Argel, 24 de enero de 2026 (SPS).– El diario argelino El Khabar publicó en su edición del jueves 22 de enero un extenso artículo de análisis sobre la competencia prevista entre la República Saharaui y Marruecos por la membresía en el Consejo de Paz y Seguridad Africano, una batalla que se librará durante la próxima sesión ordinaria del Consejo Ejecutivo de la Unión Africana, prevista para los días 11 y 12 de febrero en la capital etíope, Addis Abeba.
El artículo, firmado por el escritor saharaui Ismail Elkhilil, subraya que esta competencia va mucho más allá de una pugna coyuntural por un escaño en el Consejo, pese a la importancia del mismo, y abre un nuevo capítulo de confrontación política. En este sentido, sostiene que la entrada de Marruecos en una competencia electoral directa con la República Saharaui dentro de una institución oficial de la Unión Africana dinamita desde sus cimientos la narrativa colonial y excluyente marroquí, ya que “no es posible, lógica ni políticamente, competir sino con un Estado reconocido dentro de la organización continental. En consecuencia, el mero hecho de participar en esta contienda electoral constituye un reconocimiento implícito de la existencia del Estado saharaui por parte del Reino de Marruecos, aunque insista en negarlo, con independencia del resultado de las elecciones”.
A continuación, el texto íntegro del artículo tal como fue publicado por el diario El Khabar:
La candidatura de la República Árabe Saharaui Democrática a la membresía del Consejo de Paz y Seguridad Africano para el mandato 2026–2028 reviste una importancia política particular que trasciende, en sus implicaciones, la simple competencia por un escaño en uno de los órganos de la Unión Africana. Las elecciones previstas, que se celebrarán durante la próxima sesión del Consejo Ejecutivo de la Unión Africana en Addis Abeba los días 11 y 12 de febrero de 2026, reflejan profundas transformaciones en el equilibrio de fuerzas dentro del continente y abren un nuevo capítulo de confrontación política y diplomática entre la República Saharaui y el Reino de Marruecos.
Esta confrontación no se limita a una cuestión de representación regional o de rol institucional, sino que afecta al núcleo mismo del conflicto político y jurídico entre la República Saharaui y Marruecos, golpeando de lleno la narrativa colonial marroquí dentro del sistema africano y evidenciando los límites de un discurso basado en la negación de la existencia del Estado saharaui en el seno de la Unión Africana.
Primero: el Consejo de Paz y Seguridad Africano – origen y función
El Consejo de Paz y Seguridad Africano fue creado en 2003, tras la adopción de su protocolo constitutivo en la Cumbre de Maputo y su entrada en vigor en 2004, como uno de los principales órganos de toma de decisiones en materia de conflictos, paz y seguridad en el continente. Está compuesto por 15 Estados miembros, elegidos según una distribución geográfica que tiene en cuenta el número de países de cada una de las cinco regiones de la Unión Africana.
La distribución de los 15 escaños se realiza en función del número de Estados por región: África Occidental (15 países) dispone de cuatro escaños, mientras que África Oriental (14 países), África Austral (10 países) y África Central (9 países) cuentan con tres escaños cada una. La región de África del Norte, que agrupa únicamente a siete Estados (Argelia, Egipto, la República Saharaui, Mauritania, Túnez, Libia y Marruecos), está representada por dos escaños.
La membresía del Consejo se divide en dos mandatos: cinco Estados son elegidos por un periodo de tres años y diez por un periodo de dos años, con posibilidad de renovación. Dada la naturaleza y las competencias del Consejo, ocupar un escaño en él confiere al Estado miembro un peso político y diplomático significativo dentro de la Unión.
Segundo: la política de la “silla vacía”: ¿prudencia política saharaui o cálculos aplazados?
