducir una etiqueta en el debate público que, repetida, termine desplazando el marco conceptual del conflicto. La prudencia analítica exige distinguir entre iniciativas con capacidad real de incidencia y declaraciones destinadas principalmente a generar titulares.

Ese desplazamiento tendría implicaciones significativas si llegara a consolidarse. No solo afectaría a la dinámica diplomática en el Magreb, sino también a la coherencia de la política exterior estadounidense, que históricamente ha respaldado el proceso dirigido por la ONU. Introducir categorías de seguridad en un conflicto de descolonización no facilita su resolución; más bien tiende a rigidizar posiciones y a reducir los márgenes políticos.

En el contexto del 50 aniversario de la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática, este episodio revela una tensión recurrente: la pugna entre el marco jurídico internacional y las lecturas estratégicas coyunturales. La cuestión saharaui no necesita ser reinterpretada como problema de seguridad para adquirir relevancia geopolítica. Su fundamento sigue siendo jurídico.

El debate en Washington es legítimo. Lo que está en juego es su encuadre. Porque cuando un proceso de descolonización se redefine como expediente de seguridad, no solo cambia el lenguaje: cambia también la naturaleza del problema y las soluciones posibles. Mantener la claridad conceptual no es una cuestión retórica, sino una condición para cualquier salida coherente y duradera.


Descubre más desde No te olvides del Sahara Occidental

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.