TEMA DEL DÍA | Mundial 2026: el Sáhara Occidental no ha olvidado a España

Ilustración sobre las celebraciones registradas en El Aaiún tras la victoria de España en el Mundial de 2026. El vídeo original de la caravana, citado en la entrada, fue publicado por Lancelot Digital y difundido posteriormente por AAPSO.

Las celebraciones por la victoria española en El Aaiún y Dajla muestran unos vínculos que siguen vivos cincuenta años después, mientras el Gobierno de España continúa evitando su responsabilidad ante la ocupación y la descolonización pendiente.

Una caravana de vehículos recorrió las calles de El Aaiún haciendo sonar los cláxones después de la victoria de España en la final del Mundial. En las redes sociales circularon también imágenes atribuidas a Dajla, la antigua Villa Cisneros, donde grupos de saharauis salieron a celebrar el segundo campeonato mundial de la selección española.

La Red Saharaui de Medios de Comunicación Maizirat compartió la alegría con un mensaje especialmente significativo:

«Con toda nuestra alegría, compartimos vuestra celebración: España es campeona del mundo por segunda vez en su historia».

El vídeo transmite, ante todo, una imagen festiva: coches, bocinas, movimiento y alegría en unas ciudades donde la población saharaui soporta desde hace medio siglo la ocupación marroquí. No es necesario convertir cada vehículo o cada celebración en una declaración política. Pero tampoco sería honesto contemplar esas imágenes como si procedieran de cualquier lugar.

➡️ VÍDEO | La victoria de España también se celebra en las calles del Sáhara Occidental ocupado

Una celebración que llega desde un territorio ocupado

El Aaiún y Dajla no son ciudades marroquíes para el Derecho Internacional. Forman parte del Sáhara Occidental, un territorio pendiente de descolonización que España abandonó en 1975 sin garantizar que su población pudiera ejercer el derecho a decidir libremente su futuro.

Desde entonces, Marruecos ha tratado de imponer su soberanía mediante la ocupación militar, el traslado de población, la explotación de los recursos naturales y una política continuada de marroquinización. También ha intentado alterar la memoria de las ciudades, sustituir sus referencias históricas y presentar como definitivamente marroquí un territorio que Naciones Unidas continúa considerando no autónomo.

Por eso adquiere un significado especial que la victoria española sea celebrada públicamente en las calles de El Aaiún y Dajla. Las imágenes muestran que la historia no desaparece por decreto y que los vínculos humanos no se borran con mapas, inversiones o campañas de propaganda.

No es nostalgia ni una absolución de España

Sería un error interpretar esta celebración como una reivindicación del pasado colonial español. El afecto que una parte del pueblo saharaui mantiene hacia España no elimina el abandono, las promesas incumplidas ni las responsabilidades derivadas de una descolonización que quedó interrumpida.

España no salió del Sáhara Occidental después de culminar un proceso democrático. Se retiró mientras Marruecos y Mauritania ocupaban el territorio y decenas de miles de saharauis huían hacia el desierto bajo los bombardeos. La población terminó dividida entre las zonas ocupadas y los campamentos de personas refugiadas levantados en Argelia.

Las celebraciones del Mundial no absuelven al Estado español. Al contrario: recuerdan la profundidad de una relación que los sucesivos gobiernos han preferido reducir a un asunto del pasado.

En numerosas familias saharauis permanece el castellano. Continúan los recuerdos de la antigua administración, los documentos españoles y los vínculos familiares con Canarias y distintos territorios del Estado. Cada verano, miles de personas participan además en Vacaciones en Paz, un programa que mantiene viva una solidaridad construida durante décadas.

El Sáhara Occidental no ha olvidado a España. La cuestión es qué hace España con esa memoria.

El afecto saharaui y el silencio del Gobierno

Las celebraciones coincidieron con la visita de Pedro Sánchez a Argelia. El presidente español acudió a Argel para recomponer una relación deteriorada desde 2022, cuando decidió respaldar el plan marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental.

Sánchez y Abdelmadjid Tebboune hablaron de gas, inversiones, cooperación económica, seguridad, migraciones y de una nueva cumbre bilateral prevista para octubre. El presidente argelino confirmó que el Sáhara Occidental formó parte de las conversaciones. Sánchez, sin embargo, evitó mencionarlo públicamente.

➡️ CRÓNICA | Sánchez recompone con Argelia la relación rota por el Sáhara, pero evita nombrarlo

El contraste resulta evidente. En las calles del territorio ocupado, saharauis celebraban la victoria de España. En Argel, el presidente español evitaba pronunciar el nombre del Sáhara Occidental mientras reconstruía una relación diplomática que se había roto precisamente por su apoyo a Marruecos.

España recibe cercanía, simpatía y afecto de una parte importante del pueblo saharaui. Su Gobierno responde con silencio cuando esa relación exige asumir responsabilidades políticas.

La otra cara de la relación

Mientras se difundían las caravanas de El Aaiún y Dajla, Naâma Asfari permanecía incomunicado en una cárcel marroquí, después de más de cuarenta días en huelga de hambre. Su familia llevaba varios días sin poder hablar con él ni recibir información fiable sobre su estado.

En Madrid, activistas y personas solidarias se concentraron ante el Ministerio de Asuntos Exteriores para reclamar que España actuara ante Marruecos. La petición era elemental: proteger su vida, garantizar atención médica independiente, permitir el contacto con su familia y exigir la libertad de los presos políticos saharauis.

➡️ Naâma Asfari permanece incomunicado desde el 13 de julio en plena huelga de hambre

Esa imagen también forma parte de la relación entre España y el Sáhara Occidental. No solo están las banderas, el fútbol y las celebraciones. También están los presos ignorados, las familias divididas y una población refugiada que lleva cincuenta años esperando una solución.

El Sáhara no ha olvidado

Las caravanas del Mundial tienen fuerza porque muestran una alegría espontánea, alejada de las declaraciones oficiales y de los cálculos diplomáticos. No necesitan ser exageradas ni convertidas en algo que no son.

Pero tampoco deben vaciarse de significado.

En un territorio ocupado, celebrar públicamente a España demuestra que Marruecos no ha conseguido borrar todos los vínculos saharauis con la antigua potencia administradora. Esos lazos han sobrevivido a la guerra, el exilio, la represión y cinco décadas de abandono político.

España acaba de celebrar su segundo campeonato mundial. Muchos saharauis lo sintieron también como una alegría propia.

El Sáhara Occidental no ha olvidado a España. España todavía debe decidir si seguirá utilizando ese afecto como una postal sentimental o si asumirá, por fin, la responsabilidad histórica, jurídica y política que continúa pendiente.