Asociaciones solidarias con el pueblo saharaui denuncian que la superproducción de Hollywood contribuye a blanquear la ocupación marroquí del Sáhara Occidental
La polémica por el rodaje de parte de La Odisea, la nueva película de Christopher Nolan, en la ciudad ocupada de Dajla, en el Sáhara Occidental, ha vuelto a saltar a la actualidad con una protesta en Londres de organizaciones solidarias con el pueblo saharaui. La concentración denunció que una gran producción internacional utilice un territorio pendiente de descolonización como simple escenario cinematográfico, ignorando la situación política y humana de la población saharaui.
Según informó Sahara Press Service, las asociaciones reunidas en la capital británica rechazaron la promoción de la película y corearon consignas contra un rodaje que, a su juicio, normaliza la presencia marroquí en el Sáhara Occidental ocupado. El punto central de la denuncia es claro: Dajla no es un decorado neutral, sino una ciudad saharaui bajo ocupación marroquí, en un territorio que Naciones Unidas sigue considerando no autónomo y pendiente de descolonización.
La organización británica Western Sahara Campaign UK difundió un comunicado bajo el título “Vergüenza para Nolan”, en el que condena la filmación en Dajla ocupada y recuerda que el pueblo saharaui lleva más de cincuenta años privado de su derecho a la autodeterminación. La crítica no se dirige solo a una decisión artística, sino al efecto político de presentar como normalidad turística o paisajística un territorio sometido a ocupación.
La controversia no es nueva. FiSahara ya había denunciado el rodaje en Dajla y, tras la aparición del tráiler, ha llamado al boicot de La Odisea, al considerar que Christopher Nolan y su equipo filmaron en el Sáhara Occidental con permisos de la potencia ocupante y sin consentimiento del pueblo saharaui. El festival sostiene que el uso de esas imágenes contribuye a blanquear la ocupación marroquí y a borrar la realidad de quienes no pueden contar libremente sus propias historias.
La película, una de las grandes superproducciones de Hollywood previstas para 2026, cuenta con un reparto internacional de primer nivel y ya había generado críticas por su elección de Dajla como localización. Medios internacionales y españoles recogieron en su momento la polémica, así como el manifiesto impulsado por FiSahara y respaldado por figuras del cine que denunciaban el rodaje sin consentimiento saharaui.
La protesta de Londres vuelve a poner sobre la mesa una cuestión de fondo: el cine no es ajeno a la política cuando elige filmar en un territorio ocupado. En el caso del Sáhara Occidental, cada imagen de normalidad puede convertirse en propaganda si oculta que existe un pueblo expulsado, dividido, reprimido y pendiente de ejercer un derecho reconocido internacionalmente.
No se trata de negar el valor artístico de una película ni de discutir la trayectoria de Christopher Nolan. Se trata de recordar que Dajla no es Marruecos y que el Sáhara Occidental no puede ser convertido en paisaje exótico mientras se silencia a su pueblo. La cultura, también la gran industria cinematográfica, tiene responsabilidades. Y una de ellas es no contribuir, aunque sea por omisión, al blanqueamiento de una ocupación.
Asociaciones solidarias con el pueblo saharaui denuncian que la superproducción de Hollywood contribuye a blanquear la ocupación marroquí del Sáhara Occidental