Marruecos: las exportaciones agrícolas a Francia, amenazadas

Marruecos: las exportaciones agrícolas a Francia, amenazadas

El presente texto es una lectura comentada del artículo «Maroc : les exportations agricoles vers la France menacées», publicado recientemente en la prensa argelina y centrado en las consecuencias de las protestas de agricultores franceses y el refuerzo de los controles sanitarios sobre productos agrícolas importados desde Marruecos.

Las recientes movilizaciones de agricultores franceses contra el acuerdo Mercosur han forzado al Gobierno de Francia a anunciar medidas que podrían afectar directamente a las exportaciones agrícolas procedentes de Marruecos.

El artículo señala que el primer ministro francés, Sébastien Lecornu, anunció que «en los próximos días se aprobará una orden ministerial […] para suspender la importación de productos que contengan residuos de sustancias prohibidas en Europa». No se trata de una declaración simbólica: el propio Ejecutivo francés habla de controles reforzados y de una brigada especializada para garantizar el cumplimiento de las normas sanitarias.

Entre las sustancias citadas figuran pesticidas como el mancozeb o el carbendazim, prohibidos en la Unión Europea por sus efectos nocivos sobre la salud. El texto subraya que estas decisiones se justifican oficialmente como una medida para «luchar contra la competencia desleal» y proteger tanto a los agricultores franceses como a los consumidores.

Sin embargo, el artículo pone el acento en un problema estructural: la persistencia, en Marruecos, de un mercado paralelo de pesticidas. A pesar de la existencia de una legislación formal, se denuncia que «productos retirados, y por tanto prohibidos para la venta, siguen existiendo en el mercado paralelo», lo que cuestiona la trazabilidad real de una parte de las exportaciones agrícolas.

El texto recuerda además que los controles europeos ya han detectado problemas en el pasado, tanto a través de alertas sanitarias como de incautaciones en frontera. En zonas de agricultura intensiva como Agadir o Dakhla, en el Sáhara Occidental ocupado, la especialización en el monocultivo del tomate bajo invernadero favorece el uso intensivo de pesticidas, incluidos productos prohibidos en la UE.

Más allá de los aspectos sanitarios, el artículo apunta de forma indirecta a una cuestión central que rara vez se aborda abiertamente: la asimetría de exigencias entre los productores europeos y los grandes exportadores extracomunitarios. Mientras a los agricultores franceses se les imponen normas cada vez más estrictas en materia medioambiental y de uso de fitosanitarios, Marruecos ha construido buena parte de su competitividad agrícola sobre un modelo intensivo, con costes laborales bajos, un control desigual del uso de pesticidas y una débil capacidad de supervisión efectiva. Las protestas agrarias en Francia son también una reacción a esa brecha estructural.

En este contexto, el Sáhara Occidental ocupado ocupa un lugar especialmente sensible. La agricultura intensiva desarrollada en zonas como Dakhla se apoya en un uso masivo de agua, en monocultivos orientados casi exclusivamente a la exportación y en un empleo intensivo de productos químicos. Todo ello se produce en un territorio pendiente de descolonización, donde Marruecos no tiene soberanía reconocida y donde la explotación de los recursos naturales se realiza sin el consentimiento del pueblo saharaui, en contra del derecho internacional.

El refuerzo anunciado de los controles franceses puede interpretarse, por tanto, no solo como una respuesta coyuntural a la presión del sector agrícola, sino como un síntoma de las crecientes tensiones entre el discurso europeo sobre seguridad alimentaria, sostenibilidad y legalidad, y la realidad de sus importaciones agrícolas. En el caso de Marruecos —y de los productos procedentes del Sáhara Occidental ocupado— estas contradicciones se vuelven cada vez más visibles y más difíciles de sostener políticamente.

Origen: Maroc : les exportations agricoles vers la France menacées — TSA


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