Sáhara Occidental | Gdeim Izik: cuando una huelga de hambre deja de ser noticia y sigue siendo una emergencia

Quince días de huelga de hambre, presos con la salud deteriorada, familias sometidas a restricciones y una decisión de Naciones Unidas de 2023 que sigue sin traducirse en su liberación. Ayer volvimos a hablar de Gdeim Izik. Y quizá precisamente porque el asunto empieza a repetirse conviene insistir: lo verdaderamente grave sería acostumbrarse.

LA LECTURA DEL DÍA — 9 de octubre de 2026 | NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL

Los presos saharauis de Gdeim Izik entraron ayer en su decimoquinto día de huelga de hambre. Algunos de los que comenzaron la protesta ya han tenido que abandonarla por el deterioro de su salud; otros continúan utilizando su propio cuerpo como último instrumento para exigir que se atiendan sus reclamaciones y se ejecuten decisiones internacionales que llevan años pendientes. Las familias denuncian restricciones de visitas, falta de información y necesidad de atención médica. Y, mientras pasan los días, la posibilidad de que todo termine reducido a una noticia repetida resulta cada vez más inquietante.

No estamos ante una protesta nacida de repente. El Grupo de Trabajo de Naciones Unidas sobre la Detención Arbitraria emitió en 2023 un dictamen sobre miembros de Gdeim Izik y las organizaciones saharauis llevan años reclamando que sus consecuencias se hagan efectivas. Entretanto, continúan las denuncias sobre dispersión penitenciaria, aislamiento, traslados, dificultades para recibir visitas y deterioro de la salud. Quince días de huelga de hambre vuelven a poner el mismo problema delante de quienes prefieren no verlo.

Por eso tiene importancia también lo que ocurrirá el próximo lunes en Madrid. Desde hace cinco años y medio, el Movimiento por los Presos Políticos Saharauis en cárceles marroquíes se concentra cada semana ante el Ministerio de Asuntos Exteriores. Este 12 de octubre, de 12:30 a 13:30 horas, en la Plaza de la Provincia, volverá a hacerlo mientras varios presos siguen en huelga de hambre. Una hora por los presos de Gdeim Izik puede parecer un gesto pequeño. No lo es cuando quienes están al otro lado llevan años intentando que alguien escuche.

Ayer hablamos también de la nacionalidad saharaui y de la nueva propuesta de Sumar para intentar salvarla mediante un decreto-ley. Es otro asunto importante, y volverá a exigir una respuesta del Gobierno. Pero hay días en que conviene recordar que, mientras la política discute procedimientos, plazos y fórmulas jurídicas, hay saharauis que están poniendo en riesgo su salud para reclamar algo mucho más elemental: que se respeten sus derechos y que las decisiones internacionales no terminen convertidas en papel olvidado.

Gdeim Izik no puede convertirse en otra información. Ni las huelgas de hambre pueden transformarse en una rutina informativa que solo recupere atención cuando la salud de alguno de los presos llegue al límite. Si después de quince días seguimos hablando de ellos, no es porque falten otros asuntos. Es porque el silencio sería exactamente lo que permitiría que todo continuara igual.

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