En 1975, durante los últimos tiempos del franquismo, el gobierno español prometió que pondría en marcha la descolonización del Sahara español, su colonia en el desierto africano. Se había previsto la celebración de un referéndum de autodeterminación que daría paso a la independencia. El reino de Marruecos intentó bloquear el proceso para anexionarse el territorio, argumentando que históricamente había sido marroquí (en realidad, 12 años antes Marruecos ya había entrado en guerra contra Argelia, porque reivindicaba parte de su territorio). El 14 de noviembre de 1975, por sorpresa, se firmaron los Acuerdos Tripartitos de Madrid, por los que España cedía la administración del territorio a Marruecos y a Mauritania. Se trataba de una transferencia camuflada: los saharauis no podrían ejercer su derecho a la autodeterminación. No se resignaron: muchos se fueron al exilio y se lanzaron a la lucha armada contra Marruecos. Eso dio paso a un conflicto armado que hoy en día todavía no se ha acabado de cerrar. Pablo-Ignacio de Dalmases revisa la transferencia del territorio en su último libro: Sahara español: el gran fraude. Los papeles del coronel Rodríguez de Viguri (Sial Ediciones).

Las claves de un libro

Dalmases estudió historia y periodismo y fue director de Radio Nacional de España y de Televisión Española en el Sahara antes de la independencia. Conoció a buena parte de los protagonistas de la historia saharaui, vivió en primera persona la evacuación del territorio y nunca ha podido dejar de trabajar sobre este tema. Ha publicado varios libros sobre temática colonial, como Los últimos de África o Huracán sobre el Sahara. En Sahara Español: el gran fraude trata de resolver los muchos interrogantes que quedan pendientes sobre el abandono con la consulta del archivo privado del coronel Rodríguez de Viguri, el secretario del Gobierno General del Sahara en el momento de los Acuerdos de Madrid.

El factótum del Sahara

Según todos los testigos, Viguri era mucho más que un simple secretario: se encargaba de todos los asuntos civiles de la colonia. Incluso fue nombrado gobernador en funciones después de la retirada del gobernador titular. Viguri fue un militar atípico: pese a ocupar un puesto de subordinado en la administración colonial, tenía una gran preparación y dinamizó los asuntos políticos del Sahara. Se le encargó preparar la descolonización del territorio y él se lo tomó como una misión. Cuando el gobierno español rectificó, Viguri recibió con mucho disgusto el cambio de instrucciones, ya que consideraba que él había comprometido su honor de militar en la descolonización.

El reformador

En cierta medida, Dalmases hace una hagiografía de Viguri, un personaje con quien él había trabajado. En realidad, el coronel era un personaje especial dentro de su colectivo. En primer lugar, tenía muy claro que la independencia era inevitable, mientras algunos de sus compañeros seguían apostando por la españolidad del Sahara. Por otra parte, parece ser que era un personaje hábil políticamente: intentó cambiar las dinámicas paternalistas de la administración y consiguió ganarse aparte de la población saharaui.

Los límites del personaje

Pero leyendo entre líneas el texto de Dalmases también quedan claras las limitaciones de Viguri, que era, de hecho, un militar colonialista de la dictadura franquista, y que difícilmente podía escapar de su condición. De los textos se desprende, claramente, que Dalmases fue el creador del Partido de Unificación Nacional del Sahara (PUNS), una maniobra neocolonial española. Él diseñó toda la estructura del partido, él eligió la cúpula y él financió todo el montaje, con fondos reservados. Evidentemente, eso no tiene nada que ver con un concepto democrático del poder. Pero, además, Dalmases gravaba a escondidas las conversaciones que tenía con el jefe del PUNS, Jalihenna. Ni siquiera confiaba en sus aliados. De hecho, si repasamos la historia, queda claro que Viguri no era tan clarividente como pretende Dalmases, porque Jalihenna finalmente se pasó a los marroquíes y el PUNS, en vez de ser una herramienta para la autodeterminación, se convirtió en un instrumento contra España y contra los independentistas saharianos del Frente Polisario.

Amargado, pero disciplinado

Viguri salió muy amargado de su destino en el Sahara. Consideró que algunas de las medidas tomadas por el gobierno traicionaban la misión que tenía España hacia los colonizados. En sus últimos tiempos como gobernador interino intentó bloquear algunas de las medidas que tomaban los marroquíes que ocupaban ilegítimamente el territorio (algunos de sus subordinados colaboraron abiertamente con el Polisario). Después de algunas tensiones con el gobierno, el 17 de enero de 1976 Viguri fue cesado y repatriado. En Madrid, Viguri accedió a alguna entrevista en la prensa sobre la descolonización del territorio, y osó decir que el proceso había sido muy opaco, que no se había respetado el derecho internacional y que se habían cometido algunas ilegalidades notorias en el proceso. Nada que no supiera todo el mundo, pero mucho más de lo que se esperaba de un militar colonial. Y todavía menos en la difícil transición española.

