
Nueve presos saharauis del grupo de Gdeim Izik mantienen desde el 23 de septiembre una huelga de hambre en cárceles marroquíes. Brahim Ghali ha pedido directamente a António Guterres una intervención urgente, mientras las denuncias sobre aislamiento, traslados, restricciones familiares y deterioro de la salud vuelven a situar ante Naciones Unidas un caso que sigue abierto dieciséis años después.
LA LECTURA DEL DÍA — 7 de octubre de 2026 | NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL
Gdeim Izik fue primero un campamento levantado en octubre de 2010 a las afueras de El Aaiún por miles de saharauis que reclamaban derechos sociales, económicos y políticos. Después de su desmantelamiento por las fuerzas marroquíes el 8 de noviembre de aquel año, el nombre quedó unido también a los detenidos, a los procesos judiciales y a unas condenas que siguen siendo denunciadas ante mecanismos internacionales. Dieciséis años después, nueve de aquellos presos mantienen una huelga de hambre indefinida.
Sus reclamaciones tampoco son nuevas: asistencia médica, contacto regular con abogados y familiares, mejores condiciones de detención, traslado a cárceles próximas al Sáhara Occidental y cumplimiento de pronunciamientos emitidos por mecanismos de Naciones Unidas. En los últimos días se han multiplicado las denuncias sobre aislamiento, incomunicación, traslados y deterioro de la salud de algunos de los presos.
Ayer dimos cuenta de un nuevo paso: Brahim Ghali ha llevado directamente la situación ante António Guterres. En su carta, el presidente de la República Saharaui pide una intervención urgente y reclama la liberación de los presos del grupo. La cuestión vuelve así a colocarse ante la máxima autoridad de Naciones Unidas, precisamente cuando octubre concentra de nuevo buena parte de la atención internacional sobre el Sáhara Occidental.
Ahí reside buena parte de la fuerza simbólica de Gdeim Izik. Mientras el Consejo de Seguridad se prepara para volver a debatir el futuro de la MINURSO y del proceso político, unos presos encarcelados desde los acontecimientos de 2010 siguen reclamando que se respeten derechos que ya han sido señalados por organismos internacionales. El paso del tiempo no ha cerrado el caso; lo ha convertido en una medida de hasta qué punto las decisiones y recomendaciones internacionales llegan realmente a cumplirse.
Ayer también hablamos de una ley de nacionalidad que cae en España y de una legislatura que termina dejando abiertas demasiadas heridas relacionadas con el Sáhara Occidental. Son noticias distintas, pero todas terminan mostrando lo mismo: el paso del tiempo no ha resuelto las cuestiones esenciales. Gdeim Izik lo recuerda de la forma más incómoda: casi dieciséis años después, sus presos siguen recurriendo a una huelga de hambre para intentar ser escuchados.
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