
Octubre se acerca y el Sáhara Occidental volverá inevitablemente al centro de la atención diplomática en Nueva York. El Consejo de Seguridad tendrá que pronunciarse de nuevo sobre la MINURSO y lo hará después de un año en el que el escenario ha cambiado de forma importante. Antes de que comiencen las interpretaciones interesadas sobre lo que puede ocurrir, conviene mirar directamente a Naciones Unidas. António Guterres dejó el pasado 31 de julio, en su informe A/81/295 a la Asamblea General, una fotografía bastante clara del momento: la propuesta marroquí de autonomía ha entrado de lleno en la negociación, Estados Unidos ha adquirido un protagonismo extraordinario y, al mismo tiempo, la ONU continúa hablando expresamente de autodeterminación y de una solución mutuamente aceptable.
La resolución 2797 del Consejo de Seguridad marcó ese nuevo escenario. Por primera vez dio a la propuesta de autonomía un peso central al pedir que las negociaciones se desarrollaran tomando esa iniciativa como base. Es un cambio político que no tendría sentido minimizar. Pero la misma resolución mantiene que la solución debe ser justa, duradera y aceptable para las partes, conforme a la Carta de Naciones Unidas y “incluido el principio de la libre determinación”. La nueva correlación diplomática, por tanto, ha modificado el punto de partida de las conversaciones, pero no ha convertido todavía una propuesta en la solución definitiva al estatuto del territorio.
Eso se vio con especial claridad a comienzos de 2026. Después de años de bloqueo se celebraron tres encuentros interministeriales en pocas semanas, con participación de los actores del proceso y una implicación directa de Washington. Tras la tercera reunión, celebrada los días 23 y 24 de febrero, la propia ONU confirmó que las conversaciones habían tomado como base la propuesta de autonomía, tal como establece la resolución 2797. Pero añadió inmediatamente algo que conviene recordar ahora: todavía quedaba un trabajo importante por hacer, incluida la “cuestión clave de la autodeterminación para el pueblo del Sáhara Occidental”, antes de alcanzar una solución mutuamente aceptable. No lo dijo el Frente POLISARIO ni una organización solidaria: lo dijo Naciones Unidas al informar oficialmente sobre las negociaciones.
Ahí está probablemente la noticia que merece ser recuperada antes de octubre. El tablero geopolítico es distinto y será necesario seguirlo sin cerrar los ojos: Washington pesa más, la autonomía ocupa un lugar que no tenía y el proceso negociador se mueve sobre parámetros nuevos. Pero el propio relato de Guterres no describe una cuestión solucionada. Describe negociaciones reactivadas después de años de parálisis, posiciones que siguen necesitando aproximarse y una MINURSO cuyo mandato continúa vigente hasta el 31 de octubre de 2026. La resolución que abrió esta nueva etapa, de hecho, prorrogó la misión durante un año más al tiempo que reafirmaba la necesidad de alcanzar una solución política mutuamente aceptable.
Por eso octubre merece empezar a seguirse desde ahora. No porque sea razonable pensar que todo vaya a resolverse entonces ni porque deban ignorarse las dificultades que plantea el nuevo contexto internacional, sino porque todavía existe una distancia entre lo que algunas capitales presentan como un desenlace inevitable y lo que Naciones Unidas ha escrito realmente. La autonomía está sobre la mesa y tiene hoy más peso político; la autodeterminación también permanece escrita en el marco aprobado por el Consejo de Seguridad. Entre ambas realidades se desarrollará una negociación cuyo resultado la ONU, al menos hasta ahora, no ha dado por cerrado. Y esa será una de las claves que habrá que vigilar cuando Nueva York vuelva a mirar al Sáhara Occidental.
¿Lees habitualmente NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL?
Añádenos como fuente preferida en Google para encontrar más fácilmente nuestras publicaciones.
⭐ Añadir NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL como fuente preferida