13 de julio de 2026 | El estado crítico del preso político saharaui, el nuevo retraso de la Ley de Nacionalidad, la guerra silenciada y la solidaridad de las ciudades que acogen menores saharauis durante el verano muestran las distintas dimensiones de una misma injusticia prolongada durante demasiado tiempo.
EL OBSERVADOR SAHARAUI EN NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL
Hay esperas políticas y hay esperas que pueden costar una vida. Naâma Asfari continúa en una situación médica crítica en la prisión marroquí de Kenitra después de más de un mes en huelga de hambre. El defensor saharaui de los derechos humanos, condenado a 30 años tras un proceso basado en confesiones obtenidas bajo tortura, lleva más de quince años encarcelado por su participación en la protesta pacífica de Gdeim Izik y por defender el derecho de su pueblo a la autodeterminación. Naâma Asfari está al borde de la muerte y necesita una intervención internacional inmediata. No se trata ya de una advertencia más: su vida corre peligro y cada día de silencio aumenta la responsabilidad de quienes podrían intervenir.
La gravedad del momento ha llevado al diputado francés Jean-Paul Lecoq a pedir al primer ministro Sébastien Lecornu que aproveche su próxima visita a Rabat para reclamar la liberación de Asfari y de sus compañeros. La petición recogida por Sahara Press Service recuerda además que el Grupo de Trabajo de Naciones Unidas sobre la Detención Arbitraria declaró ilegal su encarcelamiento y exigió la liberación de los presos del grupo de Gdeim Izik. Francia no puede proclamarse defensora de los derechos humanos mientras sostiene políticamente a Marruecos y guarda silencio ante la posible muerte de un preso político saharaui.
La urgencia de Naâma Asfari convive con otra forma de espera: la que España continúa imponiendo al pueblo saharaui. El Congreso ha vuelto a frenar la Ley de Nacionalidad Saharaui y la ha dejado en el aire hasta después del verano. La Comisión de Justicia no debatirá el dictamen hasta el 23 de julio, cuando ya no habrá margen para que la iniciativa llegue al Pleno extraordinario de ese mismo día. Salvo una convocatoria adicional en agosto, la votación deberá esperar al nuevo periodo de sesiones y después afrontar todavía su paso por el Senado.
No es un simple problema de calendario parlamentario. Detrás de cada retraso hay familias que llevan décadas reclamando una reparación vinculada directamente a las responsabilidades históricas de España. Mientras se multiplican las declaraciones de apoyo y las promesas de tramitación, la realidad vuelve a ser la misma: los derechos del pueblo saharaui pueden esperar. La iniciativa ha avanzado, pero todavía no existe ninguna ley en vigor, su aprobación no está garantizada y nadie debe pagar por supuestos trámites que aún no pueden realizarse.
Desde EL OBSERVADOR SAHARAUI, la entrevista Ahmed Mulay: «Con el fusil conquistaremos la libertad» devuelve a la actualidad otra realidad que buena parte de la información internacional prefiere ignorar: en el Sáhara Occidental continúa una guerra reanudada en noviembre de 2020. El representante saharaui en Brasil habla de los ataques con drones, de las bajas, de los presos políticos y de la determinación de mantener la lucha mientras persistan la ocupación marroquí y la división del territorio. Sus palabras pueden resultar incómodas, pero más incómodo debería ser que la comunidad internacional lleve décadas bloqueando una salida basada en el derecho del pueblo saharaui a decidir libremente su futuro.
Frente a la cárcel, el aplazamiento político y la guerra silenciada, la solidaridad continúa abriendo espacios. Varias ciudades italianas han recibido a los Pequeños Embajadores de Paz saharauis, con actos institucionales en municipios de Emilia-Romaña y Toscana. La acogida ofrece descanso, atención sanitaria y convivencia a los menores, pero también cumple una función política imprescindible: recordar a las sociedades europeas que los campamentos de refugiados no son una consecuencia inevitable del desierto, sino el resultado de la ocupación marroquí y de una descolonización que continúa pendiente.
Una cárcel marroquí, un Parlamento español, un frente de guerra y varios ayuntamientos italianos. Son cuatro escenarios de una misma jornada y de una misma injusticia. Naâma Asfari no puede seguir esperando; la reparación histórica no puede quedar permanentemente sometida al calendario político; la guerra no puede desaparecer porque apenas se informe sobre ella; y la solidaridad, por imprescindible que sea, no puede sustituir al cumplimiento del Derecho Internacional.
El pueblo saharaui no necesita que el mundo continúe administrando su sufrimiento y aplazando sus derechos. Necesita que se ponga fin a la ocupación, que se libere a sus presos políticos y que pueda ejercer, de una vez, su derecho a la autodeterminación.
13 de julio de 2026 | El estado crítico del preso político saharaui, el nuevo retraso de la Ley de Nacionalidad, la guerra silenciada y la solidaridad de las ciudades que acogen menores saharauis durante el verano muestran las distintas dimensiones de una misma injusticia prolongada durante demasiado tiempo.