Mujeres saharauis que desactivan minas: del reconocimiento cultural al debate político

Mujeres saharauis que desactivan minas: del reconocimiento cultural al debate político

 

La nominación del cortometraje Disonancia en los Premios Goya ha vuelto a situar en el centro una realidad poco visible: la de las mujeres saharauis que trabajan en la detección y neutralización de minas en el Sáhara Occidental. Pero más allá del reconocimiento cultural, lo relevante es lo que revela esa labor.

Las integrantes del equipo SMAWT operan en las proximidades del muro militar levantado por Marruecos en los años ochenta, una estructura que divide el territorio y sigue rodeada de campos minados. No se trata de un vestigio del pasado cerrado, sino de la huella física de un conflicto que Naciones Unidas considera pendiente de descolonización. Cada artefacto retirado confirma que el problema político no está resuelto.

Su trabajo tiene una dimensión humanitaria evidente —proteger a la población civil y reducir riesgos—, pero también un significado político: garantizar condiciones mínimas de seguridad es parte del ejercicio efectivo de derechos. Sin seguridad, no hay movilidad, ni desarrollo, ni retorno posible a determinadas zonas.

El interés de llevar el documental al Parlamento Europeo abre otra cuestión: ¿habrá coherencia entre el discurso europeo sobre derechos humanos y la realidad del Sáhara Occidental? La visibilidad cultural puede romper el silencio mediático, pero solo tendrá impacto si se traduce en debate institucional y responsabilidad política.

El foco no debería quedarse en la gala, sino en lo que las minas representan: la persistencia material de una ocupación y de una descolonización inacabada.

 


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