Desde la creación del Consejo de Paz y Seguridad Africano, la República Saharaui se abstuvo voluntariamente de postularse para su membresía, una opción que en su momento fue interpretada como una decisión política cuidadosamente calculada. En los primeros años prevalecía la convicción de que la presencia casi permanente de aliados tradicionales de la República Saharaui en el Consejo, junto con el hecho de que diplomáticos argelinos ocuparan durante largo tiempo el cargo de Comisario de Paz y Seguridad (durante cerca de 16 años, a través de figuras destacadas como el embajador Said Djinnit, el exministro de Asuntos Exteriores Ramtane Lamamra y el embajador Ismaïl Chergui), era suficiente para garantizar el respeto del derecho y la protección de los intereses de la Unión Africana y de sus Estados miembros, en particular la doctrina de la organización continental en defensa del derecho de los pueblos a la autodeterminación dentro de este órgano clave.
De este modo, la República Saharaui se convirtió en el único Estado de África del Norte que no se presentó a las elecciones del Consejo, en el marco de lo que puede describirse como una política de “silla vacía”, que se mantuvo incluso tras la adhesión de Marruecos a la Unión Africana en 2017, aunque con motivaciones distintas en la etapa posterior.
Tercero: tras la adhesión de Marruecos – siete años de candidaturas unilaterales
La adhesión de Marruecos a la Unión Africana en 2017 supuso un punto de inflexión decisivo. Rabat se apresuró, inmediatamente después de su regreso, a presentarse como candidato al Consejo de Paz y Seguridad, logrando desde entonces ocupar un escaño en el Consejo en tres ocasiones consecutivas, con mandatos de distinta duración (tres años y dos años).
Por su parte, la República Saharaui mantuvo su política de no postulación, mientras que los Estados del norte mostraron cierto grado de flexibilidad política al retirarse en una de las rondas en favor de Marruecos, con el objetivo de ofrecer al “nuevo miembro de la Unión” una oportunidad de integrarse en el trabajo colectivo continental y enviar el mensaje de que la región tiene espacio para todos si existe buena fe.
Sin embargo, Marruecos continuó con su política de candidaturas repetidas sin respetar el principio de rotación regional, lo que llevó a Argelia a librar la confrontación aplazada en la cumbre de febrero de 2025. Marruecos perdió frente a Argelia en todas las rondas electorales, y Argelia fue elegida representante de África del Norte en las elecciones de abril de 2025.
Cuarto: las maniobras marroquíes para obstaculizar la candidatura saharaui
Desde el inicio, Marruecos intentó bloquear la candidatura saharaui por todos los medios posibles, consciente de que la República Saharaui entraría en una contienda electoral política compleja y difícil. En este contexto, de manera extraña e inédita, el subdirector de gabinete del presidente de la Comisión de la Unión Africana, de nacionalidad yibutiana, solicitó una opinión jurídica al Departamento Legal de la Unión Africana sobre la elegibilidad de la República Saharaui para postularse al Consejo de Paz y Seguridad, probablemente como resultado de presiones marroquíes.
El Departamento Legal confirmó que la cuestión pertenece al ámbito de la soberanía de los Estados miembros y que la Unión no puede intervenir en procesos electorales, debiendo cualquier debate sobre la legitimidad de una candidatura abordarse en los órganos políticos de la Unión Africana. De este modo, Marruecos fracasó en su primer intento de abortar la candidatura saharaui, al tiempo que se reforzó el derecho soberano de la República Saharaui a participar plenamente en el proceso electoral.
Quinto: las condiciones para la candidatura al Consejo de Paz y Seguridad Africano
El artículo 5(2) del Protocolo del Consejo de Paz y Seguridad establece las condiciones para la candidatura a la membresía del Consejo, entre ellas: el compromiso con los principios de la Unión; la contribución a la promoción y el mantenimiento de la paz y la seguridad en África; la capacidad y voluntad de asumir las responsabilidades derivadas de la membresía; la participación en la resolución y prevención de conflictos; el respeto del orden constitucional, del Estado de derecho y de los derechos humanos; la contribución al Fondo de la Paz; la existencia de misiones permanentes adecuadamente dotadas en la sede de la Unión y ante las Naciones Unidas; y el cumplimiento de las obligaciones financieras con la Unión.
