Médicos del Mundo recuerda sus treinta años de trabajo en los campamentos saharauis y vuelve a poner sobre la mesa una realidad que rara vez ocupa titulares: casi medio siglo después del inicio del exilio, decenas de miles de personas continúan esperando que se resuelva una descolonización pendiente.
Hay crisis humanitarias que desaparecen de las portadas sin que hayan terminado. Simplemente dejan de formar parte de la conversación pública. El exilio del pueblo saharaui es una de ellas. Mientras la atención internacional se desplaza de una guerra a otra, decenas de miles de refugiados siguen viviendo en los campamentos de Tinduf casi cincuenta años después de abandonar su tierra.
Con motivo de sus treinta años de trabajo junto al sistema sanitario saharaui, Médicos del Mundo ha recordado esta semana una realidad que no debería resultar normal. Desde 1995 la organización acompaña a las autoridades sanitarias de la República Saharaui en la atención médica, el suministro de medicamentos esenciales, la formación de profesionales y el fortalecimiento de un sistema de salud que ha debido desarrollarse en condiciones extremadamente difíciles. Treinta años de cooperación continuada hablan tanto del compromiso de quienes trabajan sobre el terreno como de la incapacidad de la comunidad internacional para resolver el problema que originó esa emergencia.
Las cifras siguen siendo elocuentes. Varias generaciones de saharauis han nacido y crecido en los campamentos de refugiados. La inseguridad alimentaria, la anemia, la desnutrición infantil y la dependencia de la ayuda humanitaria continúan formando parte de la vida cotidiana, mientras mujeres embarazadas, menores y personas con enfermedades crónicas siguen siendo especialmente vulnerables.
Pero reducir esta realidad a una crisis humanitaria sería quedarse solo en la superficie. El origen del exilio no fue una catástrofe natural ni un conflicto interno, sino una descolonización inconclusa. Naciones Unidas continúa considerando el Sáhara Occidental un territorio no autónomo pendiente de descolonización y mantiene vigente el derecho del pueblo saharaui a decidir libremente su futuro. Sin embargo, el paso del tiempo ha convertido una situación que debía ser provisional en una de las crisis de refugio más prolongadas del mundo.
Las fotografías difundidas por Médicos del Mundo muestran consultas médicas, campañas oftalmológicas, formación de matronas y equipos sanitarios trabajando en condiciones difíciles. Son imágenes de cooperación, pero también de resistencia cotidiana. Porque sostener durante décadas un sistema sanitario en pleno desierto requiere mucho más que ayuda exterior: exige la implicación constante de profesionales saharauis que han convertido la salud pública en una prioridad nacional pese a las enormes limitaciones materiales.
Quizá la reflexión más incómoda sea precisamente esa. Lo extraordinario no es que Médicos del Mundo lleve treinta años trabajando junto al pueblo saharaui. Lo verdaderamente excepcional es que, cincuenta años después del inicio del exilio, siga siendo necesario hacerlo porque la comunidad internacional continúa sin resolver el problema político que dio origen a una crisis humanitaria que nunca debió prolongarse durante medio siglo.
Mientras existan campamentos de refugiados levantados como solución provisional hace casi cincuenta años, el Sáhara Occidental seguirá recordando que la descolonización no pertenece al pasado. Sigue siendo una tarea pendiente del presente.
Médicos del Mundo recuerda sus treinta años de trabajo en los campamentos saharauis y vuelve a poner sobre la mesa una realidad que rara vez ocupa titulares: casi medio siglo después del inicio del exilio, decenas de miles de personas continúan esperando que se resuelva una descolonización pendiente.