La prensa en España: haciendo el juego a Marruecos | El Portal Diplomático

La prensa en España: haciendo el juego a Marruecos | El Portal Diplomático
 
Christian Villanueva López
Christian Villanueva López | Editor de medios de comunicación especializados en asuntos de defensa, armamento, seguridad y Fuerzas Armadas.
 

En los últimos tiempos resulta cada vez más común leer titulares de lo más impactantes referentes a Marruecos y, mas concretamente, a sus Fuerzas Armadas. Bien estén motivados por la adquisición de un nuevo modelo de avión de combate, drone, sistema de artillería o carro de combate, o en el peor de los casos, por la nada más absoluta, el resultado es el mismo; dar una imagen falsa de las capacidades marroquíes que en nada beneficia ni a España, ni a su seguridad.

No es necesario remontarse mucho tiempo atrás; en las últimas semanas hemos tenido ejemplos sobrados de la incapacidad de buena parte de nuestros medios para tratar con un mínimo de objetividad y conocimiento cualquier tema referente a nuestro vecino del sur.

Sin ir más lejos, el pasado día 29 de diciembre Manuel Domínguez Moreno, de Diario 16, firmaba una de las crónicas más vergonzantes que hemos podido leer en mucho tiempo relativas a Marruecos. Lo hacía bajo el título: «Marruecos podría ya disponer de un arma nuclear». Más allá de desconocer por completo cómo funciona todo lo relativo al nuclear sharing o la particular doctrina israelí respecto a sus armas nucleares o incluso tener las nociones más básicas acerca de su política exterior, se dedicaba a ofrecernos una sucesión de frases sin sentido («La realidad es que Marruecos ya está en guerra contra nuestro país y no hay peor ciego que el que no quiere ver», «la alianza con el régimen hebreo le da acceso a Marruecos al arsenal israelí, uno de los más avanzados del mundo que dispone, además, de armamento nuclear. ¿Ha accedido ya el reino alauí a un arma nuclear? Es muy posible», «Israel causó la explosión masiva en el puerto de Beirut«). No sólo eso, sino que hacía referencia a personajes como Thierry Meyssan, de Voltaire.net, cuando menos de dudosa reputación, asimilaba la explosión libanesa con un arma nuclear y hacía numerosas apreciaciones personales sobre Israel («un país sin escrúpulos»). No es un caso único, considerando la tradicional postura anti-israelí de nuestra prensa, que también es digna de estudio, pero si dramático por lo excesivo.

Algo parecido hemos podido leer en las últimas horas en torno a la base de Rota y a su hipotético traslado al Sáhara Occidental. Más allá de la soberana tontería que supone para cualquier persona mínimamente informada leer esto (nuestro colaborador Guillermo Pulido lo ha explicado recientemente en The Political Room), lo cierto es que ni siquiera se trata de una noticia nueva, sino que se repite periódicamente, más concretamente cada vez que surge alguna crisis entre España y los EE. UU. o que toca hablar de renovar el acuerdo sobre Rota. No hay más que hacer una breve visita a la hemeroteca (o en este caso a la lista de resultados de Google o cualquier otro buscador) para comprobarlo y, lo que es peor, para darnos cuenta de que en su inmensa mayoría las informaciones siempre terminan por hacer referencia en el mejor de los casos a «medios marroquíes». El pasado verano, sin ir más lejos, hacia el 5 de julio, saltaba a las páginas de los diarios digitales el mismo tema, esta vez de la mano de El Español.

Tengamos en cuenta, antes de creer lo primero que leemos, que Rota no es solamente un puerto en el que atracan cierta cantidad de buques, sino mucho más, dada toda la infraestructura que rodea dicha instalación y que sería imposible de reproducir en Marruecos en un plazo razonable. Esto va desde los astilleros de Navantia a la base de Morón de la Frontera y de San Fernando, en donde tiene su sitio el Tercio de Armada al mayor polvorín del continente o el destino del oleoducto Zaragoza-Torrejón-Morón-Rota, por no hablar de los medios de mando y control y muchas otras cosas. Algo, por cierto, que nos explica con detalle otro de nuestros colaboradores, el doctor Guillem Colom, en el primero de una serie de artículos sobre la geopolítica de las bases militares en el que quien escribe ha tenido la suerte de tomar parte. De esta forma, aunque Marruecos oferte una y otra vez albergar tropas estadounidenses, de ahí a que estas lleguen a ser parte del EUCOM en lugar del AFRICOM, que es lo suyo, media un abismo.

