La guerra en el Sahara Occidental contra el invasor marroquí juega un papel crucial en la formación de la Unión del Magreb Árabe y el pleno desarrollo económico de la región

La guerra en el Sahara Occidental contra el invasor marroquí juega un papel crucial en la formación de la Unión del Magreb Árabe y el pleno desarrollo económico de la región
 

 

Ahmed Zain. S. Mohamed.

ECS. Madrid. | ¿Ha actuado Sánchez de manera voluntaria? Es la pregunta que ronda a analistas, políticos, juristas y periodistas, La respuesta solo puede ser negativa. Todo indica que el nefasto posicionamiento de España aliándose con la parte agresora y ocupante del Sáhara Occidental fue bajo «coacción» en el marco de canales secretos que superan ampliamente la voluntad de España y Marruecos, ya que el cambio de actitud español se produjo sin ningún debate en los órganos del PSOE, ni con los responsables de Exteriores del dossier saharaui, ni en un Consejo de Ministros como dicta la Constitución, y menos aún en el seno de la coalición de gobierno de la que forma parte Unidas Podemos. Sencillamente es una decisión que escapa del control del gobierno de turno. El Sáhara Occidental se entregó al comienzo del régimen del 78 y ahora, éste que se encuentra en plena descomposición, lo revende en un intento desesperado de salvar sus intereses.

En dicha carta, escrita en una escritura indigna de un estado soberano, el jefe del partido socialista, Pedro Sánchez, traiciona no solo al pueblo saharaui, sino también a todos los militantes que han luchado durante décadas contra la dictadura de Franco, humilla al pueblo español implorando los favores de un rey depredador que inunda España de productos tóxicos y amenaza con engullir a la población ibérica por un inmenso flujo migratorio clandestino, que utiliza escandalosamente como medio de chantaje. En esta carta se trata de “destino común y amistad entre los dos pueblos” y como el ridículo no mata, se presenta incluso a España y Marruecos como dos “países hermanos”.

El giro de Sánchez no es, pues, el resultado de una reflexión madura y meditada de las autoridades e instituciones elegidas democráticamente por el pueblo español, sino el de un regateo estratégico secreto forzado por un hecho repentino e imprevisto que hubiera requerido una respuesta inmediata. Situación en la que España y Marruecos, según los analistas en la sombra, deberían estar llamados a ser aliados y no adversarios, en el contexto de un posible enfrentamiento militar de gran envergadura que podría haberse desencadenado en cualquier momento.

Este gran hecho repentino se llama la «guerra de Ucrania» y este enfrentamiento podría haber enfrentado a la OTAN y sus aliados por un lado, con Rusia y otros países que rechazan la hegemonía y el unilateralismo por el otro.

 
El peso de la OTAN:

 

España es miembro de dos conglomerados político-militares políticamente enredados y muy cercanos: la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la Unión Europea (UE). Esto significa que las decisiones geoestratégicas y militares tomadas dentro de la OTAN se transfieren generalmente a la UE, que sigue siendo mucho más un bloque socioeconómico que militar. España, como miembro de estas dos organizaciones, está ligada a una lógica económica y a unos procesos de defensa militar vinculantes, que no son comunicados a la opinión pública, ya que son materia de secreto de defensa. Las draconianas reacciones públicas cargadas de hipocresía y doble rasero de estos dos bloques frente a Rusia tras la invasión de Ucrania, parecen indicar que estos procesos ya se han activado, tanto para el flanco oriental Estonia, Polonia, Rumanía y Turquía, como para el flanco suroeste de Francia, España y Portugal.

