
El Frente Polisario, el Parlamento Saharaui, la Asamblea de Portugal y organizaciones de derechos humanos reclaman una intervención inmediata mientras continúa la alarma por la pérdida de contacto con su familia.
La huelga de hambre indefinida de Naâma Asfari, iniciada el pasado 8 de junio en la prisión marroquí de Kenitra, ha dejado de ser únicamente una protesta individual para convertirse en una movilización política, jurídica y humanitaria de alcance internacional. Después de más de cuarenta días, el deterioro de su salud y la ausencia de la llamada semanal que esperaba su familia han elevado el temor por su vida.
El Frente Polisario ha pedido al Comité Internacional de la Cruz Roja una «intervención humanitaria inmediata», incluida una misión médica independiente en la cárcel, el restablecimiento de las visitas familiares y una mayor supervisión de las condiciones que sufren los presos políticos saharauis. La organización recuerda que las decisiones del Comité contra la Tortura y del Grupo de Trabajo de Naciones Unidas sobre la Detención Arbitraria siguen sin ser aplicadas por Marruecos.
El Parlamento Saharaui ha reclamado también una actuación urgente de la Unión Africana, a través del Parlamento Panafricano, advirtiendo de que cualquier retraso puede costar vidas en las cárceles marroquíes. A esta presión se han sumado la Asamblea de la República de Portugal, que exige asistencia médica independiente y la liberación de Asfari, y el Frente Revolucionario de Timor Oriental, FRETILIN, que ha pedido igualmente su puesta en libertad inmediata.
Organizaciones como Front Line Defenders, la Federación Internacional por los Derechos Humanos y la Organización Mundial Contra la Tortura han denunciado además las condiciones de detención, la falta de atención médica y el incumplimiento de los pronunciamientos de Naciones Unidas. Las distintas iniciativas coinciden en una exigencia central: comprobar de manera independiente su estado, restablecer el contacto con su familia y evitar que la protesta termine en una tragedia irreversible.
La importancia de esta huelga trasciende el caso individual de Naâma Asfari. Su protesta vuelve a situar ante la comunidad internacional la situación del grupo de Gdeim Izik, las denuncias de tortura, los traslados a prisiones alejadas del Sáhara Occidental y el trato dispensado a los presos políticos saharauis. También Mohamed Lamin Haddi continúa en huelga de hambre, dentro de una creciente ola de protestas penitenciarias contra el aislamiento, los malos tratos y la negación de derechos fundamentales.
Cada nuevo apoyo amplía la presión sobre Marruecos, pero las declaraciones ya no son suficientes. La prioridad es conocer el estado real de Naâma Asfari, garantizar su vida y hacer cumplir las decisiones internacionales que reclaman su liberación.
Fuente: Sahara Press Service