Paz para algunos, derecho para nadie: el caso del Sáhara Occidental – REDACCIÓN

Paz para algunos, derecho para nadie: el caso del Sáhara Occidental – REDACCIÓN


Mientras las grandes potencias multiplican discursos, foros y mecanismos supuestamente dedicados a la paz, el Sáhara Occidental continúa excluido de cualquier solución basada en el derecho. No por falta de normas ni de resoluciones internacionales, sino porque aplicar la legalidad tendría consecuencias políticas reales. El caso saharaui expone con crudeza una paz selectiva, construida para algunos y negada a quienes siguen reclamando justicia.

El mundo no vive hoy una escasez de iniciativas de paz, sino una inflación de retóricas vacías. Consejos improvisados, foros paralelos y arquitecturas diplomáticas sin mandato se superponen mientras el derecho internacional es relegado a un papel secundario. Se invoca la paz, pero se evita cuidadosamente aquello que la haría efectiva: la aplicación de la ley y el respeto a los derechos de los pueblos.

La creación de nuevos mecanismos internacionales al margen de Naciones Unidas no es un accidente ni una excentricidad coyuntural. Es una tendencia deliberada. Cuando el multilateralismo obliga, se lo rodea; cuando el derecho incomoda, se lo neutraliza. El resultado es una gobernanza global cada vez más selectiva, donde la legalidad se aplica a conveniencia y se suspende cuando estorba.

El Sáhara Occidental es el ejemplo más claro de esta deriva. Su estatus jurídico no admite ambigüedades. Es un territorio pendiente de descolonización y su pueblo tiene derecho a la autodeterminación. No se trata de interpretaciones enfrentadas, sino de una obligación internacional reiteradamente incumplida. Todo lo demás son maniobras políticas destinadas a ganar tiempo.

La ocupación marroquí se mantiene no porque no existan alternativas, sino porque resulta funcional. Funcional para quienes priorizan la estabilidad aparente, el control migratorio, la cooperación militar o los intereses económicos por encima del derecho. Funcional para un sistema internacional que ha asumido que algunas ilegalidades son tolerables si no generan costes inmediatos.

Para sostener esta normalización, el lenguaje ha sido cuidadosamente vaciado de contenido. La ocupación se rebautiza como “diferendo”. La autodeterminación se diluye en “soluciones realistas”. El referéndum desaparece del vocabulario diplomático. Así, el conflicto no se resuelve: se neutraliza.

La reacción internacional ante otros conflictos demuestra que no se trata de impotencia, sino de voluntad. Cuando un escenario amenaza intereses estratégicos de primer orden, se activan sanciones, se despliegan misiones y se invoca el derecho con rapidez. El Sáhara Occidental queda fuera porque su injusticia no incomoda lo suficiente.

La Unión Europea encarna esta contradicción de forma paradigmática. Sus tribunales han sido claros al negar cualquier soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental y al exigir el consentimiento del pueblo saharaui para la explotación de sus recursos. Sin embargo, esa claridad jurídica convive con una práctica política marcada por la ambigüedad y la dilación. No es incoherencia: es una elección.

España, potencia administradora de iure, sigue ocupando una posición especialmente grave. En lugar de asumir sus responsabilidades, opta por fórmulas diplomáticas calculadas para evitar fricciones, contribuyendo así a la perpetuación del statu quo. No es neutralidad: es renuncia.

La ONU mantiene el expediente abierto, pero sin dotarlo de los instrumentos necesarios para proteger los derechos humanos ni para desbloquear el proceso de descolonización. MINURSO sigue siendo una misión mutilada, y esa anomalía se ha normalizado con el tiempo como si fuera inevitable.

El Sáhara Occidental no es un conflicto del pasado ni un asunto marginal. Es una acusación directa contra un sistema internacional que habla de paz mientras administra injusticias. Cada foro que lo ignora y cada declaración que lo esquiva refuerzan una verdad incómoda: hay una paz para algunos y un derecho que se niega a otros.

Mientras esa lógica prevalezca, no habrá solución justa, sino una gestión prolongada del abuso. Y mientras el Sáhara Occidental siga siendo tratado como un expediente secundario, cualquier discurso sobre estabilidad global seguirá careciendo de credibilidad.

REDACCIÓN – NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL


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