Marruecos dice acelerar su “autonomía” para el Sáhara y la prensa española describe el decorado sin mirar el escenario

Marruecos dice acelerar su “autonomía” para el Sáhara y la prensa española describe el decorado sin mirar el escenario

La publicación hoy de dos artículos, uno en Mundiario y otro en El País, vuelve a mostrar cómo parte de la prensa española aborda el llamado “Plan de Autonomía” marroquí para el Sáhara Occidental como si se tratara de un ejercicio técnico de ingeniería institucional, ajeno al contexto de ocupación y al marco jurídico internacional. Ambos textos —útiles en datos, insuficientes en análisis— describen cómo Rabat revisa su propuesta de 2007 para adaptarla a lo que en determinados círculos diplomáticos se denomina “una autonomía genuina”. Lo hacen, sin embargo, sin subrayar lo esencial: el Sáhara Occidental sigue siendo un territorio no autónomo pendiente de descolonización, y ninguna propuesta unilateral de Marruecos puede sustituir el derecho a la autodeterminación.

Mundiario, en su pieza “El desafío de Marruecos ante la ONU: cómo lograr un autogobierno creíble para el Sáhara Occidental”, explica que Rabat corre contrarreloj para presentar un plan detallado y “creíble”, inspirándose en modelos europeos y, en particular, en el sistema autonómico español. El artículo acierta al señalar la contradicción interna de Marruecos: un Estado centralizado, gobernado en gran parte por walis y caids que responden directamente al Palacio Real, difícilmente puede ofrecer un autogobierno real a un territorio que administra mediante un aparato de seguridad férreamente controlado. Pero este enfoque —aunque relevante— deja en la sombra el elemento principal: Marruecos no puede descentralizar lo que jurídicamente no le pertenece. Discutir si Rabat “sabe nadar” antes de enseñar a nadar al Sáhara pierde de vista el hecho de que la piscina no es suya. El territorio sigue esperando un proceso de descolonización, no un rediseño administrativo impuesto por la potencia ocupante.

El País, en su artículo “Marruecos busca inspiración en el modelo autonómico español ante el reto de ofrecer un autogobierno creíble para el Sáhara”, ofrece un recorrido más detallado por la recentralización marroquí, la falta de pedagogía interna sobre lo que implicaría una autonomía real y el inusual movimiento del Palacio Real convocando a los líderes políticos para acelerar la actualización del plan. También menciona —y aquí reside gran parte del interés periodístico del día— las reflexiones de Le Desk, que constata cómo las regiones marroquíes están perdiendo capacidad real mientras Rabat intenta vender al exterior una imagen de descentralización avanzada. Sin embargo, el texto incurre en una ambigüedad compartida por buena parte de los análisis españoles: la lectura de que la ONU ha convertido la autonomía en “la vía más factible”. La resolución 2797 no avala el resultado, solo menciona el marco marroquí como una de las referencias posibles para unas negociaciones que el propio Consejo insiste en que deben conducir a una solución que permita la autodeterminación del pueblo saharaui.

Ambos artículos mencionan —aunque de pasada— un dato que debería ocupar el centro del debate: el Frente Polisario no rechaza discutir la autonomía, siempre que esta sea sometida a un referéndum junto a la opción de independencia. Esa es la posición coherente con el derecho internacional. En cambio, Marruecos rechaza tanto la consulta como la negociación directa, y pretende convertir su plan en el único horizonte imaginable. Lo que los textos describen como un desafío técnico es, en realidad, un bloqueo político deliberado.

El riesgo de tomar el plan marroquí como punto de partida natural es evidente. Se desplaza la carga del problema desde la ocupación hacia la ingeniería institucional, y desde el derecho a decidir del pueblo saharaui hacia la capacidad de Rabat de “modernizar” su administración. Mientras se discute si Marruecos puede copiar a España o a Escocia, se desdibuja la pregunta que debería guiar cualquier análisis: ¿cómo puede una potencia ocupante imponer unilateralmente un modelo que excluye la independencia cuando esa es precisamente la opción que la ONU exige mantener abierta?

Los artículos de hoy son valiosos como síntoma. Muestran cómo Rabat ha conseguido colocar su plan de autonomía en el centro del debate internacional y mediático. Pero también revelan la necesidad urgente de devolver el foco a donde debe estar: en la legalidad internacional, en la autodeterminación y en la evidencia de que ningún “modelo autonómico”, por sofisticado que sea, puede blanquear una ocupación. Marruecos puede revisar su propuesta tantas veces como quiera; mientras no incluya la independencia como opción en una consulta libre y verificable, seguirá siendo lo que siempre ha sido: un instrumento político para perpetuar el statu quo, no para resolverlo.

Carlos C. García – PLATAFORMA «NO TE OLVIDES DEL SAHARA OCCIDENTAL»


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