Ali Attar
Tras los Acuerdos de Abraham, Marruecos aspira a imponerse como un nuevo polo militar-tecnológico en el Magreb. Para ello, el Reino alauí se apoya en una alianza estratégica sin precedentes con Israel. La reciente inauguración de una fábrica de drones israelíes en Benslimane simboliza este giro hacia una capacidad claramente ofensiva, puesta al servicio de una visión de supremacía en el Sáhara Occidental. Aunque Rabat presenta esta cooperación como una garantía de seguridad y modernización, numerosos observadores la consideran una escalada preocupante que podría desestabilizar los equilibrios regionales, agravar las tensiones con Argelia y alejar aún más la perspectiva de una paz duradera en el Sáhara.
El acercamiento entre el Reino de Marruecos y el Estado de Israel ha superado desde hace tiempo el mero marco diplomático. Con la inauguración en Benslimane de la primera planta de drones israelíes de BlueBird Aero Systems en suelo marroquí, la alianza entre Mohamed VI y Benjamín Netanyahu da un paso decisivo. Al amparo de los Acuerdos de Abraham, se articula una cooperación militar de gran envergadura que redibuja los equilibrios estratégicos del Magreb. El objetivo, apenas disimulado, parece claro: garantizar el dominio marroquí sobre el Sáhara Occidental y contener cualquier forma de resistencia del Frente Polisario, aun a costa de una desestabilización duradera de la región.
La fábrica de Benslimane: símbolo de un ejército en transformación
Esta implantación industrial marca un punto de inflexión. Marruecos, durante años dependiente de proveedores extranjeros, pasa ahora a producir armamento de alta tecnología. El emblema de esta cooperación, el dron kamikaze SpyX, ilustra la transformación en curso. Capaz de operar hasta 50 kilómetros y de neutralizar objetivos móviles con precisión quirúrgica, dota a las Fuerzas Armadas Reales (FAR) de una capacidad de ataque autónoma, sin riesgo humano directo.
Las pruebas de estos dispositivos se llevan a cabo en la región de Smara, convertida en un auténtico “laboratorio colonial” donde se ensayan nuevas tácticas de guerra a distancia. Según el informe 2025 del Servicio Saharaui de Coordinación de la Acción contra las Minas (SMACO), durante el año se registraron al menos 123 ataques con drones, que causaron la muerte de más de 160 personas, en su mayoría civiles saharauis. Estas operaciones, presentadas por Rabat como acciones de “seguridad”, refuerzan en realidad el control militar sobre la población local, instaurando una presión permanente y un clima de miedo.
Desde el punto de vista ético y humanitario, estos ensayos muestran cómo la alta tecnología puede convertirse en un instrumento de dominación política, en detrimento del derecho de los pueblos a la autodeterminación. Esta escalada transforma así el conflicto en un enfrentamiento profundamente asimétrico, donde la tecnología sustituye a la legitimidad.
Una escalada militar bajo el discurso de la seguridad
Más allá del relato oficial sobre la seguridad y la integridad territorial, se acumulan indicios de una preparación para una ofensiva de mayor alcance. La adquisición de sistemas de defensa israelíes Barak MX, de drones Hermes y de municiones merodeadoras intensifica la militarización del territorio. El reconocimiento por parte de Israel, en 2023, de la soberanía marroquí sobre el Sáhara eliminó además los últimos obstáculos a la entrega de tecnologías sensibles.
Rabat parece ahora decidido a imponer un hecho consumado militar, blindando el espacio sahariano y relegando la vía onusiana del referéndum de autodeterminación. Frente a ello, Argelia, apoyo histórico del Frente Polisario, observa esta dinámica como una amenaza directa para la estabilidad del Magreb y la interpreta como un intento de hegemonía regional respaldado por potencias externas.
El derecho internacional, gran ausente de la realpolitik
Desde el punto de vista jurídico, la posición marroquí sigue siendo frágil. El Sáhara Occidental continúa siendo, según las Naciones Unidas, un territorio no autónomo pendiente de descolonización. El empleo de armamento tecnológico en un territorio con este estatuto vulnera el espíritu de las resoluciones de la ONU y expone a Rabat a una contestación internacional persistente.
Aunque Washington y Tel Aviv mantienen una posición favorable a Marruecos, la mayoría de la comunidad internacional recuerda que el estatuto del territorio es distinto del del Reino. Las sentencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que excluyen al Sáhara Occidental de los acuerdos económicos con Marruecos, refuerzan esta interpretación jurídica. Este desfase entre la fuerza militar y la legalidad internacional podría acabar debilitando la diplomacia marroquí.
La paradoja palestina: riesgo de fractura interna
Otro de los grandes paradojas de esta alianza reside en la relación ambigua entre Rabat y Tel Aviv. Mohamed VI, en su condición de presidente del Comité Al-Qods, sigue proclamando su apego a la causa palestina. Sin embargo, la cooperación militar con Israel, muy contestada en la calle marroquí, erosiona esa postura moral. Mientras se producen drones israelíes en su territorio, el Reino intenta presentarse como mediador humanitario en Jerusalén. Un ejercicio de equilibrios diplomáticos que choca con la indignación de una opinión pública profundamente solidaria con Gaza.
Supremacía militar a costa de la estabilidad regional
Al aliarse con Israel, Marruecos busca obtener una ventaja tecnológica significativa sobre sus vecinos, pero corre el riesgo de alimentar una peligrosa espiral armamentística. Frente a esta militarización, Argelia, fiel a su doctrina de no injerencia y de solidaridad con los pueblos en lucha, se presenta como un dique frente a la deriva belicista que podría provocar el eje Rabat-Tel Aviv.
El Magreb, ya debilitado por tensiones económicas y de seguridad, no tiene nada que ganar en una carrera por la supremacía militar. Porque si la tecnología puede otorgar a Marruecos una ventaja táctica, no puede borrar el derecho de los pueblos a decidir su futuro, ni mucho menos garantizar la paz en una región donde cada desequilibrio encierra el germen de nuevas fracturas.
Ali Attar es un reconocido especialista en la actualidad del Magreb. Sus análisis políticos y su conocimiento de las redes de poder lo convierten en una referencia para comprender la evolución de la región.
Origen: L’escalade militaire du Maroc soutenue par Israël, une menace pour la stabilité régionale
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