El artículo «Sahara occidental : pendant que l’Europe protège son commerce avec Rabat, Washington prépare le “deal d’après” avec l’Algérie», publicado por Ali Attar el 20 de marzo de 2026, plantea una lectura geopolítica clara: mientras la Unión Europea intenta preservar sus intereses comerciales con Marruecos, Estados Unidos avanza en la reconfiguración estratégica del conflicto del Sáhara Occidental.
TEMA DEL DÍA – 21 de marzo de 2026 | El Sáhara Occidental en el nuevo tablero global: Europa protege el comercio mientras EE.UU. mueve ficha
El análisis parte de un hecho revelador: la dificultad de la Unión Europea para aplicar plenamente las decisiones del Tribunal de Justicia de la UE sobre el Sáhara Occidental. A pesar de que la jurisprudencia europea ha dejado claro que los productos del territorio no pueden ser considerados marroquíes sin el consentimiento del pueblo saharaui, Bruselas continúa gestionando la cuestión como un problema técnico —de etiquetado y comercio— evitando abordar su dimensión política y jurídica de fondo.
En este contexto, el artículo subraya el contraste con la estrategia estadounidense. Washington no se limita a una aproximación diplomática, sino que ha impulsado negociaciones directas entre las partes implicadas —Marruecos, el Frente Polisario, Argelia y Mauritania— al tiempo que refuerza su posicionamiento en el ámbito de los recursos estratégicos. La mirada estadounidense no se centra únicamente en el conflicto, sino en el potencial económico de la región, especialmente en sectores clave como los minerales, las energías renovables o las materias primas críticas.
El texto insiste en un punto central: el creciente papel de Argelia como actor estratégico. Frente a la dependencia tradicional de Marruecos en determinados recursos, Estados Unidos estaría explorando alternativas que pasan por integrar a Argelia y al Frente Polisario en un eventual nuevo esquema de gobernanza. Esto permitiría diversificar el acceso a recursos y anticipar un escenario en el que la cuestión del consentimiento del pueblo saharaui vuelva a ser determinante.
Europa ante un riesgo estratégico
Uno de los elementos más relevantes del análisis es la advertencia sobre la posición europea. Al priorizar la continuidad de sus intercambios comerciales con Marruecos, la Unión Europea podría estar comprometiendo su capacidad de influencia futura. Si el marco jurídico internacional se impone —como apuntan las decisiones del TJUE— y el consentimiento saharaui se convierte en condición efectiva para la explotación de recursos, las empresas europeas podrían quedar en una situación de vulnerabilidad.
En paralelo, Estados Unidos habría avanzado ya en la construcción de relaciones con todos los actores implicados, posicionándose para un escenario posterior al actual bloqueo político. En ese contexto, el Sáhara Occidental deja de ser únicamente un conflicto territorial para convertirse en un espacio clave dentro de las cadenas de suministro estratégicas globales.
Más allá del comercio: una reconfiguración del conflicto
La tesis de fondo del artículo es clara: la Unión Europea estaría gestionando el Sáhara Occidental como un expediente comercial, mientras que Estados Unidos lo aborda como un nodo estratégico de poder y recursos. Esta diferencia de enfoque no solo condiciona el presente del conflicto, sino también su evolución futura.
Así, el Sáhara Occidental aparece cada vez más como un escenario donde se cruzan tres dimensiones: el derecho internacional, los equilibrios geopolíticos y el control de recursos estratégicos. Y en ese cruce, las decisiones actuales pueden determinar quién estará presente —y quién no— en la configuración del escenario posterior.
El análisis de Ali Attar introduce un elemento clave para entender el momento actual: el desplazamiento del conflicto hacia una lógica de competencia estratégica global. Mientras el marco jurídico sigue marcando los límites —especialmente en torno al consentimiento del pueblo saharaui—, las grandes potencias comienzan a posicionarse en función de intereses económicos y de seguridad.
En ese contexto, la cuestión ya no es solo cómo se resolverá el conflicto, sino quién estará en condiciones de beneficiarse de su eventual resolución.
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