Llegados a este punto el lector se estará preguntando ¿Cuál es la relación entre el conflicto del Sáhara Occidental y los alineamientos estratégicos, y no menos peligrosos de la OTAN? En efecto, la región del Magreb y Sahel ocupa desde hace quince años un lugar importante en los escenarios de enfrentamiento entre la Alianza Atlántica y el eje Moscú-Pekín por el control de los inmensos recursos energéticos y mineros que abundan en esta región –que la Europa neocolonial considera su coto- y para el control de las rutas de transporte internacional de estos recursos y mercancías de todo tipo. Y aquí, la solución del conflicto saharaui juega un papel crucial al estar en el vértice de la formación de la Unión del Magreb Árabe y la clave para el pleno desarrollo económico de la región que impide la ocupación marroquí; única fuente de tensión en la región, el único país del mundo que no tiene las fronteras claras con todos sus vecinos; el Reino de Marruecos. Respecto a esto último: la OTAN, a través de tropas francesas asistidas por las alemanas ha incrementado su presencia en los últimos diez años en Malí, Níger, Chad, Burkina-Faso y Costa de Marfil.

 
Más al norte -concretamente en el Estrecho de Gibraltar- Estados Unidos ha desarrollado una presencia semipermanente en Marruecos donde organiza regularmente maniobras militares junto con las fuerzas de la OTAN y los países apegados a ella. Pero esta presencia en el vecino occidental no parece aún satisfactoria a los ojos de los estrategas militares de la Alianza Atlantista. Para ellos, este país aún necesita ser más «atlantizado» para permitir que las fuerzas de la OTAN amplíen su base logística y su rango de acción en un entorno seguro y eficiente. De momento, los submarinos británicos y rusos merodean por la región mediterránea.
 
La dialéctica y retórica desplegadas por la OTAN y su socio menor, la UE, desde el 24 de febrero -fecha del ataque a Ucrania por parte de las fuerzas rusas- no dejan lugar a dudas de que la crisis ucraniana trastornará la geopolítica mundial y particularmente en los continentes europeo y africano. El líder de esta alianza, Estados Unidos tomó inmediatamente la iniciativa de llevar al extremo el frente contra el eje Rusia-China según el lema de Saint-Mathieu: «El que no está conmigo, está contra mí». El Tío Sam obvia que cuando el que manda lo hace mal, pierde toda autoridad.
 
El eje Pekín-Moscú:
 
Por otro lado, Rusia está tratando de restablecerse allí alentando y apoyando a los países africanos para que se liberen de esta presencia. El acercamiento ruso parece estar coronado por un cierto éxito, cuyo efecto diplomático se hizo evidente durante las dos últimas votaciones de la Asamblea General de la ONU sobre el tema de Ucrania el pasado mes de marzo. Dato significativo: durante estas dos votaciones, la mayoría de los países africanos se abstuvieron de condenar la invasión rusa de Ucrania.

 

China, por el momento, se limita a montar una eficiente red de diplomacia “softpower” con inversiones estratégicas sin el desembarco de un solo soldado chino en algún lugar del continente.

Y Argelia, que basa la doctrina de sus relaciones internacionales y diplomáticas en el no alineamiento y el “multipolarismo”, y aboga constantemente por la aplicación del derecho internacional sin criterios selectivos ni distintivos, forma parte de este último grupo de países. Para estos estrategas, Argelia no es solo un gran obstáculo para los planes de expansión atlantistas, algo que Francia ha comprobado bien, sino también el aliado más importante de Rusia y el mayor adversario de Marruecos en la región. Para no dejar dudas sobre el obstáculo que supone Argelia, el ejército estadounidense no dudó en simular durante las últimas maniobras militares estadounidenses «African Lion» efectuadas en junio de 2021 en el sur de Marruecos, un ataque a una batería de misiles S400 estacionada en un país al este de Marruecos. Este país lógicamente solo puede ser Argelia aunque no se mencionó en ningún comunicado. A pesar de todo el mensaje fue entendido en toda su amplitud.

