TEMA DEL DÍA | Cuando se habla del Polisario para no hablar de la ocupación del Sáhara Occidental

Durante décadas, Marruecos ha intentado desplazar el centro del debate sobre el Sáhara Occidental. La cuestión principal nunca ha sido el Frente Polisario. Tampoco Argelia. Ni siquiera los distintos episodios militares que se han producido a lo largo de cincuenta años de conflicto. La cuestión fundamental sigue siendo la misma que en 1975: la ocupación de un territorio pendiente de descolonización y el derecho de su pueblo a decidir libremente su futuro.

Sin embargo, buena parte de la estrategia diplomática y mediática marroquí ha consistido precisamente en cambiar de tema. En lugar de hablar de la ocupación, se habla del Polisario. En lugar de debatir sobre las resoluciones de Naciones Unidas, se discute sobre los dirigentes saharauis. En lugar de preguntarse por qué nunca se celebró el referéndum prometido por la ONU, se intenta presentar el conflicto como un simple problema de seguridad o como una disputa regional entre Marruecos y Argelia.

No es una casualidad. El debate sobre la ocupación sitúa a Marruecos en una posición incómoda frente al derecho internacional. Las Naciones Unidas siguen considerando el Sáhara Occidental un territorio no autónomo pendiente de descolonización. Ningún organismo internacional reconoce la soberanía marroquí sobre el territorio. Tampoco el Tribunal Internacional de Justicia encontró en 1975 vínculos de soberanía que justificaran la anexión. Por eso resulta mucho más conveniente desplazar la atención hacia otros asuntos.

La consecuencia de esta estrategia es visible en numerosos debates públicos. A menudo se discute más sobre el Frente Polisario que sobre el propio pueblo saharaui. Más sobre los actores del conflicto que sobre sus causas. Más sobre las consecuencias que sobre el origen del problema. Y cuando eso ocurre, la ocupación desaparece del primer plano y con ella desaparece también la responsabilidad internacional de encontrar una solución basada en la legalidad.

La muerte reciente de Lahbib Mohamed Abdelaziz ha vuelto a mostrar este fenómeno. En lugar de abrir un debate sobre la guerra que continúa en el Sáhara Occidental, sobre el uso de drones o sobre la falta de avances en el proceso de descolonización, muchas conversaciones han derivado inmediatamente hacia el Frente Polisario. Como si la existencia o no del movimiento saharaui fuera el origen del problema y no la consecuencia de una descolonización inconclusa.

La realidad es mucho más sencilla. El Frente Polisario existe porque existe una cuestión saharaui sin resolver. Existe porque el pueblo saharaui nunca pudo ejercer plenamente el derecho de autodeterminación reconocido por Naciones Unidas. Existe porque la ocupación continúa. Si mañana se celebrara una consulta libre y democrática aceptada por todas las partes, el debate internacional dejaría de girar alrededor del Polisario y volvería a centrarse en lo esencial: la voluntad del pueblo saharaui.

Por eso conviene no perder de vista la cuestión principal. Se puede estar de acuerdo o no con las decisiones del Frente Polisario. Se pueden analizar sus estrategias políticas o militares. Pero ninguna de esas discusiones responde a la pregunta fundamental que sigue pendiente desde hace medio siglo: ¿por qué el pueblo saharaui sigue siendo uno de los pocos pueblos del mundo que no ha podido culminar su proceso de descolonización?

Mientras esa pregunta continúe sin respuesta, el verdadero debate seguirá siendo la ocupación del Sáhara Occidental y no los intentos de desviar la atención hacia cuestiones secundarias.