El medio público francés France 3 Régions publica hoy, 15 de febrero, un reportaje dedicado a la novela Laâyoune, en attendant, del escritor Nicolas Rouillé. La pieza, firmada por Patrick Noviello, sitúa en el centro a la juventud saharaui que vive en El Aaiún bajo ocupación marroquí y recupera, desde la literatura, una realidad que rara vez encuentra espacio estable en los medios europeos.
El artículo presenta la obra como el retrato de unos adolescentes que intentan vivir una juventud ordinaria en un entorno que no lo es. En una de las escenas más significativas, un profesor niega la existencia del Sáhara Occidental ante sus alumnos y humilla públicamente a un joven saharaui. No se trata de un episodio excepcional, sino de una expresión cotidiana de negación política y cultural.
La novela evoca también el impacto duradero del desmantelamiento del campamento de protesta de Gdeim Izik y las durísimas condenas impuestas posteriormente a varios activistas saharauis. Aquel episodio, que marcó a toda una generación, sigue funcionando como advertencia permanente sobre el coste de la movilización abierta.
Uno de los elementos más contundentes del relato es la fragmentación familiar. “No hay una familia completa”, señala uno de los personajes. Hermanos separados entre el territorio ocupado, los campamentos de refugiados en Argelia y la emigración irregular hacia Europa. La separación no es una circunstancia aislada, sino una estructura social consolidada tras décadas de conflicto no resuelto.
La obra incorpora igualmente la presencia del llamado “muro de la vergüenza”, la barrera militar que divide el territorio y simboliza la fractura física y política del Sáhara Occidental. Para los jóvenes protagonistas, cruzarlo implica elegir entre permanecer y resistir o marcharse para intentar construir una vida posible en otro lugar.
Es cierto que el reportaje introduce el conflicto con la fórmula habitual de “territorio reivindicado por Marruecos y Argelia”, una expresión que simplifica una cuestión que Naciones Unidas sigue considerando un proceso de descolonización pendiente. Sin embargo, el propio desarrollo del texto deja claro que la realidad descrita es la de una población que vive bajo control, vigilancia y limitación de derechos.
Rouillé no escribe un ensayo jurídico ni un alegato político. Escribe sobre dudas, frustraciones y expectativas rotas. Sus personajes no son iconos épicos, sino jóvenes que oscilan entre el deseo de una vida normal y la conciencia de pertenecer a un pueblo cuya autodeterminación sigue bloqueada.
En un contexto en el que el Sáhara Occidental reaparece intermitentemente en la agenda diplomática internacional, esta novela —y la reseña publicada por France 3 Régions— recuerdan que detrás de las declaraciones oficiales existe una generación que ha crecido entre promesas incumplidas y horizontes inciertos.
La literatura no sustituye al derecho internacional ni a la acción política, pero cumple una función esencial: mostrar las consecuencias humanas de una descolonización inconclusa. Y en El Aaiún, esa espera no es abstracta. Tiene nombre, edad y futuro en suspenso.
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