 

A ojos de los estrategas atlantistas, apoyar diplomáticamente a Marruecos equivale a debilitar internacionalmente a Argelia y dar más peso a Marruecos en la región. La claudicación de Sánchez y el reconocimiento de facto de la supuesta marroquinidad deben enmarcarse en esta estrategia. Es probable que España lleve ya mucho tiempo bajo la presión de Estados Unidos, pero las barreras puestas por la sociedad española frente a la ocupación saharaui por Marruecos, difíciles de romper a corto y medio plazo, han retrasado el anuncio de tal decisión. Con la guerra de Ucrania, el gobierno español se vio obligado a ignorar estos molestos obstáculos para el desarrollo de la estrategia de la OTAN en el Mediterráneo Occidental. Como siempre, el »inexistente» pueblo saharaui en sus declaraciones públicas, resulta crucial y valioso en sus conversaciones secretas.

 
Diplomacia de precisión:

 

Es en este contexto especialmente tenso que la segunda jefa de la diplomacia estadounidense, Wendy Sherman, realizó entre el 6 y el 10 de marzo sus visitas a España, Marruecos y Argelia, todos preocupados como parte interesada o por vecindad, de lo que se estaba gestando en los sótanos de Bruselas y de la Casa Blanca.

Fue durante esta visita de Wendy Sherman a Madrid cuando Sánchez se le instó a poner fin a su hipócrita doble juego frente al pueblo saharaui y Argelia para sumarse públicamente a la posición estadounidense, que reconoce la marroquinidad del Sáhara Occidental, por intereses de EE.UU y no para la buena vista de los marroquíes, saltándose como es habitual toda legalidad internacional. Wendy Sherman tuvo que explicarle fríamente que Estados Unidos y la OTAN están decididos a convertir a Marruecos y el Sáhara Occidental en una barrera dentro de su estrategia de contención frente al eje Pekín-Moscú en la región del Magreb y el Sahel, y que como miembro de la Alianza Atlántica, España está obligada a sacrificar su confusa «neutralidad» en favor de los intereses superiores de esta alianza.

Una curiosidad es que el 18 de Marzo, día en el que Sánchez anunció el abandono de la neutralidad en el Sáhara Occidental, EE.UU inmediatamente nombró a su nuevo embajador en Marruecos después de un año; Puneet Talwar, embajador plenipotenciario y miembro del Comité de Relaciones Exteriores.

 
La estrategia estadounidense:

 

Los estadounidenses no lo dicen abiertamente, pero su enfoque refleja que ya han incluido las zonas marítimas marroquí, saharaui y española a lo largo del Océano Atlántico en su estrategia operativa para el despliegue militar. Uno de los objetivos de tal despliegue sería asegurar y hacerse con el control de los yacimientos de petróleo, gas y fosfatos del Sáhara Occidental ocupado, utilizando, por un lado, la zona situada entre Agadir en Marruecos y El Aaiún en el Sáhara Occidental. Así como el tesoro submarino del Monte Tropic, que a pesar de ser del silenciado pueblo saharaui, Marruecos y España se lo disputan en secreto en la ONU.

El reconocimiento de la marroquinidad del Sáhara Occidental por parte de la Casa Blanca, por lo tanto, no es un regalo a Marruecos, sino que responde a los requisitos estratégicos estadounidenses y una necesidad de «cumplimiento» militar. Marruecos es de nuevo el peón como lo fue en los ostentosos Acuerdos de Abraham. De hecho, permite que el Departamento de Defensa de los EE.UU prescinda de los cuestionamientos curiosos del Congreso y el Senado de los EE.UU.

Argelia y el pueblo saharaui, que lucha contra la ocupación marroquí patrocinada y sostenida por los EE.UU, UE, OTAN y las monarquías del Golfo, son los blancos no declarados de esta Alianza en su nuevo orden geoestratégico. El aislamiento será el objetivo. El equilibrio de poder sigue y seguirá siendo el factor que cambia las cosas sobre el terreno.

Origen: El conflicto saharaui juega un papel crucial en la formación de la Unión del Magreb Árabe y el pleno desarrollo económico de la región que impide la ocupación marroquí.