La ecuación con mil incógnitas de la visita de Estado de Mohamed VI a Francia

La ecuación con mil incógnitas de la visita de Estado de Mohamed VI a Francia

Francia y Marruecos intentan recomponer su relación entre símbolos, maniobras parlamentarias y reuniones técnicas, mientras el Sáhara Occidental sigue siendo el punto de bloqueo estructural que impide fijar una visita de Estado.

La prensa especializada confirma lo que París y Rabat intentan disimular: la “reconciliación” entre Francia y Marruecos avanza a trompicones y sigue condicionada por la cuestión del Sáhara Occidental. El detallado reportaje de Africa Intelligence, titulado “L’équation à mille inconnues de la visite d’État de Mohammed VI en France” (enlace al artículo), muestra que la esperada visita del monarca al Elíseo se ha convertido en un rompecabezas diplomático que ninguna de las dos capitales sabe o puede resolver. Tras meses de negociaciones, el viaje sigue sin fecha, sin formato y sin garantías políticas mínimas.


Una visita que nunca llega

Según Africa Intelligence, Rabat y París trabajaron durante meses para organizar una visita de Estado de Mohamed VI que coincidiera con el 70º aniversario de la declaración de La Celle-Saint-Cloud, el 6 de noviembre. El medio señala que “l’événement ne s’est pas concrétisé”, pese a que el rey se desplazó a París a finales de noviembre para instalarse en su residencia privada. El fracaso de la operación no se debe a un desajuste de calendario, sino a algo más profundo: ninguno de los dos gobiernos encontró el contexto político adecuado para oficializar la visita.

La propia publicación reconoce uno de los motivos de fondo: la “séquence diplomatique autour de la résolution 2797 du Conseil de sécurité des Nations unies sur le Sahara occidental”, que absorbió por completo la agenda marroquí. Dicho en claro: Rabat no podía arriesgarse a un viaje de alto perfil en mitad de una votación especialmente delicada en Nueva York, donde Marruecos trataba de imponer su narrativa sobre el Sáhara Occidental.

Este detalle es revelador: el expediente saharaui sigue marcando y dificultando la relación franco-marroquí, por más que ambas partes intenten disimularlo entre sonrisas diplomáticas.


El nuevo decorado: el aniversario de 1956

Tras el fiasco de noviembre, París y Rabat han puesto sus esperanzas en la conmemoración del 2 de marzo de 1956, fecha de la declaración conjunta que formalizó el fin del protectorado francés. El artículo explica que los equipos de Nasser Bourita y Jean-Noël Barrot exploran la posibilidad de construir “une séquence politico-institutionnelle” en torno a esa fecha.

Pero aquí aparece otro elemento significativo: según Africa Intelligence, la presencia del propio Mohamed VI no está garantizada. Parte del entorno real estima que el viaje solo tendría sentido si Francia activa “la grande pompe”, incluyendo un dîner d’État à Versailles, símbolo máximo del reconocimiento republicano. Sin esa escenografía, Rabat considera que la visita no ofrecería réditos políticos suficientes.

En otras palabras, no hay consenso interno en Marruecos sobre viajar a Francia si la visita no se convierte en un espectáculo diplomático de primer orden.


La diplomacia parlamentaria como vía de escape

El reportaje revela que la debilidad política del gobierno francés —agravada por la proximidad de las municipales de 2026— ha obligado a París a activar un plan alternativo: trasladar parte del diálogo bilateral a las cámaras legislativas. Se menciona incluso la posibilidad de una misión conjunta de las comisiones de Asuntos Exteriores de ambos parlamentos para explorar un futuro “tratado de amistad”.

Esto no es una señal de fortaleza diplomática, sino todo lo contrario: cuando el Ejecutivo no puede comprometerse, delega en el Parlamento para mantener el vínculo sin asumir riesgos políticos. Esta fórmula permite a Macron evitar una foto comprometida con Mohamed VI en un momento de contestación interna y tensiones geopolíticas acumuladas —incluyendo el espionaje Pegasus, la crisis migratoria y, por supuesto, el Sáhara Occidental.


Una Reunión de Alto Nivel para gestionar tensiones económicas, no políticas

El texto termina con la referencia a una Reunión de Alto Nivel (RHN) entre Aziz Akhannouch y Sébastien Lecornu antes de final de año, siguiendo la rotación que esta vez situaría el encuentro en Rabat. El artículo recuerda que la RHN sirve tanto para “définir des priorités de coopération” como para tratar, con discreción, los “dossiers chauds”.

Entre ellos menciona:

  • los cuotas de exportación agrícola (cítricos incluidos),
  • el proyecto industrial entre OCP y Engie, con participación de la AFD,
  • la desaladora de Rabat encargada a Veolia, actualmente bloqueada.

Es significativo que Africa Intelligence mencione de forma neutra al Grupo OCP, una empresa cuya actividad en el Sáhara Occidental ha sido denunciada reiteradamente por organismos internacionales y por Western Sahara Resource Watch. Aunque el artículo evita relacionar estos intereses con la ocupación, la realidad es evidente: parte de la relación económica franco-marroquí depende directamente de recursos y proyectos vinculados al Sáhara Occidental.

La RHN, por tanto, no es una señal de reactivación política, sino una fórmula pragmática para que ambos gobiernos gestionen fricciones económicas mientras la relación política permanece encallada.


Conclusión: la visita imposible y el bloqueo estructural

La pieza de Africa Intelligence confirma que la visita de Estado de Mohamed VI a Francia es una ecuación con demasiadas incógnitas, porque el problema no está en el protocolo, sino en la política. Francia quiere una relación estable sin entrar en el juego de las exigencias marroquíes sobre el Sáhara Occidental; Marruecos quiere reconocimiento implícito de su ocupación antes de cualquier gesto de alto nivel.

Mientras ninguna de esas expectativas se cumple, París y Rabat optan por mantener viva la relación a base de símbolos, maniobras parlamentarias y reuniones técnicas. Pero la realidad es incontestable:
la normalización franco-marroquí sigue bloqueada por la cuestión del Sáhara Occidental, y una visita de Estado no puede esconder lo que la diplomacia bilateral aún no puede resolver.



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