Sáhara Occidental | Macky Sall, expresidente de Senegal y figura próxima a Rabat, se retira desde Marrakech de la carrera por dirigir la ONU

Macky Sall, expresidente de Senegal, junto a la declaración con la que anunció desde Marrakech, el 17 de octubre de 2026, su retirada de la carrera para suceder a António Guterres al frente de Naciones Unidas.

El expresidente senegalés Macky Sall anunció ayer, 17 de octubre, desde Marrakech la retirada de su candidatura a secretario general de Naciones Unidas. Lo hizo después de que las votaciones informales del Consejo de Seguridad confirmaran que ninguno de los aspirantes había logrado todavía superar la oposición de los cinco miembros permanentes y de que la carrera parecía inclinarse hacia una candidatura de América Latina y el Caribe, posiblemente femenina.

Sall justificó su decisión por la necesidad de facilitar una candidatura de consenso. Su salida, sin embargo, tiene una lectura particular desde el Sáhara Occidental. No porque pueda presentarse con rigor como un “candidato de Marruecos” —su candidatura fue impulsada inicialmente por Burundi y después recibió el respaldo oficial de Senegal—, sino porque se trataba de uno de los aspirantes africanos más estrechamente vinculados política y personalmente a Rabat.

El expresidente senegalés reside actualmente en Marruecos y mantiene desde hace años una relación cercana con el reino. Durante su presidencia, entre 2012 y 2024, Senegal sostuvo una política claramente favorable a las posiciones marroquíes sobre el Sáhara Occidental. Esa orientación no terminó con su salida del poder: en enero de 2026, Dakar volvió a expresar oficialmente su apoyo a la soberanía marroquí sobre el territorio y al plan de autonomía presentado por Rabat.

El detalle de que Sall haya firmado su retirada en Marrakech no es políticamente decisivo, pero resulta difícil de ignorar. Su declaración está fechada allí y llega precisamente cuando la sucesión de António Guterres empieza a entrar en una fase más definida. Quien ocupe la Secretaría General heredará también el expediente del Sáhara Occidental, el mandato de la MINURSO, los informes periódicos al Consejo de Seguridad y el proceso político que Naciones Unidas mantiene abierto.

El secretario general de la ONU no decide por sí solo el futuro del Sáhara Occidental, pero tampoco es una figura secundaria. De su oficina dependen buena parte de los informes que llegan al Consejo de Seguridad, el seguimiento de la MINURSO y la continuidad del enviado personal para el Sáhara Occidental. En un expediente tan condicionado por el lenguaje diplomático y por el equilibrio entre las grandes potencias, quién ocupe ese puesto importa.

La retirada de Sall elimina, por tanto, de la carrera a un dirigente africano procedente de uno de los países que más claramente han respaldado durante décadas las posiciones de Rabat sobre el Sáhara Occidental. Eso no significa que su sucesor vaya a adoptar una posición favorable al pueblo saharaui, ni permite anticipar cómo se moverá el próximo secretario general. Pero sí modifica el tablero.

La carrera sigue abierta. Rebeca Grynspan, de Costa Rica, se mantiene entre las candidaturas con mayor respaldo en las votaciones informales, aunque continúa encontrando oposición entre miembros permanentes del Consejo de Seguridad y todavía no existe una candidatura de consenso.

Desde el Sáhara Occidental, la noticia no necesita adornarse más: sale de la carrera por dirigir Naciones Unidas un expresidente senegalés estrechamente vinculado a Rabat, residente en Marruecos y procedente de un Estado que continúa respaldando oficialmente la soberanía marroquí sobre el territorio ocupado.

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