LA LECTURA DEL DÍA — Ginebra vuelve a poner el foco en el Sáhara mientras Aminetu alerta del desencanto de la juventud saharaui

19 de junio de 2026 | La presentación en Ginebra del informe anual sobre derechos humanos en el Sáhara Occidental ocupado y las declaraciones de Aminetu Haidar sobre la pérdida de confianza de muchos jóvenes en la vía pacífica invitan a reflexionar sobre las consecuencias de décadas de bloqueo político e inacción internacional.

El OBSERVADOR SAHARAUI en NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL

La jornada de ayer dejó dos mensajes que merecen una reflexión conjunta. Por un lado, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU volvió a escuchar en Ginebra las denuncias sobre la situación en el Sáhara Occidental ocupado, con la presentación del informe anual que documenta 170 vulneraciones de derechos humanos durante 2025. Por otro, Aminetu Haidar lanzó una advertencia inquietante: cada vez más jóvenes saharauis dejan de confiar en la resistencia pacífica y en la capacidad de la comunidad internacional para hacer cumplir el derecho internacional.

No son dos noticias aisladas. En realidad, forman parte de una misma realidad. Mientras los informes internacionales siguen acumulando pruebas sobre represión, persecución de activistas, restricciones a las libertades y expolio de recursos, el proceso político permanece bloqueado y el prometido referéndum de autodeterminación continúa sin celebrarse más de tres décadas después del alto el fuego auspiciado por Naciones Unidas.

Las palabras de Aminetu Haidar no constituyen una llamada a la violencia, sino una advertencia sobre las consecuencias del inmovilismo. Cuando una generación entera percibe que las resoluciones, las sentencias judiciales y los llamamientos diplomáticos no producen cambios sobre el terreno, aumenta el riesgo de que pierda la fe en las vías pacíficas que durante años han defendido buena parte de la sociedad saharaui.

También en Ginebra, la defensora de derechos humanos Galia Djimi volvió a denunciar la persecución que sufren activistas y observadores en los territorios ocupados, insistiendo en la necesidad de establecer un mecanismo independiente de supervisión de los derechos humanos. Sus palabras recuerdan que el problema no es únicamente político: afecta cada día a personas concretas que ven limitadas sus libertades y soportan un clima permanente de vigilancia y presión.

El Sáhara Occidental sigue ocupando un lugar en la agenda internacional, pero la distancia entre los diagnósticos y las soluciones continúa siendo enorme. La gran incógnita es cuánto tiempo podrá mantenerse ese desfase sin que aumenten la frustración, la desconfianza y el deterioro de una situación que lleva demasiado tiempo esperando una respuesta basada en el derecho internacional.

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