La próxima visita de Mohamed VI a Francia y las recientes declaraciones del ministro francés de Exteriores reflejan un cambio político cada vez más explícito alrededor del conflicto saharaui.
Por Victoria G. Corera – PLATAFORMA «NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL»

La relación entre Francia y Marruecos vuelve a entrar en una nueva fase política alrededor del Sáhara Occidental. La próxima visita oficial de Mohamed VI a París, unida a las recientes declaraciones del ministro francés de Exteriores durante su visita a Rabat, confirma hasta qué punto Francia está endureciendo y haciendo cada vez más explícito su alineamiento con las posiciones marroquíes sobre el conflicto.
Y esta vez el cambio de tono parece especialmente significativo.
Durante su intervención en Rabat, el ministro francés llegó a presentar el Sáhara Occidental como una cuestión “estratégica” para Francia y defendió nuevamente la propuesta marroquí de autonomía como marco central para una futura solución política. Sus declaraciones fueron interpretadas por numerosos observadores como un nuevo paso en la progresiva legitimación diplomática de la posición marroquí desde París.
Pero el debate no se limita únicamente a las palabras.
Las declaraciones francesas vuelven a poner sobre la mesa una cuestión mucho más profunda: el creciente desplazamiento del conflicto saharaui desde el terreno estrictamente jurídico de Naciones Unidas hacia un escenario dominado cada vez más por intereses estratégicos, económicos y geopolíticos.
Porque el Sáhara Occidental aparece hoy conectado a cuestiones que van mucho más allá del propio conflicto: seguridad regional, rutas atlánticas, Sahel, energía, inversiones, control migratorio y relaciones euroafricanas.
En ese contexto, Francia parece estar reforzando progresivamente su apuesta por Marruecos como socio estratégico prioritario en el norte de África.
Sin embargo, las palabras pronunciadas en Rabat también han generado fuertes críticas desde sectores especializados en derecho internacional y en la cuestión saharaui como el doctor Carlos Ruiz Miguel. Diversos analistas recuerdan que Naciones Unidas continúa considerando el Sáhara Occidental un territorio pendiente de descolonización y que las resoluciones del Consejo de Seguridad siguen haciendo referencia al principio de autodeterminación.
Las críticas se centran especialmente en la interpretación francesa de la resolución 2797 del Consejo de Seguridad, presentada por París como una validación implícita de la propuesta marroquí de autonomía. Para numerosos juristas y especialistas, esa lectura desdibuja deliberadamente el contenido real de las resoluciones de la ONU y contribuye a consolidar políticamente una solución que sigue siendo rechazada por el Frente Polisario.
Al mismo tiempo, la nueva posición francesa vuelve a evidenciar otra contradicción incómoda dentro de Europa.
Mientras París empieza a hablar del Sáhara Occidental como una cuestión estratégica vinculada directamente a sus intereses regionales, España continúa manteniendo un discurso mucho más ambiguo y evasivo sobre un territorio con el que mantiene responsabilidades históricas y jurídicas mucho más profundas.
Ese contraste empieza a resultar cada vez más visible.
La cuestión saharaui ya no se mueve únicamente en el lenguaje tradicional de la diplomacia multilateral. También forma parte de la nueva competencia estratégica que atraviesa el norte de África y el Sahel, en un momento de profundas transformaciones internacionales.
Por eso la próxima visita de Mohamed VI a Francia no parece un simple gesto protocolario.
Representa también la consolidación de un nuevo eje político alrededor del Sáhara Occidental cuyas consecuencias podrían influir de manera importante en la evolución futura del conflicto.
Algunos medios franceses han llegado incluso a presentar el futuro tratado franco-marroquí como el primer gran acuerdo estratégico de este tipo entre Marruecos y un Estado europeo. Sin embargo, España mantiene desde 1991 un Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación con Rabat, firmado precisamente mientras el Sáhara Occidental seguía pendiente del referéndum prometido por Naciones Unidas.
Más que una ruptura histórica, el nuevo acercamiento entre París y Rabat parece prolongar una larga tendencia europea: reforzar las alianzas estratégicas con Marruecos mientras el conflicto saharaui continúa oficialmente sin resolver.
El ministro francés de Exteriores, Jean-Noël Barrot, afirmó en Marruecos que el Sáhara Occidental es crucial para Francia, defendiendo la soberanía marroquí y el plan de autonomía como la única solución. Resaltó la creciente colaboración política y económica con Marruecos.