
El exembajador sostiene que 80.000 personas no pudieron entrar en Ceuta sin «negligencia o complicidad» de las fuerzas marroquíes y advierte de que España no puede hacer depender su seguridad de la voluntad de Rabat.
Jorge Dezcallar ha puesto por escrito una conclusión que durante estas semanas ha costado mucho encontrar expresada con semejante claridad en la prensa española. Podemos discutir quién lanzó el primer mensaje en las redes sociales, quién coordinó los grupos o hasta dónde llegó la organización previa de la entrada masiva en Ceuta. Pero ninguna de esas preguntas elimina otra mucho más sencilla: ¿cómo pudieron decenas de miles de personas alcanzar y atravesar una frontera que Marruecos sabe perfectamente cómo controlar cuando quiere hacerlo?
El exembajador de España y antiguo director del CNI responde sin demasiados rodeos en un artículo publicado en El Periódico: «80.000 migrantes no hubieran entrado nunca en Ceuta sin contar con la negligencia o la complicidad de las fuerzas de seguridad marroquíes». Y añade inmediatamente algo todavía más importante: que el incierto origen de la convocatoria en redes sociales «no exime de esa responsabilidad».
Ahí está probablemente lo esencial.
Durante las últimas semanas hemos visto cómo buena parte de la discusión se desplazaba hacia la búsqueda de los responsables digitales de la llamada «Marcha Verde marítima». Es una investigación necesaria. Pero identificar quién creó un canal de Telegram o quién difundió determinados mensajes no responde a la cuestión política fundamental. Una cosa es organizar una convocatoria y otra permitir que una frontera sometida habitualmente a una intensa vigilancia deje de funcionar precisamente cuando decenas de miles de personas intentan atravesarla.
Dezcallar recuerda además el precedente de mayo de 2021, cuando unas 10.000 personas entraron en Ceuta coincidiendo con la crisis provocada por la hospitalización en España de Brahim Ghali, secretario general del Frente POLISARIO y presidente de la República Saharaui. Aquella utilización de la presión migratoria fue reconocida entonces incluso por el Parlamento Europeo.
Cinco años después, el problema no debería ser averiguar si Marruecos puede controlar su frontera. Sabemos que puede. La cuestión es saber cuándo decide hacerlo y cuándo deja de hacerlo.
El propio Dezcallar introduce inevitablemente el Sáhara Occidental al recordar otro precedente mucho mayor: la Marcha Verde de 1975, lanzada durante la agonía de Franco para imponer sobre el terreno la ocupación de un territorio cuya descolonización continúa pendiente. Las circunstancias son distintas, pero permanece una lógica política reconocible: aprovechar momentos de debilidad española y utilizar movimientos humanos como instrumento de presión.
No compartimos necesariamente cada una de las 21 reflexiones del exembajador. Algunas afirmaciones merecerían bastante más cautela y otras admiten discusión. Pero su conclusión resulta difícil de ignorar: España no puede mantener su soberanía y la seguridad de sus fronteras dependiendo de la «buena voluntad» de Marruecos.
Y Dezcallar termina llegando todavía más lejos: advierte de que lo ocurrido «se repetirá cuando a Marruecos le convenga».
Es una afirmación muy seria. Sobre todo porque no procede del Frente POLISARIO, de un activista saharaui ni de quienes llevamos años denunciando la utilización política de la migración por Rabat. La escribe quien fue embajador de España en Marruecos y dirigió los servicios de inteligencia españoles.
Quizá por eso conviene leerla despacio.
Fuente: Jorge Dezcallar, «Reflexiones sobre la policrisis de Ceuta», El Periódico, 16 de agosto de 2026.