Diciembre de 2015. Gonzalo Borondo trabajaba en la fachada de la Escuela de Formación Audiovisual Abidin Kaid Saleh, en los campamentos de personas refugiadas saharauis. Más de diez años después, las fotografías conservan una obra que el sol, la arena y el viento fueron transformando.

Carlos Cristóbal – Fotografías para entender el Sáhara Occidental
Era a comienzos de diciembre de 2015, alrededor de las fiestas del 6 y el 8. La Escuela saharaui de Cine afrontaba entonces con dificultades su cuarto curso y yo continuaba coordinando la parte española de un proyecto que todavía estaba aprendiendo, en muchos sentidos, qué escuela quería y podía ser.
Aquellos primeros años nos obligaron también a revisar muchas de las ideas con las que habíamos llegado desde España. Formar en cine en los campamentos no consistía simplemente en trasladar un currículo previamente diseñado. El idioma, las costumbres, las trayectorias personales y los diferentes niveles de formación del alumnado saharaui difícilmente podían encajar en un plan de estudios excesivamente reglado. Nosotros también teníamos que aprender.
En aquellos días llegó Gonzalo Borondo.
Nota de redacción. Gonzalo Borondo (Valladolid, 1989) es un artista español que comenzó su trayectoria como muralista y ha desarrollado buena parte de su obra en diálogo con la arquitectura, el espacio público y la memoria de los lugares. Desde 2010 ha trabajado con museos, galerías e instituciones de distintos países y ha expuesto en ciudades como Madrid, Roma, Milán, París o Londres. Desde 2023 es académico de número de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce.
Poco a poco, la fachada amarilla de la Escuela fue cambiando. Aparecieron tres grandes rostros, los colores saharauis y una composición en la que Borondo incorporó incluso la pequeña ventana enrejada del edificio al rostro central.

A la derecha escribió en árabe «Sáhara Libre». También aquello tuvo su pequeña historia: la palabra Sáhara apareció inicialmente mal escrita y hubo que rectificarla. Una anécdota mínima de aquellos días que las fotografías también ayudan a recordar.
No hace falta atribuir ahora a cada rostro o a cada elemento del mural un significado que no sabemos si el artista quiso establecer. Las imágenes hablan suficientemente bien por sí mismas.
El desierto hizo después su trabajo. El sol, la arena, el viento y los años fueron deteriorando una pintura realizada sobre una pared expuesta a condiciones extremas.
La Escuela, sin embargo, continúa viva. La Escuela de Formación Audiovisual Abidin Kaid Saleh sigue formando parte del proyecto cultural saharaui, vinculada al Ministerio de Cultura de la República Saharaui.
Y quedan estas fotografías.
En diciembre de 2015 NOTEOLVIDES publicó una amplia serie del trabajo de Gonzalo Borondo en aquella fachada. Hoy recuperamos algunas de aquellas imágenes para recordar una obra efímera, una Escuela que todavía buscaba su propio camino y un momento concreto de la vida de los campamentos saharauis.
La pintura fue desapareciendo. La memoria permanece.