La República Saharaui reafirma su papel como Estado miembro activo de la Unión Africana en pleno conflicto del Sáhara Occidental

La RASD presentó en Banjul su informe ante la Comisión Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos, reforzando su presencia institucional africana en un momento de fuerte bloqueo diplomático internacional alrededor del conflicto saharaui.

PLATAFORMA «NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL»

Mientras parte de la diplomacia internacional continúa intentando presentar el conflicto del Sáhara Occidental como una cuestión políticamente amortizada o reducida a una disputa regional gestionada desde Rabat, la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) volvió esta semana a reafirmar públicamente una realidad que suele quedar fuera de muchos relatos occidentales: la República Saharaui sigue actuando como Estado miembro reconocido dentro de la Unión Africana.

La RASD presentó en Banjul, capital de Gambia, su informe periódico ante la Comisión Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos durante la 87ª sesión ordinaria del organismo continental africano. La delegación saharaui estuvo encabezada por el ministro de Exteriores, Mohamed Yeslem Beissat, acompañado por representantes institucionales y responsables vinculados a derechos humanos y cooperación internacional.

La comparecencia tuvo un evidente contenido político e institucional. No se trató únicamente de un ejercicio técnico relacionado con tratados africanos o informes administrativos. La presencia saharaui ante la Comisión Africana volvió a recordar que la República Saharaui continúa integrada en las estructuras políticas y jurídicas de la Unión Africana pese a la ocupación marroquí y pese al prolongado bloqueo internacional que rodea al proceso de descolonización del Sáhara Occidental.

Durante la sesión, la delegación saharaui presentó información relativa a justicia, salud pública, educación, participación política de las mujeres, protección social y situación humanitaria de los refugiados saharauis. También abordó cuestiones relacionadas con los derechos humanos en los territorios ocupados, las limitaciones impuestas a activistas saharauis y el impacto humanitario del muro militar marroquí y de las minas antipersona.

Uno de los aspectos más relevantes de la intervención saharaui fue precisamente la defensa de la continuidad institucional de la RASD incluso en condiciones de exilio y ocupación parcial del territorio. La República Saharaui quiso proyectar ante África la imagen de unas instituciones que siguen funcionando, desarrollando políticas públicas y manteniendo presencia diplomática y jurídica dentro del continente africano.

Ese contraste resulta especialmente significativo en el contexto internacional actual. Mientras numerosos gobiernos europeos evitan cualquier reconocimiento político explícito de la RASD para preservar sus relaciones estratégicas con Marruecos, la Unión Africana continúa considerando a la República Saharaui como uno de sus Estados miembros de pleno derecho.

La sesión celebrada en Banjul volvió a mostrar además otra dimensión poco visible fuera de África: la cuestión saharaui sigue siendo percibida en amplios sectores africanos como un proceso de descolonización todavía inconcluso y no simplemente como un conflicto territorial cerrado o resuelto.

La delegación saharaui insistió igualmente en las consecuencias humanitarias del conflicto, el deterioro de la financiación internacional destinada a los campamentos de refugiados y las dificultades derivadas de décadas de desplazamiento forzado. También subrayó el papel desempeñado por las mujeres saharauis dentro de sectores esenciales como salud, educación y administración pública.

Más allá del contenido técnico del informe, la comparecencia de la República Saharaui ante la Comisión Africana vuelve a tener una fuerte carga simbólica y política. En un momento en que Marruecos intenta consolidar internacionalmente la imagen de un Sáhara Occidental definitivamente integrado bajo su control, la RASD sigue reapareciendo en instituciones africanas como actor político y estatal reconocido.

Y probablemente esa siga siendo una de las principales contradicciones diplomáticas del conflicto saharaui: mientras buena parte de Occidente opta por la ambigüedad o el silencio, África continúa manteniendo abierta la dimensión institucional y política de la República Saharaui dentro de sus propias estructuras continentales.