Treinta y cinco años después de su creación, la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental (MINURSO) vuelve al centro del debate en el Consejo de Seguridad. No porque vaya a producir decisiones inmediatas, sino porque su propia existencia plantea ya una cuestión de fondo: cómo sostener una misión concebida para un objetivo —el referéndum de autodeterminación— que nunca se ha materializado.

Creada en 1991 tras el alto el fuego entre el Frente Polisario y Marruecos, la MINURSO tenía un mandato claro y limitado en el tiempo. Sin embargo, el proceso político quedó bloqueado y la misión se fue transformando de facto en un mecanismo de gestión del statu quo. Este desplazamiento entre mandato formal y realidad operativa es hoy uno de los ejes centrales de la discusión.
La reunión celebrada este 23 de abril se enmarca en la revisión estratégica solicitada por el propio Consejo de Seguridad. El informe presentado analiza el papel actual de la misión en un contexto muy distinto al de su origen: la ruptura del alto el fuego en 2020, la persistencia de una guerra de baja intensidad y la ausencia de un horizonte político definido.
En este escenario, varias cuestiones están sobre la mesa. Por un lado, si la MINURSO puede seguir operando con un mandato que no se cumple. Por otro, si debe ampliarse para incorporar funciones que hasta ahora han quedado fuera, como la supervisión de los derechos humanos. Y, en tercer lugar, si la comunidad internacional está dispuesta a mantener una misión que, en la práctica, no ha logrado avanzar hacia su objetivo inicial.
A esta paradoja se suma un elemento adicional: la MINURSO es la única misión de paz de la ONU sin un mecanismo específico de vigilancia de derechos humanos, una anomalía que ha sido denunciada de forma recurrente por organizaciones internacionales y que vuelve a situarse en el centro del debate.
Más allá de los aspectos técnicos, lo que se discute hoy es el alcance real del compromiso internacional con el proceso de descolonización del Sáhara Occidental. Mantener la misión sin cambios implica consolidar el bloqueo; modificar su mandato supondría reconocer que el modelo actual ha llegado a un límite.
Treinta y cinco años después, la MINURSO sigue desplegada, pero la pregunta que sobrevuela el Consejo de Seguridad es otra: si su continuidad responde a una estrategia para resolver el conflicto o, simplemente, a la incapacidad de afrontarlo.