Una aplicación objetiva de estos criterios excluiría sin duda la candidatura de Marruecos por no cumplir varias de estas condiciones, e incluso podría afectar a otros Estados. No obstante, la Unión Africana ha mostrado flexibilidad en la evaluación del cumplimiento de estos requisitos, lo que ha permitido que la mayoría de los Estados africanos, incluido Marruecos, hayan accedido al Consejo, pese a que Rabat no reconoce uno de los principios fundamentales del Acta Constitutiva de la Unión Africana: el respeto de las fronteras heredadas de la independencia.
Sexto: la República Saharaui y la impugnación previa de la elegibilidad marroquí
Durante la candidatura de Marruecos para un mandato de tres años en 2022, el entonces ministro saharaui de Asuntos Exteriores cuestionó formalmente la elegibilidad de Marruecos, señalando que todas las condiciones previstas en el Protocolo estaban siendo vulneradas de manera flagrante por Rabat y solicitando su exclusión de la lista de candidatos. Sin embargo, la entonces ministra de Asuntos Exteriores de Senegal, que presidía los trabajos del Consejo Ejecutivo, dejó la decisión en manos de los Estados mediante votación, y Marruecos fue elegido con dificultad para un mandato de tres años.
Es posible que Marruecos vuelva a cuestionar la elegibilidad de la República Saharaui en las elecciones de febrero de 2026, aunque también es posible que evite hacerlo si confía en resolver la contienda a su favor desde la primera ronda, algo que no está garantizado. La República Saharaui, por su parte, podría volver a plantear la cuestión de la no elegibilidad marroquí. En cualquier caso, lo cierto es que el proceso acabará resolviéndose mediante votación, bajo la presidencia del ministro de Asuntos Exteriores de Angola, cuyo país preside el Consejo Ejecutivo, sin abrir un debate político y jurídico sobre los criterios del artículo 5(2) del Protocolo, ya que en dicho debate Marruecos sería el gran perdedor.
Séptimo: la apuesta de 2026 – una candidatura saharaui con un significado político singular
Las elecciones de 2026 presentan un escenario inédito: tres Estados de África del Norte compiten por un único escaño de dos años de duración —la República Saharaui, Marruecos y Libia—. Sin embargo, esta contienda difiere radicalmente de las anteriores, tanto por su contexto político como por su carga simbólica.
Es la primera vez que la República Saharaui decide presentarse como candidata al Consejo de Paz y Seguridad, y hacerlo en confrontación directa con Marruecos. En este sentido, la candidatura saharaui no se limita a la obtención de un escaño institucional, sino que se convierte en un acto político deliberado destinado a desmontar la narrativa marroquí dentro de la Unión Africana.
Las anteriores pretensiones marroquíes de contar con el apoyo de Libia, como ocurrió en 2025, mostrarán esta vez sus límites, ya que no se espera que Marruecos se retire en su favor ni que le preste un respaldo efectivo en un contexto de competencia directa con la República Saharaui.
Octavo: más allá del escaño – desmontar la narrativa marroquí
La importancia de estas elecciones radica en que colocan a Marruecos frente a una contradicción estructural de su discurso político y propagandístico de carácter colonial. Marruecos ha negado sistemáticamente la existencia del Estado saharaui dentro de la Unión Africana y llegó incluso a afirmar, tras la adopción por el Consejo de Seguridad de la resolución 2797, que dicha resolución suponía una “declaración de defunción” de lo que denomina “Estado del Polisario”.
Sin embargo, la participación de Marruecos en una contienda electoral directa con la República Saharaui dentro de una institución oficial de la Unión Africana desmonta esta narrativa desde su base. No es posible, desde un punto de vista lógico y político, competir sino con un Estado reconocido dentro de la organización continental. En consecuencia, el mero hecho de participar en esta elección constituye un reconocimiento implícito de la existencia del Estado saharaui por parte del Reino de Marruecos, aunque insista en negarlo, independientemente del resultado.
Incluso en caso de victoria marroquí, el precio político sería elevado, ya que Marruecos habría aportado una prueba práctica de la contradicción de su discurso y abierto la puerta a cuestionamientos internos y externos sobre la realidad del estatus de la República Saharaui dentro de la Unión Africana. En caso de derrota, la derrota diplomática sería aún más evidente, por la profunda carga simbólica que conlleva. (SPS)
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