
La huelga de hambre iniciada el 23 de septiembre por presos saharauis del grupo Gdeim Izik alcanza este jueves su decimoquinto día. Las familias denuncian nuevas restricciones a las visitas, falta de información y un deterioro de la salud de los huelguistas, mientras continúan los llamamientos para que Naciones Unidas y las organizaciones internacionales intervengan.
No hay una gran novedad que cambie el fondo de la situación. Y quizá precisamente por eso conviene no dejar que desaparezca de la actualidad. Quince días después del inicio de la protesta, los presos saharauis de Gdeim Izik continúan reclamando el respeto de sus derechos, el fin de las medidas que denuncian como punitivas y su traslado a prisiones próximas a sus familias en el Sáhara Occidental ocupado. La Liga para la Protección de los Presos Saharauis en las Cárceles Marroquíes ya había denunciado tras el comienzo de la huelga traslados, aislamiento, restricciones de contacto y otras medidas de represalia.
La situación más reciente afecta a Mohamed Bachir Butenguiza y El Hussein Zaoui, recluidos en la prisión de Kenitra. Según la Liga, sus familias denunciaron que por segundo día consecutivo se les impidió visitarlos y que la dirección penitenciaria se negó a proporcionar información sobre su estado. Las familias aseguran que durante la última visita pudieron comprobar un importante deterioro físico y reclaman atención médica urgente.
En Tiflet, la familia de Abdallah Abbahah pudo visitarlo por primera vez desde el inicio de la huelga. Según el testimonio recogido por la organización saharaui, su estado era frágil y necesitaba asistencia médica. La familia volvió a reclamar su liberación o, al menos, su traslado a una prisión del Sáhara Occidental ocupada que permita mantener un contacto más próximo con sus allegados.
La huelga comenzó el 23 de septiembre, cuando nueve miembros del grupo Gdeim Izik iniciaron una protesta indefinida por sus condiciones de encarcelamiento y para exigir que se atiendan las recomendaciones de mecanismos internacionales relacionadas con sus casos. Durante los últimos días, la preocupación por su salud ha provocado nuevas muestras de solidaridad y movilización internacional. El preso Mohamed Bourial anunció además una huelga de advertencia de 48 horas en solidaridad con sus compañeros.
La situación llegó también al secretario general de Naciones Unidas. Brahim Ghali dirigió esta semana una carta a António Guterres reclamando una intervención urgente ante el deterioro de las condiciones de los presos saharauis y pidiendo su liberación. Al mismo tiempo, organizaciones solidarias y asociaciones de derechos humanos han reiterado sus llamamientos a los mecanismos de la ONU y a organismos internacionales para que actúen antes de que el deterioro físico provocado por la huelga alcance consecuencias irreversibles.
Gdeim Izik vuelve así a plantear el mismo problema que permanece abierto desde hace años: presos dispersados lejos de sus familias, denuncias reiteradas sobre las condiciones de detención y resoluciones y recomendaciones internacionales que las organizaciones saharauis consideran incumplidas. Quince días de huelga de hambre no han resuelto nada. Pero tampoco deberían convertirse en una rutina informativa que termine por hacer invisible a quienes siguen reclamando sus derechos desde prisión.
Fuentes: Sahara Press Service.
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