Este es quizá uno de los problemas básicos de nuestro «periodismo» patrio; en España hay información fidedigna de sobra, se producen documentos de calidad y los estudios estratégicos, aunque a un ritmo más lento del deseado, van progresando a la vez que nuevas hornadas de estudiantes salen de los cursos de posgrado y sirven para crear la tan necesaria «masa crítica». Con todo, nadie en las redacciones de los medios generalistas parece pararse a leer los escritos serios, sino que se contentan con replicar sin comprobación alguna «noticias» basadas en rumores, cuando no buscan desesperadamente el «clickbait», auténtica clave de bóveda para la supervivencia de los medios digitales y que tanto daño está haciendo.

Sucede además que la defensa es un tema polémico en España, sujeto a los rifirrafes entre partidos políticos (cuando debería ser materia prioritaria para un gran pacto de estado que evitase que el planeamiento y los presupuestos dependiesen de los ciclos electorales). Esto lo convierte en una mina de oro para ciertos medios, que no dudan en utilizar la aversión de muchos por todo lo relacionado con la milicia o los miedos atávicos -como los que sigue despertando Marruecos), para engrosar su cuenta de resultados, medida en páginas vistas y en «clicks» sobre los enlaces publicitarios. Lo hemos visto a propósito de la ampliación de la dársena de Cartagenalo hemos visto en numerosas ocasiones a propósito del programa S-80 y lo vemos casi cada semana en relación a Marruecos. Dicho todo lo anterior, cabe preguntarse quiénes salen beneficiados -y perjudicados- de esta situación, aparentemente irresoluble…

Como no podía ser de otra forma, el primer beneficiado es, sin duda alguna, la monarquía alauita, con Mohamed VI a la cabeza. Mucho se habla sobre el plan del «Gran Marruecos» en diversos medios, pero el beneficio que Marruecos obtiene de la mala calidad en general de la prensa española es mucho más prosaico. Marruecos, como la misma España, padece ahora mismo una importante crisis económica que ha provocado un fuerte aumento de los niveles de paro. En este sentido, algo tan viejo como el nacionalismo sigue cumpliendo perfectamente su función a la hora de canalizar la rabia de la población desviando la atención sobre el problema fundamental. En la medida en que los marroquíes leen informaciones más y más impactantes en las que se habla sobre los éxitos de su política exterior, la grandeza de su país, el poderío de sus fuerzas armadas y los siguientes objetivos a alcanzar, la adhesión al gobierno crece o, al menos, se mantiene, cuando en otras circunstancias el descontento podría ser peligroso; no hay más que recordar las «primaveras árabes». En resumen: la mayor parte de rumores y falsas informaciones no son sino para consumo interno y así debemos entenderlas.

Curiosamente Marruecos no es el único beneficiado de los sinsentidos de nuestra prensa. En un segundo escalón -y en absoluto decimos que estén detrás de un fenómeno que afecta a medios de izquierda y derecha por igual-, se situarían algunos partidos políticos españoles con VOX a la cabeza. Estos han encontrado en Marruecos, en la lucha contra la inmigración irregular (hábilmente empleada por Marruecos como herramienta de la Zona Gris e íntimamente ligada) y en la constante pérdida de capacidades de las FAS españolas, una mina de votos. Resulta sencillo magnificar la amenaza que supone Marruecos y avivar los miedos de buena parte de la población española hablando de quintas columnas, de compras de armas, etc. Máxime cuando el ala moderada del PSOE, el PP o Ciudadanos parecen haber renunciado a tocar temas como la defensa salvo de forma muy tímida y no se da el necesario intercambio de argumentos.

(…) Leer artículo completo en el original El análisis se publicó en la Revista Ejércitos.

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