Sáhara Occidental | El gasoducto marroquí y la distancia entre la propaganda y la realidad

Lanzamiento oficial de las obras del tramo argelino del Gasoducto Transahariano (TSGP). Fuente: Sonatrach.

Marruecos lleva años presentando el llamado Gasoducto Africano Atlántico como una de las grandes infraestructuras del futuro de África: casi 6.800 kilómetros, conexión entre Nigeria y Europa, integración energética regional y una ruta estratégica que reforzaría el papel de Rabat en África occidental. Sobre el papel, el proyecto es gigantesco. Sobre el terreno, sin embargo, sigue estando muy lejos de convertirse en una infraestructura real.

El presidente argelino, Abdelmadjid Tebboune, volvió sobre esta cuestión en su entrevista del 3 de octubre con la prensa nacional. Defendió el gasoducto transahariano Nigeria-Níger-Argelia y cuestionó abiertamente la lógica económica del proyecto promovido por Marruecos. Su formulación fue provocadora: después de atravesar tantos países y asumir tantas cargas de tránsito, vino a preguntarse qué quedaría finalmente del gas transportado. La respuesta fue gráfica: poco más que “aire”.

La crítica no procede únicamente de Argel. El experto estadounidense Jeffrey D. Porter, director de North Africa Risk Consulting, ha señalado también dudas importantes sobre la viabilidad económica del corredor atlántico. Porter ha puesto el foco en la enorme longitud del trazado, el número de países implicados, los costes acumulados y la dificultad de garantizar una rentabilidad suficiente para una infraestructura de semejante magnitud. La cuestión de fondo es sencilla: un gasoducto no se construye con campañas de relaciones públicas, sino con financiación cerrada, acuerdos duraderos, compradores garantizados y perspectivas reales de recuperar la inversión.

Frente a esa acumulación de anuncios, el Trans-Saharan Gas Pipeline (TSGP) ha dado en 2026 un paso material que el proyecto marroquí todavía no ha dado. El 4 de junio, Sonatrach anunció oficialmente el inicio de las obras del tramo argelino en Aoulef, con un trazado que seguirá el corredor transahariano desde la frontera con Níger hasta Hassi R’Mel, corazón del sistema gasista argelino. Es decir, Argelia no está presentando únicamente mapas y declaraciones de intención: ha comenzado a ejecutar infraestructura.

El proyecto impulsado por Marruecos y Nigeria también ha avanzado en el plano institucional. En julio, los Estados de la CEDEAO firmaron en Freetown el acuerdo intergubernamental que establece el marco político del Gasoducto Africano Atlántico. Pero el propio comunicado oficial marroquí reconoce cuál es la situación real: todavía deben crearse la sociedad del proyecto y su autoridad de gobernanza, movilizarse los inversores y prepararse la decisión final de inversión. La obra, por tanto, sigue pendiente de los pasos que convierten un proyecto político en una inversión ejecutable.

Ahí está la comparación que Rabat intenta ocultar bajo una sucesión de cumbres, memorandos y anuncios. Argelia ha iniciado obras; Marruecos sigue buscando convertir su gran relato energético en una infraestructura financiada y construible. Uno puede discutir las cifras concretas utilizadas por Tebboune, pero no el dato esencial: hoy el TSGP dispone de una realidad material muy superior a la del corredor atlántico.

Para el Sáhara Occidental, además, esta competencia energética tiene una dimensión política evidente. Marruecos lleva años utilizando grandes proyectos de infraestructuras, energía y logística para integrar el territorio ocupado en su planificación nacional y proyectar hacia el exterior una imagen de soberanía consolidada. Dajla aparece una y otra vez dentro de esa estrategia. No se trata solo de economía: cada carretera, puerto, planta energética o corredor proyectado sobre el territorio sirve también para normalizar una ocupación que el derecho internacional no ha convertido en soberanía.

Por eso la batalla entre ambos gasoductos no debe leerse únicamente como una disputa técnica entre dos rutas. Es también una batalla de poder regional, de acceso a Europa, de influencia en África occidental y de propaganda geopolítica. Y, a día de hoy, la diferencia entre ambos proyectos es difícil de esconder: Argelia puede enseñar obras; Marruecos todavía necesita que sus anuncios se conviertan en financiación, inversión y tuberías.

Fuentes: declaraciones del presidente Abdelmadjid Tebboune del 3 de octubre de 2026; análisis de Jeffrey D. Porter; Sonatrach; ONHYM; comunicados oficiales sobre el Gasoducto Africano Atlántico y el TSGP.

Análisis propio: NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL.

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