Sin nombres

Muy pronto los superiores llamaron la atención a Viguri y éste se retractó parcialmente. De hecho, fue procesado por un juicio militar, y parece ser que le retiraron algunas condecoraciones. En la entrevista que le publicaron, tan sólo se acusaba claramente a dos personas: el general Fernando de Santiago y el ministro Antonio Carro Martínez. Ambos eran definidos como fieles colaboradores de Marruecos (y poco menos que traidores a España). En otros documentos de Viguri, consultados por Dalmases, tampoco quedaba nada clara la posición de Eduardo Blanco, director general de Promoción del Sahara y ex director general de Seguridad.

Corrupción

Viguri no abordó en ninguno de los documentos aportados por Dalmases la cuestión clave: ¿por qué algunos altos cargos españoles cambiaron de posición? La sospecha de muchos era el soborno. Hay rumores que implican a varios generales y políticos franquistas en el cobro de comisiones a cambio de la cesión. Sin duda Rodríguez de Viguri, por el cargo que ocupaba, debió saber muy bien quién había maniobrado para no permitir la independencia del territorio, pero fiel a la disciplina militar, no informó públicamente de nada.

Nada radicalmente nuevo

El libro de Dalmases está centrado en un informe que Viguri presentó a una comisión investigadora del Congreso sobre la entrega del Sahara, celebrada en marzo de 1978. Como tantas de estas comisiones, no llevó a ningún sitio. En el texto destinado a la comisión Viguri ya se mostraba menos contundente que en la prensa. Era una intervención oficial, y el coronel se midió mucho. De hecho, Viguri hasta su muerte, aseguró que disponía de mucha información, pero nunca la hizo pública. Jaime de Piniés, el representante de España en la ONU en esa época, también escribió un libro sobre las descolonizaciones españolas y otro sobre el abandono del Sahara, pero tampoco aclaró nada: aseguró que otros políticos españoles maniobraron mientras él estaba enfermo e impidieron el referéndum de autodeterminación. Ni siquiera exponía sus sospechas sobre quien había maniobrado a favor de Marruecos. Los dos se llevaron el secreto a la tumba.

No queda nadie para explicarlo

En el 2005 también murió José Ramón Diego Aguirre, un militar subordinado de Viguri que después del abandono del Sahara se especializó en la historia de la colonia y mostró siempre su adhesión al Polisario. Aguirre intentó denunciar las complicidades de algunas élites españolas con los marroquíes. Otro de los protagonistas de la cesión del Sahara en Marruecos, el general Ahmed Dlimi, jefe de las fuerzas de ocupación del Sahara, murió en 1983, tal vez asesinado por el monarca Hassan II. Nunca explicó lo que sabía de la entrega del territorio.

El factor internacional

Aparte de la posibilidad que algunos altos cargos españoles recibieran sobornos de Marruecos, la cesión del Sahara también podría haber sido motivada por cuestiones geopolíticas. En plena guerra fría, Marruecos era considerado como un fiable aliado de Occidente y especialmente de Francia. En cambio el Polisario era un claro aliado de Argelia, un país con un gobierno izquierdista que colaboraba con varios movimientos revolucionarios. Se sabe que hubo presiones de Francia a los gobernantes españoles para que cedieran a las peticiones de Marruecos, y que Estados Unidos impidió que España usara el material militar que le habían vendido para enfrentarse a las tropas marroquíes que se infiltraban en la colonia española. Pero también hay sospechas que la cesión de la colonia se hizo porque Marruecos garantizó en España que podría seguir obteniendo beneficios económicos de los fosfatos y la pesca en su ex colonia (unos acuerdos que, de ser ciertos, el reino alauí que no habría respetado).

Extrañoss compañeros de viaje

En el Sahara se produce una de aquellas curiosas coincidencias de la historia que ubican en la misma trinchera a gente de posiciones opuestas. Con el tiempo, Viguri, el creador del PUNS, se convirtió en el gran defensor del Frente Polisario. Los militares franquistas, que se negaban a dar ni que fuera la autonomía a Catalunya o al País Vasco, se transformaban en firmes independentistas en el caso del Sahara Occidental, porque consideraban que la retirada había manchado el honor del ejército español. Fuerza Nueva era tan prosaharaui como Egin. Sólo se puede entender, en este peculiar contexto, la reivindicación de un personaje como Viguri, que quizás no era el peor militar del momento, pero que nunca dejó de ser un militar franquista y colonialista.