Gas, poder y equilibrio regional: el nuevo pulso energético en el Magreb en 2026

Gas, poder y equilibrio regional: el nuevo pulso energético en el Magreb en 2026

La aceleración de los proyectos gasísticos en el norte de África no es un fenómeno puramente económico. En 2026, la competencia entre corredores energéticos revela una reorganización más profunda del equilibrio magrebí, en un contexto en el que la Unión Europea busca reducir su dependencia estructural del gas ruso.

En ese escenario emergen dos ejes distintos: el corredor transahariano hacia Argelia y el eje atlántico promovido por Marruecos.

Un corredor interior con anclaje europeo

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/7/7e/Gas_pipelines_across_Mediterranee_and_Sahara_map-en.svg

El Gasoducto Transahariano, concebido para conectar Nigeria, Níger y Argelia, pretende desembocar en el gran nodo de Hassi R’Mel, corazón del sistema exportador argelino hacia Europa.

La diferencia clave no está solo en el volumen previsto, sino en la infraestructura ya existente. Argelia dispone de conexiones consolidadas con Italia y España, lo que convierte el proyecto en una ampliación de un sistema operativo, no en una apuesta completamente nueva.

Eso refuerza su posición como socio energético estructural del Mediterráneo occidental.

El eje atlántico como apuesta estratégica marroquí

Frente a esa lógica interior, Marruecos impulsa el gasoducto Nigeria–Marruecos, concebido para recorrer la costa atlántica africana hasta enlazar con Europa.

Este proyecto no es únicamente energético: forma parte de una estrategia más amplia de proyección hacia África occidental y de consolidación como plataforma euroafricana alternativa.

En términos geopolíticos, ambos corredores representan modelos distintos de inserción regional:

  • Argelia apuesta por la centralidad mediterránea.
  • Marruecos proyecta un eje atlántico ampliado.

Energía y rivalidad estructural

La competencia energética se inscribe en una rivalidad magrebí de fondo que atraviesa múltiples dimensiones: diplomática, económica y de posicionamiento continental.

El control o la centralidad en los grandes corredores energéticos refuerza capacidad de negociación con Bruselas, acceso a financiación e influencia política regional.

En este marco, el equilibrio de poder en el Magreb no se define únicamente por discursos diplomáticos, sino por infraestructuras estratégicas capaces de generar interdependencias a largo plazo.

El factor Sahel y la variable estabilidad

Cualquier trazado que atraviese el Sahel debe enfrentarse a un entorno marcado por fragilidad institucional y presencia de actores armados. Garantizar seguridad física al corredor se convierte en un elemento tan decisivo como la financiación.

Para la Unión Europea, la ecuación es directa: seguridad energética y estabilidad regional están vinculadas. El actor que pueda ofrecer ambas dimensiones refuerza su posición como socio estratégico.

Infraestructuras, reconocimiento y narrativas de poder

Más allá de los aspectos técnicos, los grandes corredores energéticos consolidan narrativas políticas.

Un Estado que se convierte en eje de tránsito estratégico amplía su margen de influencia en foros internacionales, mejora su interlocución con la Unión Europea y refuerza su posición en debates regionales. La energía no es solo exportación: es legitimidad, centralidad y capacidad de condicionar agendas.

En el caso magrebí, esta dimensión tiene una lectura adicional. La competencia entre corredor interior y eje atlántico se desarrolla en un contexto de tensiones políticas persistentes y de desacuerdo estructural sobre el modelo de integración regional.

Las infraestructuras, en ese sentido, no son neutrales: configuran equilibrios.

El trasfondo del Sáhara Occidental en el equilibrio regional

Sin convertir la cuestión energética en una derivada automática del conflicto saharaui, es evidente que la rivalidad estructural entre Argelia y Marruecos constituye el marco político en el que se inscriben estos proyectos.

La proyección atlántica marroquí forma parte de una estrategia más amplia de consolidación como plataforma euroafricana. La centralidad mediterránea argelina refuerza su papel como actor clave entre África occidental y Europa.

En ese equilibrio, el Sáhara Occidental no es un elemento aislado, sino una variable estructural de la relación entre ambos Estados. La consolidación de infraestructuras estratégicas influye indirectamente en la correlación de fuerzas regional, en la capacidad de negociación ante socios europeos y en la arquitectura de alianzas continentales.

La energía no determina por sí sola la evolución política del conflicto, pero sí contribuye a configurar el contexto en el que ese conflicto se desarrolla.

2026 como punto de inflexión

La competencia entre corredores no se resolverá únicamente por declaraciones políticas, sino por plazos, financiación y estabilidad territorial.

Si el eje interior avanza con mayor rapidez, Argelia reforzará su centralidad energética mediterránea. Si el eje atlántico logra consolidarse, Marruecos ampliará su proyección hacia África occidental y Europa.

En ambos casos, el norte de África vuelve a situarse en el centro del tablero energético europeo. Y en ese tablero, el gas es algo más que una mercancía: es un instrumento de poder y una pieza clave en la reconfiguración del equilibrio regional.


Descubre más desde No te olvides del Sahara Occidental

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.