Durante 50 años, la España solidaria ha apoyado el derecho de los saharauis a la independencia, ha acogido a sus niños en verano, ha cooperado con múltiples proyectos en los campamentos, ha denunciado la represión en los Territorios Ocupados. Y el cine español ha sido vanguardia de esa solidaridad, acudiendo puntualmente a todas las convocatorias de FISAHARA, el festival que se celebra anualmente en los campamentos y apoyando la Escuela de Cine Abidin Kaid Saleh en el campamento de Bojador.
Ahora, de un plumazo, Oliver Laxe, en Sirat, ha volado por los aires toda esa solidaridad. O lo ha intentado. Porque podemos ser aún ese Sergio López que camina indiferente por el campo de minas sembradas por Marruecos y sobrevive a sus compañeros de viaje, que antes pisan minas y revientan.
No es una casualidad que en los créditos de la película aparezca Miguel Ángel Moratinos. No hay que ser Hércules Poirot para deducir que fue él quien le facilitó los contactos para que Marruecos financiara gran parte de la película, y que permitiera su rodaje en “el sur de Marruecos”, que solo existe en la mente del rey absoluto y sus mariachis, entre los que lleva las maracas el propio exministro; no existe, porque se llama Sáhara. Ocupado, o en este caso dividido, porque ese campo de minas solo puede estar en el lado Este del Muro del Olvido. Moratinos en los créditos. Hum, que diría Carlos Cristóbal. ¿De verdad? ¿El mismo Moratinos que redactó la Carta de la Vergüenza? ¿El mismo que apoyó a Marruecos contra Aminetu Haidar durante su huelga de hambre frente a la solidaridad de todo el pueblo español y de nuestros cineastas? ¿El mismo que no disimula sus negocios en suelo marroquí a cambio de nuestra traición? ¿El amigo de Felipe, su socio en la operación de laminación del pueblo saharaui y de la solidaridad española con el Sáhara?
Sirat, de manera inconsciente o sibilina (que cada cual escoja), naturaliza el relato de Marruecos: el Sáhara no existe, es “el sur de Marruecos”. En la película, las minas están ahí por una inventada y muy conveniente “Tercera guerra mundial” (cuidado con los aprendices de brujo), y no para dividir y exterminar al pueblo saharaui.
Laxe necesitaba dinero. Bien. ¿Pero necesitaba desacreditarse, manchar sus manos manchando así a todo el cine español? ¿No había dinero en otra parte, sin tener que mentir? No creo que haya mala voluntad por su parte, pero nos gustaría escucharle decir algo al respecto. Por ejemplo, si cree de verdad la mentira que su película bendice y avala.
Laxe, ¿estás ahí?
Mientras llega (o no) la respuesta, el pueblo saharaui y nosotros seguimos caminando; hoy, todos los días.
Gonzalo Moure Trénor
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