LECTURA DEL DÍA | Naâma Asfari, la voz saharaui y una memoria que no se borra

22 de julio – La situación crítica del preso político saharaui, el intento estadounidense de abrir espacio en la ONU a «Saharauis por la Paz» y las celebraciones por la victoria de España en el Sáhara Occidental ocupado muestran tres frentes de una misma batalla: derechos humanos, representación política y memoria.

Hay jornadas en las que las noticias parecen hablar de asuntos diferentes, pero terminan componiendo una misma imagen. La de hoy reúne la urgencia de un preso político incomunicado, los movimientos diplomáticos para alterar la representación saharaui y la persistencia de un pueblo que, incluso bajo ocupación, continúa recordando sus vínculos con España. En medio, la denuncia por el rodaje de La Odisea en Dajla ha conseguido romper parte del silencio y llegar a un medio como La Vanguardia. Cárcel, diplomacia, cultura y memoria vuelven a cruzarse alrededor de una descolonización que nadie ha logrado cerrar.

La noticia más urgente continúa siendo la situación de Naâma Asfari, incomunicado desde el 13 de julio y en huelga de hambre. El Frente Polisario ha llevado su caso ante el Consejo de Seguridad, mientras el Consejo Nacional Saharaui impulsa una campaña internacional por la liberación de los presos políticos saharauis. No estamos ante un episodio penitenciario aislado. El encarcelamiento, la dispersión, el aislamiento y la falta de atención médica forman parte de una política destinada a castigar a quienes defienden públicamente el derecho de su pueblo a la autodeterminación. Cada día de silencio internacional aumenta el riesgo y refuerza la impunidad de Marruecos.

Al mismo tiempo, Estados Unidos pretende facilitar la presencia de «Saharauis por la Paz» ante Naciones Unidas frente al Frente Polisario. El problema no es que una asociación pueda expresar sus posiciones, sino que se utilice su presencia para construir una falsa equivalencia y diluir al interlocutor saharaui del proceso de descolonización. La cuestión del Sáhara Occidental no necesita nuevas fórmulas destinadas a esquivar su naturaleza jurídica, sino aplicar el derecho a la autodeterminación pendiente desde hace medio siglo. Convertir una operación política en una supuesta pluralidad representativa solo serviría para desplazar nuevamente la voluntad del pueblo saharaui.

Frente a esas maniobras, las imágenes de la victoria de España celebrada en las calles del Sáhara Occidental ocupado han alcanzado una repercusión significativa. También el TEMA DEL DÍA dedicado al Mundial de 2026 ha recordado una realidad incómoda: el pueblo saharaui no ha olvidado a España, aunque España lleve décadas intentando olvidar sus responsabilidades. Las camisetas, las banderas y la alegría compartida no borran el abandono de 1975; lo hacen todavía más visible. Son la expresión de una memoria popular que ha sobrevivido a la ocupación, al exilio y a la indiferencia institucional española.

Naâma Asfari resiste desde una cárcel marroquí; algunos despachos intentan fabricar interlocutores más cómodos; y en las calles ocupadas continúan apareciendo símbolos de una historia que no ha desaparecido. Las tres noticias conducen al mismo lugar: el Sáhara Occidental sigue esperando justicia, y ninguna estrategia diplomática, cinematográfica o propagandística podrá convertir la ocupación en normalidad. La urgencia saharaui no admite más sonrisas diplomáticas mientras los presos permanecen incomunicados y el derecho internacional continúa sin cumplirse.